25-09-2025
Borussia Dortmund.
No sé por qué estoy escribiendo esto.
Supongo que porque hace unos días un amigo me preguntó si creía en el amor a primera vista y, por unos segundos, no supe qué responderle.
Pero después pensé en ti.
Y entonces entendí que sí existe.
Porque tú eres la prueba de que existe.
Todavía recuerdo la primera vez que te vi. Estabas en aquel supermercado, completamente distraída, intentando alcanzar una caja de cereales que estaba demasiado alta para ti.
Me acuerdo de todo.
De tu piel canela, de tus ojos cafés claros, de tu cabello castaño y de esa pequeña estatura tuya que siempre me hacía sonreír.
Eras tan tú.
Yo simplemente me acerqué y bajé la caja del estante.
Nada especial.
Ni siquiera intercambiamos muchas palabras.
Pero mientras caminaba hacia ti sentía que el corazón se me iba a salir del pecho.
Qué ridículo, ¿no?
Un simple gesto.
Una caja de cereales.
Y terminó siendo el comienzo de algo que jamás imaginé que iba a cambiarme tanto la vida.
Conforme nos fuimos conociendo, me fui enamorando de ti cada vez más.
Y no tienes idea de cuánto.
Me enamoré de esa forma tan tuya de ver el mundo. De cómo podías hacerme olvidar todo lo que tenía alrededor. De cómo, cuando estaba contigo, dejaba de ser el chico que todos conocían.
Contigo solamente era Jobe.
Y eso me hacía sentir especial.
Tú ni siquiera sabías mucho de fútbol y, sinceramente, creo que eso fue una de las cosas que más me gustaron de ti.
Nunca te acercaste por lo que yo era.
Nunca te importó mi apellido, ni el dinero, ni todo lo que había detrás de mí.
Tú solamente veías a un chico.
A mí.
Y por primera vez sentí que alguien me quería sin esperar nada a cambio.
Siempre me preguntabas por qué me había fijado en ti.
Decías que eras una persona ordinaria.
Pero yo nunca vi nada ordinario en ti.
Nunca.
Tú me enseñaste que el amor podía ser algo bonito.
Algo sencillo.
Algo que no necesitaba lujos ni grandes cosas para sentirse especial.
Mi familia nunca aceptó realmente nuestra relación.
No es que se opusieran directamente o que me prohibieran estar contigo.
Pero tú lo sentías.
Yo sé que te hacían sentir incómoda.
Y aun así, nunca me dijiste nada.
Nunca quisiste ponerme en contra de ellos.
Siempre manejaste todo de una manera que todavía admiro.
Y quizá por eso te convertiste en mi refugio.
Porque contigo podía escapar de todo.
Y esa conexión que tuvimos desde el primer día… no sé si alguna vez desapareció.
Porque ahora ya no estamos juntos y, aun así, sigo sintiéndola.
Supongo que una parte de todo esto también es culpa mía.
Y eso es algo que probablemente nunca voy a poder perdonarme.
Hubo un momento en el que me necesitaste y yo no estuve contigo.
Tú sí estuviste para mí.
Incluso cuando yo estaba pasando por mi peor momento.
Nunca me dejaste solo.
Y yo, en cambio, fui un cobarde.
Me enfoqué demasiado en mí.
En mis problemas.
En mi vida.
En todo lo que estaba pasando a mi alrededor.
Y fui egoísta.
Quizá si hubiera estado ahí para ti…
Quizá si hubiera insistido un poco más…
Quizá si hubiera luchado por nosotros…
Todavía estaríamos juntos.
Pero el hubiera no existe.
Y eso es lo que más duele.
Porque ahora puedo pensar en mil cosas que pude haber hecho diferente, pero ninguna de ellas puede cambiar lo que pasó.
Si pudieras verme ahora…
No sé qué pensarías.
Me haces demasiada falta, mi bella Louise.
He cambiado.
Me aislé demasiado.
Ya casi no hablo con nadie.
Mi familia incluso dice que estoy más distante.
Y cuando juego, ya no siento la misma energía de antes.
Hay días en los que estoy en el campo y mi cabeza simplemente está en otro lugar.
Contigo.
Pienso en cómo sería todo si aquel día no hubiera dejado que mi orgullo ganara.
Quizá ahora estarías aquí.
A mi lado.
Viendo una película conmigo.
O caminando por el parque, como dos adolescentes enamorados sin preocuparnos por nada.
Sé que probablemente estás mejor sin mí.
Y quizá eso debería hacerme sentir tranquilo.
Pero no puedo mentir.
Yo no he podido seguir adelante.
Mi cabeza todavía intenta entender que ya no estás conmigo.
Y mi corazón…
Mi corazón todavía no lo acepta.
Te necesito.
Más de lo que debería.
Más de lo que quiero admitir.
A veces entro a nuestro chat.
Veo que estás en línea.
Y por unos segundos pienso en escribirte.
Mis dedos incluso llegan a acercarse al teclado.
Pero siempre aparece el mismo miedo.
¿Y si me bloqueaste?
¿Y si ya no quieres saber nada de mí?
¿Y si mi mensaje solamente consigue hacerte daño?
Entonces cierro el chat.
Y vuelvo a quedarme con todas estas palabras que nunca te digo.
Quizá ya sea demasiado tarde para intentarlo otra vez.
O quizá no.
No lo sé.
Pero el miedo siempre está ahí.
Y aunque me cueste reconocerlo, no creo poder sacarte de mi cabeza, de mi corazón ni de mi alma.
Porque yo ya no me imagino con alguien más.
Yo quería una vida contigo.
Una vida sencilla.
Una vida en la que pudiéramos despertar juntos, discutir por tonterías, salir a caminar, ver películas y simplemente estar juntos.
Y ahora esa vida parece algo que solamente existirá en mi imaginación.
Y sé que eso me va a doler durante mucho tiempo.
Quizá durante toda mi vida.
No sé si algún día volverás.
No sé si algún día volveremos a ser nosotros.
Pero si alguna vez te veo, aunque sea a la distancia…
Creo que me conformaría con eso.
Con saber que estás bien.
Aunque ya no seas mía.