Cartas que cruzaron el mundo

Capítulo 4

La carta que esperaba

Había algo que Marla no quería admitir.

Comenzaba a esperar ciertas cartas.

No todas.

Algunas las leía con cariño y respondía cuando podía.

Pero había personas cuyas notificaciones hacían que su corazón reaccionara de una manera diferente.

Una de ellas había comenzado a escribirle con frecuencia.

No hablaban de cosas extraordinarias.

Eso era precisamente lo extraño.

Hablaban de cualquier cosa.

De cómo había ido el día.

De música.

De películas.

De estudios.

De sueños.

De cosas absurdas que habían ocurrido durante la jornada.

De pequeñas preocupaciones.

De cosas que normalmente nadie consideraría importantes.

Pero con esa persona sí lo eran.

Una noche, Marla abrió la aplicación varias veces.

Nada.

Esperó.

Nada.

Volvió a mirar.

Nada.

—Seguro está ocupado —murmuró.

Dejó el teléfono.

Cinco minutos después volvió a tomarlo.

Nada.

Se rio de sí misma.

—Qué ridícula.

Intentó distraerse.

Puso música.

Abrió una novela.

Respondió otra carta.

Pero su mente regresaba al mismo lugar.

¿Por qué estaba esperando?

No tenía derecho a reclamar.

No eran pareja.

Ni siquiera se habían visto.

Eran dos personas que escribían cartas.

Nada más.

Entonces llegó una notificación.

Marla casi dejó caer el teléfono.

Nueva carta.

La abrió inmediatamente.

Y allí estaba.

Un mensaje sencillo.

Una explicación.

Una disculpa por haber tardado.

Una historia sobre su día.

Y al final, una pregunta:

"¿Cómo estuvo tu día?"

Marla se quedó mirando esas cinco palabras.

Era una pregunta sencilla.

Pero de repente sintió un nudo en la garganta.

Porque no sabía cuándo había ocurrido.

No sabía en qué momento había comenzado.

Pero aquella persona ya formaba parte de sus días.

Marla empezó a escribir.

"Mi día estuvo..."

Se detuvo.

Borró.

Volvió a escribir.

"La verdad, estaba esperando tu carta."

Su dedo quedó suspendido sobre el botón de enviar.

No.

Era demasiado evidente.

Borró la frase.

Escribió otra.

"Mi día estuvo bien. Me alegra que hayas escrito."

Envió.

Dejó el teléfono sobre la mesa.

Y respiró.

Había dicho menos de lo que sentía.

Muchísimo menos.

Pero quizá era mejor así.

Porque todavía no quería ponerle nombre a aquello.

No quería llamarlo cariño.

Mucho menos amor.

Era demasiado pronto.

Solo era una carta.

Solo eran palabras.

Solo era alguien al otro lado del mundo.

Marla miró por la ventana.

La noche dominicana estaba iluminada por pequeñas luces.

Pensó en todos los países que ahora formaban parte de su vida.

En todas las personas que había conocido.

En todas las historias que todavía no había escuchado.

Y entonces comprendió algo:

ella había entrado a aquella aplicación buscando conocer el mundo.

Pero el mundo había comenzado a devolverle algo mucho más inesperado.

Personas.

Personas con nombres.

Con sueños.

Con problemas.

Con corazones.

Personas que podían desaparecer cualquier día.

O quedarse durante años.

Marla tomó su libreta y escribió una frase:

"Nunca pensé que una carta pudiera hacerme esperar a alguien."

Cerró la libreta.

Sonrió.

Y por primera vez se permitió pensar en la posibilidad de que aquella historia quizá no fuera solamente sobre amistad.

Quizá algunas cartas llegaban para quedarse.

Y quizá...

una de ellas estaba a punto de cambiarlo todo.




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