—¿Qué te pareció tu primer día? —preguntó.
—Me gustó. Todos han sido muy amables.
Ambas salieron del salón rumbo a la biblioteca, donde Sofía quería conocer el lugar.
Al entrar, el ambiente era tranquilo. Algunos estudiantes leían y otros estudiaban en silencio.
—Aquí vengo cuando necesito concentrarme —comentó Valeria.
Sofía comenzó a recorrer los estantes. Le encantaban los libros, así que no tardó en perderse entre las filas.
Mientras observaba una novela, alguien tomó el mismo libro desde el otro lado del estante.
Los dos soltaron el libro al mismo tiempo.
—Perdón —dijeron a la vez.
Sofía levantó la vista.
—¿Daniel?
Él sonrió con educación.
—Sí. Tú eres Sofía, ¿verdad? La compañera nueva.
—Así es.
—Puedes quedarte con el libro. Yo puedo buscar otro.
—No, está bien. Tú lo viste primero.
Daniel negó con una sonrisa.
—Insisto. Además, ya lo leí hace tiempo.
Sofía aceptó el libro.
—Gracias.
En ese momento llegó Mateo.
—Daniel, ya casi nos vamos.
—Voy enseguida.
Antes de irse, Daniel volvió a mirar a Sofía.
—Espero que te adaptes rápido a la escuela.
—Gracias. Yo también lo espero.
Daniel y Mateo salieron de la biblioteca.
Valeria se acercó sonriendo.
—Parece que tuviste una buena primera conversación con él.
—Solo hablamos un momento.
—Aun así, Daniel casi no habla con personas que acaba de conocer.
Sofía sonrió sin decir nada.
Al regresar a casa esa tarde, subió directamente a su habitación. Miró la caja que seguía sobre su escritorio.
La abrió con cuidado y volvió a observar los sobres.
Todos seguían dirigidos a la misma persona.
"Para Daniel Rivas."
Respiró profundamente.
—¿Quién escribió todas estas cartas... y por qué estaban escondidas en esta casa?
Sin abrir ninguna, volvió a guardar la caja en su lugar.
Sabía que tarde o temprano descubriría la verdad.
Continuará…