Qué acto más rebelde el de amarte.
Qué clase de caos tenemos que crear
para que lo nuestro no termine
en malentendidos y cansancio.
Yo me abrazo a tu pecho
como si ahí pudiera quedarme.
Tú me abrazas
y solo encuentras distancia.
Y aun así,
¿cómo podría culparte?
En ti no hay nada mal hecho.
Eres ese faro que me guía al puerto,
y al mismo tiempo
un desastre hecho carne y hueso.
Déjame habitar tus pensamientos,
quedarme en tu cabeza
como un niño travieso.
Pero no te despidas de mí,
porque en cada adiós
algo dentro se me rompe.
Mezclemos nuestros cuerpos,
aunque algo se derrame en el intento.
Al final,
el mundo también está hecho
de errores y comienzos.
¿Y qué importa lo que diga el resto,
si quienes entienden este viaje
ya están mar adentro?
Entonces, amor,
sigamos siendo esto:
dos desastres
intentando encajar
en un mundo que no sabe
qué hacer con nosotros.