La chica que aparecía en ella parecía tener unos diecisiete años. Estaba frente a la misma casa en la que Sofía vivía actualmente.
—¿Quién eres? —preguntó en voz baja.
Volvió a mirar la parte posterior de la fotografía.
“Cuando llegue el momento, entrégale las cartas a Daniel.”
Sofía guardó la fotografía junto con las cartas y bajó a su habitación.
Durante la cena, Elena notó que su hija estaba distraída.
—¿Te pasa algo?
—Mamá, ¿cuánto tiempo lleva esta casa aquí?
Elena pensó unos segundos.
—No lo sé exactamente. La inmobiliaria nos dijo que era una casa antigua, pero que había sido remodelada varias veces. ¿Por qué?
—Por curiosidad.
Sofía decidió no contarle todavía lo que había encontrado.
Al día siguiente, en la preparatoria, llegó antes de clases. Daniel estaba sentado cerca de la ventana.
—Buenos días —dijo él.
—Buenos días.
Sofía se sentó cerca de él.
—¿Estudiaste para el examen?
—Un poco. ¿Tú?
—También.
Ambos comenzaron a repasar sus apuntes.
Después de unos minutos, Daniel cerró su cuaderno.
—Hay algo que quería preguntarte.
—¿Qué?
—Desde que llegaste, siento que estás buscando algo.
Sofía se quedó sorprendida.
—¿Por qué dices eso?
—No sé. A veces pareces estar pensando en otra cosa.
Sofía bajó la mirada.
Por un instante pensó en contarle todo.
Pero todavía no estaba preparada.
—Solo estoy intentando acostumbrarme a la nueva ciudad.
Daniel aceptó la respuesta.
—Si alguna vez necesitas hablar, puedes contar conmigo.
Sofía sonrió.
—Gracias, Daniel.
La campana sonó y ambos guardaron sus cosas.
Más tarde, durante el examen, Sofía intentó concentrarse, pero la fotografía no dejaba de aparecer en su mente.
Al terminar las clases, regresó a casa y volvió al ático.
Esta vez revisó cuidadosamente cada rincón.
Después de varios minutos encontró una pequeña caja de madera debajo de unas tablas viejas.
La abrió.
Dentro había una libreta.
Sofía la tomó y vio que en la primera página había un nombre.
Lucía Rivas.
Sofía se quedó inmóvil.
Rivas.
El mismo apellido de Daniel.
Abrió la siguiente página.
Había una frase escrita con la misma letra de las cartas:
“Daniel todavía no conoce toda la verdad.”
Sofía cerró la libreta lentamente.
Ahora sabía que aquellas cartas tenían una relación directa con la familia de Daniel.
Y finalmente había encontrado el primer nombre que podía conducirla hasta la persona que las había escrito.
Lucía Rivas.
Continuará…