India
A la mañana siguiente, Marla despertó con una sensación extraña.
Antes incluso de levantarse, buscó su teléfono.
Tenía varias notificaciones.
Una de ellas era de la aplicación.
Sonrió.
Había recibido una respuesta.
Se sentó en la cama y abrió la carta.
India.
Marla se quedó unos segundos mirando el país que aparecía en la pantalla.
India.
Un lugar que siempre había despertado su curiosidad.
Había visto fotografías de sus ciudades, templos, calles llenas de personas, colores, comidas y paisajes.
Pero aquello era diferente.
Esta vez no estaba viendo un documental.
Estaba leyendo a una persona.
Una persona que le hablaba directamente a ella.
La carta comenzaba con una presentación sencilla.
Nombre.
Edad.
Algunos gustos.
Una pregunta sobre República Dominicana.
Marla sonrió.
—¿Qué quieres saber?
Comenzó a responder.
Le habló de su país.
De las playas.
De la música.
De la comida.
Del calor.
De lo diferente que podía sentirse la vida dependiendo del lugar donde nacieras.
También le contó que estudiaba turismo.
Cuando terminó, añadió:
"Siempre he pensado que viajar no significa solamente conocer lugares. También significa conocer personas."
Leyó la frase una vez.
Luego otra.
Le gustó.
La dejó.
Después envió la carta.
Aquella conversación le abrió una idea.
Quizá eso era precisamente lo que quería.
No solamente hablar.
Conocer.
Comprender.
Descubrir cómo veía el mundo alguien que había crecido en un lugar completamente diferente.
Durante los siguientes días, llegaron más cartas.
Pakistán.
Corea del Sur.
Nigeria.
Cada una tenía una personalidad diferente.
Algunas personas escribían muchísimo.
Otras apenas unas líneas.
Algunas hacían preguntas.
Otras simplemente contaban cómo había sido su día.
Marla comenzó a reconocer ciertas formas de escribir.
El entusiasmo de algunos.
La timidez de otros.
El humor inesperado.
Los mensajes llenos de emojis.
Las respuestas largas que parecían pequeñas novelas.
Y entonces comenzó a ocurrir algo.
Marla dejó de pensar en ellos como países.
Ya no decía:
"Tengo una carta de India."
Decía:
"Tengo una carta de él."
O:
"Tengo que responderle a ella."
Los países comenzaron a convertirse en personas.
Una tarde, mientras organizaba sus cartas, Marla escribió en una libreta:
India — curioso.
Pakistán — divertido.
Corea del Sur — reservado.
Nigeria — amable.
Uganda — interesante.
Se quedó mirando la página.
Le pareció absurdo.
Ni siquiera los conocía realmente.
Y, aun así, ya estaba intentando describir sus personalidades.
Cerró la libreta.
—Marla, te estás involucrando demasiado.
Se rio sola.
Pero no dejó de hacerlo.
Aquella noche recibió otra carta.
Esta vez desde Argentina.
La abrió.
Y sonrió antes de terminar la primera línea.
Había algo diferente en aquella persona.
Algo que todavía no sabía explicar.
No era que escribiera mejor.
No era que dijera cosas extraordinarias.
Era simplemente que sus palabras parecían llegarle de una manera distinta.
Marla terminó de leer.
Se quedó mirando la pantalla.
Y por primera vez desde que había comenzado aquel experimento, sintió algo que no esperaba sentir.
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, conocer el mundo sin salir de casa, amistades internacionales
Editado: 21.08.2026