Cartas Para Papá

Junio 2020: parte tres


 


Parte tres

La tan esperada cena llegó, ayer por la noche, se habló de todo lo que se realizaría antes, durante y después de la cena de compromiso.

Luego de eso me escabulli a mi habitación y no la abandone hasta esta mañana.

Luego de realizar mi rutina, me puse unos pantoles cortos, una blusa celeste suelta y unas zapatillas negras.

Al bajar las escaleras, vi a la abuela, la cual se quedó de pie mirandome de pies a cabeza.

—¿Puedes ponerte unos pantalones más largos? Estas casi desnuda, Elle.

—No son tan cortos, además hace demasiado calor ¿no querrás que muera de deshidratación, verdad? Pero ya que insistes, puedo ponerme unos de esos vestidos veraniegos.

Me mira, arregla su vestido y niega con la cabeza.

—Ok, entonces buenos días abuela —pase de ella y hice mi camino hacia la cocina.

Mientras caminaba la escuché hablar

—Me dará una jaqueca, necesito vacaciones ¡tus hijos acabaran conmigo! ¡espero que tu padre y tu estén felices de ver mi sufrimiento!

Luego se dirigió hacia la salida.

Mi mañana y casi todo el día, se trato de evitar a mi madre; luego del desayuno me escondí con Theo en nuestro escondite, en el tercer piso. Donde vimos películas, leí el libro que él tomó de mi habitación y pasé escuchandolo cantar.

Luego bajamos por que él tenía clases virtuales, así que me escabulli a la cocina, cuando vi a mamá llegar de su reunión con el parlamento.

Una vez en la cocina, tome un bote de helado de sabor; chocolate con café y me dispuse a comerlo.

—¿No es muy infantil, que se esconda de su madre? Además de ser algo, muy cruel.

Maria, esa señora llevaba años, muchos años en el palacio, era una mujer de respetar, amar y admirar.

—No me escondo, solo estoy devorando este rico helado que... —Se acerca y aleja el bote de helado de mis manos —¡oye!

—Se lo devuelvo, solo si promete hablar con su madre, antes de la cena de esta noche.

—Si hablo con ella, antes de la cena, lo más probable será que pida un vehículo hacia el aeropuerto y luego aborde un avión rumbo a Suecia. Para finalmente, no asistir a la cena.

Trato de tomar el helado, pero solo consigo que ella me golpee las manos.

—Ok, te prometo que hablare con mamá, cuando termine la cena ¿si? Lo prometo —levanto la mano derecha, ella la mira y luego me mira a mí.

—Sabes que un McNamara nunca rompe sus promesas ¿lo sabes verdad? —Asiento —bien.

Me entrega el bote, tomo la cuchara y llevo un bocado a mi boca.

—Por cierto ¿sabes quienes estarán en la cena?

Se sienta frente a mí —los padres de la señorita Rosella y algunos diplomáticos, como el embajador de Italia y el embajador de Francia.

Y se supone que era una cena de compromiso ¿no? Pero no había que perder la oportunidad, para hacer política.

—¿Por qué estará el embajador de Francia?

—Creo que se debe, a tu madre y sus futuros planes.

Dejó la cuchara a un lado —¿qué quieres decir con eso?

Ríe —la misma reacción tuvieron tus hermanos, por cierto Henry vendrá también, pero como siempre no dio hora de llegada.

Luego de eso, la tarde se pasó volando y tuve que subir a mi habitación para arreglarme y puedo jurar, que nunca, pero nunca había sentido tanta emoción, por ponerme un vestido.

Entre en mi habitación, cerré la puerta y corri hacia mi armario donde camine, hasta que estuve cerca del vestido. Abrí la bolsa donde se encontraba guardado y lo admire, es hermoso o más que hermoso, precioso.

La falda era negra y sobre esta, había una tela transparente roja que se ajustaba en mi cintura, era de escote de corazón, con unos pequeños lazos que se ajustarán en mis brazos. La parte de arriba era negra y creo que ese color era el que más sobresalía.

Me di una ducha, luego comencé a alistarme y ya que mi cabello esta creciendo más, decidí hacer una corona de trenzas, unilarlas al final y así llevarlo recogido. Me maquille más de lo normal, pero sin llegar a exagerar y por último me dispuse a ponerme el vestido.

Me mire en el espejo y no podía creer lo que miraba, parpadee dos veces y mis ojos brillaban.

Tome un suspiro y salí de mi habitación, para llegar a las gradas.

Baje, me sentía nerviosa, pero trataba de esconderlo no podían notarlo, aunque me preguntaba ¿que pasara si dejo que todas mis emociones salgan esta noche?

¿Qué pasará si no las controlo y las dejo salir?

Termine de bajar y camine hacia el comedor, uno de los guardias me aviso que solo yo faltaba. Al llegar al gran comedor, abrieron las puertas y entré.

Todas las miradas se posaron en mí, algunas de asombró e incredulidad, y otras de molestia, escondida en un pequeño disimulo.

Hice una reverencia, avance hasta mi asiento junto a Theo y cuando me senté, mi hermano menor tomó mi mano dándole un pequeño apretón.

—Bien ahora que ya estamos todos, bueno casi todos presentes, podemos empezar.

Comenzaron a servir la comida

—¿Quién falta? —Le pregunte a Theo en un susurro.

—El embajador de Francia y sus dos hijos, llamó para avisar que había un tráfico horrible. —En lunes por la noche, no era de sorprenderse —Por cierto, luces hermosa Elle.

Le sonreí y la cena dio inicio

                        ♤♤

Durante la cena, tuve el placer de conocer a los padres de Rosella; Emilia y Leandro Ferrara. Son muy amables, alegres y simpáticos, Rosella es hija única, así que es su adoración y esperan que Liam cuide de ella.

Toda la cena estuve esperando a que Henry apareciera, pero no llegaba.

El embajador Frances, llegó media hora después de haber empezado y junto con sus dos hijos, tomaron asiento en la mesa. Los dos chicos entablaron una conversación con Theo, mientras su padre, charlaba con mamá, el embajador de Italia y la abuela.




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