Daniel ya estaba ahí.
—Buenos días —saludó él.
—Buenos días. Pensé que llegaría primero.
—Yo también pensé que llegarías más tarde.
Sofía soltó una pequeña risa.
—Bueno, ya estamos aquí. ¿Empezamos?
Ambos se sentaron y comenzaron a revisar la presentación. Daniel había preparado algunas notas y Sofía se encargó de ordenar las imágenes.
Después de unos minutos, Valeria apareció en el salón.
—¿Ya empezaron sin mí?
—Solo estamos organizando todo —respondió Sofía.
Mateo llegó poco después y los cuatro terminaron de preparar la exposición.
Cuando sonó la campana, guardaron sus cosas.
—Creo que estamos listos —dijo Daniel.
—Eso espero —contestó Sofía.
Durante la presentación, todo salió mejor de lo que esperaban. Los cuatro participaron y recibieron buenos comentarios del profesor.
Al terminar, Valeria abrazó a Sofía por los hombros.
—¡Lo hicimos!
—Sí. Me alegra que nos haya quedado bien.
Daniel sonrió.
—Tenemos que admitir que somos un buen equipo.
—Eso parece —dijo Sofía.
Más tarde, mientras caminaban por el pasillo, Daniel se quedó hablando con Sofía unos minutos.
—Me alegra que hayas llegado a esta escuela.
Sofía lo miró sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque antes casi no tenía con quién hablar fuera de Mateo.
Ella sonrió.
—Yo también estoy contenta de haberlos conocido.
Daniel se despidió para ir a su siguiente clase.
Sofía continuó caminando, pero las palabras de la segunda carta volvieron a su mente.
“Al principio solo serán amigos...”
No quería sacar conclusiones apresuradas, pero cada coincidencia hacía que el misterio le pareciera más extraño.
Esa tarde, al llegar a casa, Sofía volvió a abrir la caja.
Esta vez decidió revisar todos los sobres sin abrirlos.
Había muchos.
Y todos tenían el mismo nombre.
Daniel Rivas.
Pero entre ellos encontró algo que no había visto antes: un sobre diferente.
No tenía el nombre de Daniel.
Solo decía:
“Para quien encuentre estas cartas.”
Sofía se quedó mirándolo en silencio.
Por primera vez, sintió que aquella caja no había llegado a sus manos por casualidad.
Continuará…