Me dejé guiar por Ariana sin preguntarle a dónde íbamos. Nos dirigió con Erick y su amiga y preguntó si podíamos ir con ellos al hospital. Él aceptó.
Nos subimos a su auto en la parte trasera. Yo no podía contener mi llanto y eso parecía exasperar a Erick. ¡Que se jodiera! Estaba preocupada por ti, ¿cómo quería que actuara?
***
Al llegar al hospital, tu familia ya se encontraba ahí. En otra ocasión nos habrían saludado con animosidad pero ese no era el momento.
Después de un breve saludo, preguntamos por ti. Seguías en revisión. Ariana y yo intercambiamos algunas palabras con tus padres, pero yo no estaba concentrada, necesitaba saber cómo te encontrabas.
Media hora después salió una enfermera diciendo que estabas bien, pero que faltaban algunos estudios. Tus padres entraron al consultorio y yo me quedé preocupada.
Ariana, como siempre, estuvo a mi lado para animarme. No me acerqué a las gemelas porque estaba segura de que me echaría a llorar en cualquier momento, no quería alterarlas. Estoy segura que ellas no se aproximaron a mí por el mismo motivo, querían aparentar estar tranquilas, en especial Lila, pero estaban más preocupadas que nunca.
Minutos después salieron tus padres del consultorio y en seguida saliste tú. Todos nos pusimos felices de verte. Tus hermanitas corrieron a abrazarte. Después de consolarlas, te dirigiste a Eva y la abrazaste.
Confesaron su amor mutuamente y ella recordó una canción que le habías dedicado.
Yo volteé hacia Ariana y le pedí que irnos de ahí; ella no quería pero comprendió que me sentí fatal al escuchar sus palabras llenas de ternura. Así que, sin despedirnos de nadie, nos dirigimos a la salida.
El único que notó que nos íbamos fue Erick. Nuestras miradas se cruzaron por un momento pero desvié la mirada. Él no dijo nada y se lo agradecí internamente.
Ya había aceptado que la amabas, pero todavía me dolía ver cómo le ofrecías el amor del que en un tiempo creí ser merecedora.
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El domingo recibimos una llamada de tu madre donde nos comentó que todo había salido bien en los estudios. En verdad me puse feliz al oír eso.
Tu mamá me dijo si tenía alguna forma de comunicarme con Eva y le dije que no. Me explicó que habían intentado llamarle pero que su teléfono mandaba a buzón. Al final me pidió que le avisara al día siguiente que todo estaba bien y acepté.
Eva no tenía ninguna noticia de ti. Me pregunté por qué no iba a tu casa pero ella era una persona reservada y de modales exagerados, de seguro que, con lo estirada que se mostraba, no le parecía correcto llegar el domingo a una casa sin ser invitada.
A veces era muy extraña pero así la amabas, ¿cierto?
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El día siguiente llegué tarde a la escuela. Lo primero que hice fue echarle una ojeada a tu asiento y noté que no habías acudido a clases. Típico. Después miré a Eva. Se veía fatal, preocupada, ojerosa… triste.
Y por primera vez comprendí que la mayoría de las veces la novia de tu crush no es una bruja malvada o una arpía, sino que simple y sencillamente es una chica normal, con preocupaciones, temores y problemas.
Eva no era una villana, era una chica con problemas que yo no conocía. Tal vez tú y Ariana tenían razón y ella actuó de esa manera por algún motivo. No lo sabía pero, al verla de esa manera, me di cuenta de que te amaba tanto como tú a ella.
No pude decirle nada porque el profesor estaba dando la clase, así que me senté en mi banco con el pensamiento de contarle las buenas noticias en el receso.
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En la tercera hora, Eva no aguantó y pidió permiso para salir del salón. Adiviné sus intenciones, así que aproximadamente un minuto después salí del aula con la excusa de ir al baño.
La busqué por los pasillos hasta que la encontré junto con su hermano cerca del portón de la escuela. La llamé y se acercó a mí con rapidez.
Le dije que estabas bien, en tu casa, y que no habías ido a clases porque no habías querido. Me reclamó diciendo por qué no le dije antes y respondí que había llegado tarde. Dah.
Antes de irme, ella me detuvo y me preguntó desde cuándo tú y yo éramos amigos.
“Nuestros padres son amigos desde antes que naciéramos, así que desde que estábamos en pañales… Toda la vida, se podría decir” fue mi respuesta.
Ella me sugirió que debía reconsiderar ser tu amiga de nuevo, y me dijo que el sábado, después de que nos fuimos del hospital, estuviste preguntando por mí y por Ariana y que, cuando Erick te comentó que nos habíamos ido, te pusiste triste.
Me sentí culpable.
“Sé que lo quieres más que un amigo, siempre lo supe. Pero no sería justo que una amistad de años terminara porque no correspondió tus sentimientos de otra forma. Él te quiere y lo sabes, puede que de manera diferente a la que esperabas, pero aun así lo hace. Y uno no sabe qué tiempo va a tener a las personas que quiere, así que hay que aprovecharlas”.
Eva tenía razón. Sonreí y mis ojos se llenaron de lágrimas que limpié con velocidad.
“Tienes razón. Hablaré con él”.