Al siguiente día, decidí charlar contigo. Necesitaba decirte la verdad. Guardé tanto tiempo mis sentimientos que necesitaba sacarlos, o si no iba a explotar.
Llegaste tarde en la primera hora y no pude hablar contigo.
En el receso te sentaste con Eva. En un momento le diste un beso y sentí una mezcla de tristeza y celos.
A la salida decidí enfrentarte.
***
Al ver que me acercaba a ti, pusiste una expresión alegre. De seguro creías que ya te había perdonado y que todo iba a ser como antes.
Ingenuo.
Me saludaste con mucho entusiasmo pero yo no tenía el mismo ánimo por verte.
Te diste cuenta de que algo no iba bien, pues en seguida me preguntaste qué tenía.
Estaba enferma de amor por ti, idiota.
Te invité a un café pero dijiste que tenías planes con Eva, que podíamos ir el día siguiente.
Pero no lo permití, por primera vez te hice escoger.
***
La mayor probabilidad era que la eligieras a ella pero tuve que arriesgarme.
“No, quiero hablar contigo hoy. Es importante”.
“¿Qué pasa? ¿Está todo bien?”.
“No, no lo está”.
***
Me miraste con inquietud.
“Está bien, sólo le avisaré a Eva”.
Al menos esa vez me diste una prioridad, aunque fue momentánea.
“¿Avisarme qué?” escuchamos la voz de tu noviecita.
***
Le dijiste que tenía un problema y que debía hablar contigo urgentemente, pero que no querías que se molestara por no ir con ella.
Eva me miró con fijeza. Después te vio a ti. Noté desconfianza en su expresión. Claro, ella ya sospechaba de mis sentimientos hacia ti.
Tú estabas entre la espada y la pared, sin embargo no me retracté en mi decisión. Si eras tan buen amigo como te jactabas, ibas a ir conmigo.
Pero no decidías, no deseabas hacerlo, querías que una de nosotras cediera.
Solo que esa vez yo no lo iba a hacer, no más.
***
Finalmente, Eva suspiró.
“Ve con ella”.
Admito que oír eso me sorprendió tanto como a ti.
Le preguntaste si no había problema.
“Dice que es urgente, le daré el beneficio de la duda” me miró con atención; yo desvié la mirada. Después agregó: “Y quiero que sepas que, aunque te digan ciertas cosas, te quiero. Nunca dejé de hacerlo”.
Tú le sonreíste y besaste su frente.
Tal vez sí te quería un poco.
***
Después de que te despediste de tu novia, fuimos a un café que estaba cerca de la escuela. Tú pediste un lechero y yo un batido de fresa, debes saber que esos son mis favoritos desde pequeña.
Me preguntaste qué estaba pasando, si era algo muy grave, cómo podías ayudarme.
No podías hacerlo aunque quisieras, después de todo uno no escoge de quién se enamora.
Tomé aire y me armé de valor para decir las siguientes palabras:
“Víctor, yo te quiero”.
Tú me miraste sin entender.
“Sí, yo también te quiero”.
“No de la misma forma que yo…”. Me sentía tan apenada que bajé la mirada, no podía verte a la cara.
Te quedaste en silencio unos segundos.
“Oh… Vaya. Ximena, sabes que estoy con Eva…”.
Ya lo sabía, estúpido.
Te dije que no estaba segura si Eva te amaba tanto como tú a ella. Comenté la opción de que tal vez seguía fingiendo.
“Ahora ya no finge, no tiene por qué”.
“Mmm, puede que tengas razón… El punto es que ya no quiero ser tu amiga”.
***
Víctor, hubieras visto la expresión que pusiste al escucharme. Te quedaste aturdido.
“¿Pero… por qué? Sé que puede ser difícil, pero hemos sido amigos mucho tiempo, podemos resolver estos obstáculos, Ximena, vamos. Vamos, Ximena, no hagas esto…”.
Tú siempre tan optimista. Sin embargo, yo aprendí a ser realista.
“No podemos. Tú siempre vas a preferir a Eva antes que a mí, y no puedo soportarlo”.
Me sentí un poco mal al ver tu expresión dolida.
“No prefiero a nadie antes que a nadie. Es diferente, ella es mi novia, pero tú eres mi mejor amiga, has sido un gran apoyo para mí. No voy a elegir, Ximena”.
No te reclamé pero ya lo habías hecho, en el proyecto de física, cuando me apartaste sin pensarlo ni un segundo. No obstante me eché la responsabilidad.
“No tienes que hacerlo, ya lo hice por ti”.
***
Me levanté del asiento y te dejé dinero en la mesa para pagar el batido. El apetito se me había ido, ya no quería nada, ni mucho menos seguir cerca de ti.