Cartas desde la tormenta

Inventario de una caída invisible

No sé si esto cuenta como un día o solo como otra repetición de lo mismo.
El techo sigue roto.
Lo miro tanto que a veces pienso que soy yo el que está ahí arriba, agrietándose en silencio.
La pintura cae sin prisa.
Como cae todo lo que se supone que debería sostenernos.
Hoy volvieron a hablarme de moral.
La dijeron con una seguridad que solo tienen quienes nunca han tenido que decidir entre el hambre y la dignidad.
No respondí.
No porque no tuviera qué decir,
sino porque hay palabras que no sobreviven dentro de una boca vacía.
El orgullo también se vacía.
Es de lo primero que se pierde.
Y el cuerpo…
el cuerpo deja de ser solo cuerpo.
Se vuelve frontera.
Una línea donde la necesidad cruza sin pedir permiso, sin explicación, sin culpa.
No han visto lo que yo he visto.
No han sentido cómo se rompe una convicción cuando el estómago insiste más que cualquier idea de lo correcto.
Dijeron “decencia”.
Como si fuera algo que se pudiera guardar intacto dentro de una casa sin comida.
Pero yo he visto otra cosa.
He visto a la más digna inclinarse.
No por derrota.
No por costumbre.
Por amor.
Por algo más grande que el orgullo.
Más pesado que la vergüenza.
He visto manos temblar mientras sostienen lo único que importa cuando todo lo demás se ha ido.
Y entonces ya no supe si eso era caída o resistencia.
Solo supe que era vida.
Hoy también recordé algo que me persigue:
labios que alguna vez dijeron amor
besando ahora lo que el mundo llama inmoral.
Pero el mundo no sabe mirar el hambre sin disfrazarla de pecado.
No sabe ver la necesidad sin convertirla en culpa.
Es más fácil condenar que entender.
Más fácil señalar que sostener.
Me preguntan cómo puedo seguir mirando lo que hago.
Pero nadie pregunta qué se siente no tener otra cosa que hacer.
Aquí dentro, la pobreza no es una vergüenza.
Es un estado.
Una forma de existir que nadie elige, pero muchos juzgan.
La vergüenza no está en caer.
Está en exigir que alguien caiga bonito.
Que tenga dignidad mientras desaparece.
Cierro esto sin saber si mañana será distinto.
El techo sigue roto.
Yo también.
Pero sigo aquí.



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En el texto hay: algo sencillo...

Editado: 14.05.2026

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