El corazón me latía desbocado, golpeando contra mis costillas con una fuerza ensordecedora y dolorosa, mientras Axel se acercaba paso a paso por el sendero de tierra y hojarasca. Llevaba en las manos una gran caja de madera llena de verduras frescas y suministros para la comida, pero lo que de verdad me descolocaba, lo que me dejaba completamente sin aire, era la forma en que me miraba: con una mezcla extraña y peligrosa de cautela, de vergüenza contenida y de una vulnerabilidad tan profunda que nunca antes le había visto reflejada en los ojos.
Ahí estaba él, de pie frente a mí, con exactamente el mismo brillo magnético en la mirada que me había hecho perder la cabeza y suspirar en secreto desde que éramos unos críos correteando por las calles del pueblo. Vestía una sencilla camiseta de algodón que se ajustaba a su torso y contrastaba de forma brutal con el desorden absoluto, caótico y desesperado que se había instalado en mi interior. Mis manos temblaban ligeramente a los lados del vestido azul claro, y por una fracción de segundo estuve a punto de perder la cordura, ignorar por completo la pesada lanza de pesca que Kevin había clavado como una barricada y lanzarme a correr bosque adentro, huyendo de todo lo que representaba. Pero no podía moverme. Estaba completamente atrapada, inmovilizada entre la intensidad de la mirada de Axel y la traición sonriente de mi hermano mayor, quien a lo lejos ya se había vuelto a encargar de la limpieza de la pesca con total indiferencia ante mi sufrimiento emocional.
(Pensamiento profundo de Cloe: "Por favor, tierra, trágate este maldito lugar y escúdame de esto. Si me muevo un centímetro más, si abro la boca para decir algo coherente, voy a romper a llorar o voy a saltar a sus brazos para besarlo otra vez con desesperación, y sé perfectamente que ninguna de esas dos opciones va a terminar bien para ninguno de los dos. Estoy arruinando todo y no sé cómo detenerlo").
Axel se detuvo finalmente a un par de pasos de distancia, invadiendo mi espacio vital con su presencia. Tragó saliva con evidente dificultad, notando la tensión estática en el aire, y dejó la pesada caja de verduras sobre una roca plana antes de atreverse a romper el silencio.
—Hola, Cloe... —su voz sonó extrañamente baja, casi un susurro apenas perceptible que competía con el murmullo del viento colándose entre los árboles y el eco lejano del mar—. Veo que tu hermano se encargó personalmente de bloquear todas mis posibles rutas de huida. Aunque, pensándolo bien, y viendo cómo vas vestida hoy... tal vez solo querías evitarme correr un maratón entero con ese vestido.
Intenté armarme de valor donde sé que no lo tengo, erguir la postura con dignidad y levantar la barbilla con altivez para no parecer la patética criatura asustada que era en realidad bajo su escrutinio. Crucé ambos brazos con fuerza sobre el pecho, sintiendo cómo las mejillas me quemaban con un furioso tono carmesí.
—No te creas tan importante ni tan centro del universo, Axel —repliqué intentando inyectar un tono de firmeza glacial a mi voz, aunque un temblor delató de inmediato mis nervios traicioneros—. No huía de ti para nada. Simplemente... estaba contemplando el paisaje y admirando la naturaleza.
(Pensamiento profundo de Axel: "Mientes tan mal, Cloe... es adorable y doloroso a la vez verte intentar disimular. Estás absolutamente preciosa con ese vestido azul y ese peinado, y lo único que me pasa por la cabeza en este preciso instante es abrazarte fuerte, enterrar mi cara en tu pelo y averiguar si ese beso loco significó para ti la mitad de lo que convulsionó mi mundo entero").
Un silencio espeso, denso y cargado de historia compartida se instaló de golpe entre nosotros, pesando como una losa de plomo. Ninguno de los dos sabía muy bien hacia dónde desviar la mirada para evitar el choque directo. Los recuerdos vívidos de lo que había ocurrido hacía pocos días en el muelle —el calor imprevisto de aquel beso accidental, el terror absoluto que nos paralizó, el cabezazo torpe que le propiné por reflejo y mi huida cobarde en la bicicleta— flotaban en el ambiente como un fantasma amenazante al que ninguno de los dos se atrevía a invocar en voz alta.
Vi con claridad cómo Axel se pasaba una mano por la nuca, rascándose con fuerza en un tic nervioso que yo conocía a la perfección desde nuestra infancia, antes de dejar escapar un suspiro profundo y pesado que parecía cargar con todo el peso del mundo sobre sus hombros juveniles.
—Cloe... lo de hace unos días... —empezó a decir por fin, y mi pecho se contrajo de forma dolorosa, deteniendo el latido de mi corazón—. Sé que fue un completo desastre. Yo... yo de verdad no supe cómo reaccionar ante lo que hiciste. Me dejaste en un estado de shock total, y luego encima me quedé con la frente doliéndome por el golpe más rápido y certero de la historia de la humanidad.
—Lo siento muchísimo —le interrumpí de golpe, de manera atropellada, sintiendo que las palabras salían empujadas por un nudo gigantesco en la garganta que me ahogaba físicamente—. Lo siento tanto, Axel. Fui una absoluta idiota, una estúpida sin remedio. Lo del beso... te juro que fue un impulso tonto, un reflejo descabellado provocado por la euforia y la emoción de saber que habías entrado a la universidad. No fue mi intención arruinar las cosas entre nosotros, ni hacerte sentir incómodo, ni comportarme como una lunática desquiciada. Te lo juro de verdad, lo siento con toda el alma.
(Pensamiento profundo de Cloe: "Es una mentira monumental, la más grande y dolorosa de toda mi existencia. No fue un impulso tonto ni un simple accidente; te amo con locura desde que éramos unos niños inocentes, pero tengo un pánico tan inmenso, tan aterrador, de que te vayas a California y me dejes atrás con los pedazos de mi corazón roto, que prefiero mentirte antes que arriesgarme a escuchar que solo me ves como a una hermana menor").
(Pensamiento profundo diurno de Axel: "¿Un impulso estúpido? ¿Para ti no significó absolutamente nada? Llevo tres malditos días pudriéndome por dentro, sufriendo y muriéndome de angustia creyendo que te incomodé hasta el asco, y tú estás aquí parada queriendo borrarlo todo como si mi vida entera no dependiera de lo que sientes por mí").
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Editado: 29.09.2026