Para colmo, pasaba tanto tiempo con Eva que incluso éramos “amigas” a los ojos de los demás.
Entrenábamos juntas, compartíamos consejos de belleza, a veces charlábamos de algún tema en particular. También nos tomábamos muchas fotos juntas con las demás animadoras y las subíamos a las redes sociales.
Aunque no me terminaba de agradar, supongo que es por el hecho de que era la dueña de tu corazón.
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Me acostumbré a llorar a solas en mi habitación porque no correspondías mis sentimientos.
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A pesar de la notoria atracción entre ambos, se volvieron novios meses después.
Cuando me dijiste la noticia, tuve que poner mi sonrisa más hipócrita, aunque en realidad quería agarrarla de las greñas y llevármela arrastrando.
“¡Me alegro por ustedes! Hacen una linda pareja”.
Eva pareció notar mi falsedad, pues me miró de mala manera, como si quisiera golpearme, pero en seguida puso otra sonrisa hipócrita.
“¡Gracias, Ximena!”.
Y lo acepté. Acepté que no sólo me había arrebatado a mi mejor amigo sino también al chico del cual estaba enamorada desde siempre.
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La odiaba.
En realidad no era tan mala, pero me cabreaba el hecho de haber estado siempre para ti y que ella llegara en un rato y te arrebatara de mi vida.
Una tarde en que la capitana de las porristas me regañó por no hacer bien los ejercicios, Eva se quedó practicando conmigo.
Ariana no pudo quedarse, así que ella se ofreció a ayudarme durante una hora a pesar de que no tenía necesidad, pues lo hacía todo perfecto.
En un momento en que di mal una voltereta, caí. Ella me miró con preocupación y me tendió una mano.
Me levanté y empecé a reír y ella, al ver que no me había pasado nada malo, rio conmigo.
Admito que la pasé bien a su lado, pero llegaste tú y me recordaste por qué la detestaba cuando la besaste justo enfrente de mí.
Se despidieron, dejándome sola y con una sensación de vacío en el estómago.
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Eva, a pesar de que llevaba su propia comida, solía tomar de tu almuerzo en el receso. A veces cuando probaba algo, te indicaba que mejor hubieras llevado otra cosa.
Pronto memorizaste sus gustos; llevabas sus platillos preferidos para que comiera.
Me molestaba ver cómo cumplías cada uno de sus caprichos.
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Una noche, uno de tus compañeros del equipo de basquetbol hizo una fiesta y nos invitó.
Ariana fue con Erick. Ellos también comenzaron a salir y no fue sorpresa para nadie porque era obvio que se gustaban. Él tampoco me daba confianza, tenía la impresión de que en realidad no quería a mi amiga, sin embargo no quise comentárselo, pues no quería que pensara que era una egoísta que no quería verla feliz.
Tú fuiste con tu novia y me dolió ver cómo la mirabas.
Para ti ella era un hermoso tesoro, así como tú lo eras para mí.
En un momento la besaste con suavidad y no aguanté, así que tomé una botella de vodka y me la empiné con rapidez.
Quería olvidarte pero no sabía cómo, así que cometí la estupidez de recurrir al alcohol.
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No supe ni cómo pero me terminé besando con Enrique, uno de tus mejores amigos y compañero del equipo de basquetbol.
Lo besé como si mi vida dependiera de eso.
De seguro ni siquiera te diste cuenta, pero fue un beso ardiente, apasionado. Dejé que metiera su lengua en mi boca y le correspondí con la misma intensidad.
Después bajó hasta mi cuello.
Todo estaba bien… hasta que pronuncié tu nombre.
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Me miró de mala manera y me alejó de él.
No lo culpo, fui una estúpida.
El siguiente lunes me disculpé con él.
“No hay problema” me sonrió, “pero no me parece muy sano que pienses en un chico que ama a alguien más”.
Por supuesto que no era sano, eso ya lo sabía pero aun así no podía evitarlo.
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Una vez fuimos al cine en grupo saliendo de la escuela. Tenían el aire acondicionado muy fuerte y tu novia comenzó a temblar de frío, así que le diste tu chaqueta.
Yo también tenía frío, así que sentí como si me hubieras clavado un puñal al ver que preferías protegerla a ella.
Antes yo era tu prioridad, pero debía aceptar que ya no lo era.
Era obvio que le ibas a dar tu chamarra a Eva.
En un momento Enrique me puso su chaqueta encima. Le sonreí y agradecí con sinceridad.
Al menos alguien se preocupaba un poco por mí.
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Después de ese día, procuraba no salir tanto en grupo, inventaba excusas para no ir, para no verte con ella.