—¿Lista para tu primer día? —preguntó Elena mientras le servía un vaso de jugo.
—Un poco nerviosa, pero sí.
Después del desayuno, salió de casa y caminó hasta la preparatoria. El edificio era grande y había muchos estudiantes entrando al mismo tiempo.
Al cruzar la entrada, una chica de cabello castaño se acercó con una sonrisa.
—Hola. ¿Eres nueva?
—Sí. Me llamo Sofía Navarro.
—Mucho gusto. Yo soy Valeria Cruz. Si quieres, puedo enseñarte la escuela.
—¡Gracias! Me ayudaría mucho.
Las dos comenzaron a recorrer los pasillos mientras Valeria le mostraba los salones, la cafetería, la biblioteca y las canchas.
Cuando sonó la campana, entraron al salón de clases. La directora, Claudia Herrera, llegó unos minutos después.
—Buenos días, grupo. Hoy tenemos una nueva compañera. Adelante, por favor.
Sofía pasó al frente.
—Hola. Soy Sofía Navarro. Espero llevarme bien con todos.
Los estudiantes la recibieron con un aplauso y la maestra le indicó un asiento libre cerca de la ventana.
Las clases comenzaron con normalidad.
Durante el receso, Valeria invitó a Sofía a caminar por el patio.
Mientras conversaban, un grupo de estudiantes pasó frente a ellas.
—Mira —dijo Valeria—. El de la chamarra azul es Daniel Rivas.
Sofía se quedó inmóvil.
—¿Daniel... Rivas?
Observó al joven. Era alto, tranquilo y caminaba junto a su mejor amigo, Mateo Salas, mientras hablaban de la tarea.
El nombre hizo que recordara de inmediato la caja que había encontrado en el ático.
—Es raro... —pensó—. ¿Será el mismo Daniel que aparece en las cartas?
—¿Lo conoces? —preguntó Valeria.
—No... Solo me llamó la atención su nombre.
Daniel levantó la vista por un instante y sus ojos se cruzaron con los de Sofía. Ambos apartaron la mirada casi de inmediato y continuaron su camino.
Sofía sintió una extraña curiosidad.
Aquella coincidencia parecía demasiado grande para ser casualidad.
Sin saberlo, ese encuentro sería el inicio de una historia que cambiaría la vida de los dos.
Continuará…