Cartas desde la tormenta

Galaxias dentro del pecho

Mientras más avanza el tiempo,
más comprendo que no quiero a alguien
solo para llenar silencios pasajeros
o para apagar la soledad por una noche.
No quiero un amor tibio,
de esos que duran lo mismo que una madrugada
y desaparecen cuando llega la mañana.
No quiero abrazos vacíos
ni palabras dichas únicamente para evitar el eco del vacío.
Quiero algo que haga estremecer mi vida entera.
Mi pasado.
Mi futuro.
Mis recuerdos más dulces
y mis heridas más profundas.
Quiero una presencia capaz de sacudir cada rincón de mi existencia,
como si el universo entero cambiara de forma
solo porque alguien llegó.
Quiero sentir galaxias explotando dentro de mi pecho,
constelaciones enteras naciendo bajo mi piel.
Quiero que la cercanía de alguien
sea una combustión lenta y hermosa,
una luz encendiéndose en lugares
que creía apagados para siempre.
Quiero a alguien que despierte partes de mí
que aún no conozco,
que me haga descubrir emociones nuevas
como quien encuentra océanos ocultos
dentro de su propia alma.
Y no, no quiero que sea especial para presumirlo al mundo
ni para llenar espacios vacíos en fotografías o recuerdos.
Lo quiero especial porque he entendido
que el tiempo es demasiado sagrado
como para entregarlo a lo superficial.
No quiero desperdiciar mi vida
en emociones a medias,
en amores cómodos,
en vínculos que nacen solo por miedo a estar solos.
Porque sí…
a veces lo intento.
Intento convencerme de que cualquier compañía basta,
de que un poco de calor momentáneo puede reemplazar la profundidad.
Pero al final siempre descubro lo mismo:
mi alma desea algo más.
Deseo un amor que deje huella.
Uno que transforme.
Uno que llegue para demostrarme
que cada despedida anterior tenía sentido,
que cada rechazo, cada pérdida y cada vacío
solo estaban preparándome para algo real.
Y mientras escribo esto,
comprendo algo todavía más profundo:
no se trata únicamente de encontrar a otra persona.
También se trata de aprender a mirarme a mí misma,
de reconocer que merezco esa intensidad,
ese amor que incendie mis miedos
y abrace mis cicatrices.
Merezco una chispa capaz de hacerme sentir viva,
completa
y, al mismo tiempo, inmensamente vulnerable.
Porque quizás el verdadero amor comienza ahí:
en el instante exacto
en el que dejamos de conformarnos
con lo que apenas nos toca
y empezamos a buscar aquello
que realmente nos transforma.



#1842 en Otros
#364 en Relatos cortos
#71 en No ficción

En el texto hay: algo sencillo...

Editado: 14.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.