14-10-2025
Madrid.
Hoy volví a escribirte.
Últimamente parece que esto se está convirtiendo en una costumbre.
No sé si debería preocuparme por eso.
Supongo que escribirte es más fácil que hablar de ti.
Cuando escribo puedo decir todo lo que quiero sin tener que preocuparme por tu respuesta.
Aunque, siendo sincero, creo que una parte de mí todavía espera que algún día respondas.
Hoy tuve un día bastante normal.
Entrenamiento, trabajo, gente alrededor...
Nada fuera de lo común.
Pero hubo un momento en el que volví a pensar en ti.
Estaba saliendo del entrenamiento cuando vi a una pareja caminando de la mano.
No sé por qué me quedé mirándolos.
Quizá porque por un segundo imaginé que eras tú quien caminaba a mi lado.
Y entonces recordé nuestras caminatas.
¿Te acuerdas?
Siempre decías que no necesitábamos ningún lugar especial para pasarla bien.
Que mientras estuviéramos juntos, cualquier sitio servía.
Creo que en ese momento no entendía lo importante que eran esas pequeñas cosas.
Ahora daría mucho por volver a tener una tarde cualquiera contigo.
Sin preocupaciones.
Sin discusiones.
Sin pensar en lo que podría pasar después.
Solo tú y yo.
A veces creo que eso es lo que más extraño.
No extraño solamente los momentos grandes.
Extraño lo cotidiano.
Tus mensajes.
Tus llamadas.
La forma en la que me preguntabas si ya había comido.
Tus pequeñas manías que antes me parecían graciosas.
Incluso cuando te enojabas conmigo por cosas que ahora me parecen insignificantes.
Extraño todo.
Y eso es lo peor.
Porque no puedo elegir qué recuerdos conservar y cuáles olvidar.
Todos aparecen cuando menos los necesito.
Esta noche volví a entrar a nuestro chat.
No sé por qué sigo haciéndolo.
Nuestra última conversación sigue ahí.
Las mismas palabras.
La misma fecha.
Como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento.
A veces pienso en escribirte.
Solo un "hola".
Algo sencillo.
Algo que no signifique demasiado.
Pero luego recuerdo que quizá tú ya no quieres saber nada de mí.
Y borro lo que había escrito antes de enviarlo.
Supongo que también tengo miedo.
Miedo de descubrir que para ti todo terminó hace mucho tiempo.
Porque mientras yo sigo aquí, recordándote, quizá tú ya aprendiste a vivir sin mí.
Y no sé qué haría con esa verdad.
Hoy también pensé en algo.
Quizá no estamos destinados a volver.
Quizá algunas personas llegan a nuestra vida para enseñarnos algo y después simplemente se van.
No quiero creerlo.
Pero cada día parece un poco más difícil seguir esperando.
Aun así...
No puedo evitarlo.
Todavía hay una pequeña parte de mí que espera.
No sé exactamente qué espera.
Tal vez un mensaje.
Tal vez un encuentro.
Tal vez una segunda oportunidad.
O simplemente una señal que me diga que todo aquello que vivimos significó lo mismo para los dos.
Sé que debería dejarte ir.
Sé que probablemente sería lo más sano.
Pero todavía no estoy preparado.
Quizá mañana lo esté.
Quizá en un mes.
Quizá en un año.
No lo sé.
Por ahora solo puedo seguir escribiendo.
Y guardando estas cartas donde nadie pueda encontrarlas.
Porque aunque nunca lleguen a tus manos...
Al menos aquí puedo seguir hablándote.
Buenas noches, Louise.
Te extraño.
Jobe.