Cartas que nunca envie

Capítulo 4: Una amistad que comienza

Al día siguiente, Sofía llegó temprano a la preparatoria. El ambiente era tranquilo y todavía faltaban varios minutos para que iniciaran las clases.

Mientras caminaba por el pasillo, escuchó una voz detrás de ella.

—Buenos días, Sofía.

Al darse la vuelta, vio a Daniel.

—Buenos días.

—¿Cómo te has sentido en estos primeros días?

—Mucho mejor de lo que esperaba. Todos me han recibido muy bien.

—Me alegra escuchar eso.

En ese momento sonó la campana.

—Será mejor que entremos —dijo Daniel.

—Sí.

Cada uno fue a su salón y las clases comenzaron con normalidad.

Durante el receso, Valeria invitó a Sofía a sentarse bajo un árbol del patio.

—¿Ya hiciste amigos además de mí? —preguntó.

—Todavía no muchos, pero poco a poco.

Mientras conversaban, Daniel y Mateo pasaron cerca de ellas.

—Hola —saludó Daniel.

—Hola —respondieron Sofía y Valeria.

Mateo sonrió.

—Daniel nos dijo que eres nueva. Bienvenida.

—Gracias.

Los cuatro comenzaron a platicar unos minutos sobre las materias, los profesores y las actividades de la escuela. La conversación fue sencilla y agradable.

Cuando terminó el receso, cada quien regresó a su salón.

Al finalizar las clases, Sofía caminó de regreso a casa.

Después de hacer la tarea, volvió a mirar la caja de las cartas.

Seguía sintiendo curiosidad, pero recordó la promesa que se había hecho.

—No las abriré hasta saber si realmente pertenecen al Daniel que conocí.

Cerró la caja y la guardó nuevamente.

Sin darse cuenta, la amistad entre ella y Daniel acababa de dar su primer paso, mientras el misterio de aquellas cartas seguía esperando el momento adecuado para salir a la luz.

Continuará…




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