Cartas desde la tormenta

Lo que no sabe irse

No estás lejos.
Estás dentro.
Como una raíz que no pidió permiso
y aprendió el camino de la sangre.
Te reconozco en todo lo que se repite sin querer.
En lo que no termina de irse.
En lo que insiste.
A veces pienso que ya no recuerdo:
solo te pronuncio por dentro.
Sin voz.
Sin salida.
Hay recuerdos que no son recuerdos.
Son cuerpos que siguen ocurriendo.
Pequeños fragmentos de tiempo
que no aceptaron el final.
No sé si eras luz o herida.
Solo sé que permaneces.
Y eso basta para que todo lo demás pierda forma.
He intentado vaciarme de ti.
Como si el olvido fuera un gesto simple.
Como si pudiera abrir la piel
y dejarte caer.
Pero no caes.
No sabes caer.
No sabes irte.
Te quedas en lo mínimo:
en el pulso,
en la pausa,
en lo que tiembla sin razón.
Hay días en los que te confundo con mi pensamiento.
Otros en los que ya no distingo
dónde termino yo
y dónde empiezas tú.
El amor, si fue amor,
no terminó.
Solo cambió de lugar.
Y ahora habita donde no puedo nombrarlo sin romperme.
No eres memoria.
Eres permanencia.
Algo que no se despide.
Algo que no entiende el final.
Y yo sigo aquí,
aprendiendo a vivir
dentro de lo que no se va.



#1842 en Otros
#364 en Relatos cortos
#71 en No ficción

En el texto hay: algo sencillo...

Editado: 14.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.