Cartografía De Un Alma En Penumbra. #1

Capítulo VI — Parte III

La tarde estaba clara.

Demasiado clara.

Nox llevaba veinte minutos sentada en la banca frente al edificio de Ian cuando la puerta principal se abrió.

No era él.

Era ella.

Lana.

Chaqueta beige.

Cabello recogido esta vez.

Miró el celular mientras bajaba los escalones.

Nox no se movió.

Solo la observó.

Cinco segundos después, Ian apareció detrás.

Sin mochila.

Sin prisa.

Se detuvo junto a Lana y dijo algo que Nox no alcanzó a escuchar.

Lana sonrió.

No una sonrisa grande.

Una pequeña.

Fácil.

Natural.

Ian inclinó la cabeza mientras hablaba. Sus manos se movían despacio, relajadas.

Nox sintió el pulso en las sienes.

Ellos bajaron los escalones juntos.

No se tocaban.

Pero caminaban demasiado cerca.

Demasiado sincronizados.

Nox se levantó.

No cruzó la calle de inmediato.

Esperó a que avanzaran media cuadra.

Luego comenzó a caminar también.

Lana hablaba mucho con las manos.

Ian la miraba cuando lo hacía.

A veces asentía.

A veces reía.

Nox iba detrás.

No tan lejos como antes.

Ya no había intención de ocultarlo.

En un semáforo, Lana tomó el brazo de Ian para cruzar antes de que cambiara la luz.

Fue un gesto breve.

Pero suficiente.

Nox se detuvo en seco.

El tráfico pasó entre ellos.

Cuando el semáforo cambió, Ian y Lana ya estaban del otro lado.

Ella aún sostenía su brazo.

No como alguien que teme caer.

Sino como alguien que ya sabe que puede hacerlo.

Nox cruzó.

Sus pasos eran más rápidos ahora.

La distancia se redujo.

Quince metros.

Diez.

Ocho.

Lana giró ligeramente la cabeza.

No por completo.

Solo lo suficiente.

Sus ojos encontraron los de Nox.

Un segundo.

Nada más.

Pero fue suficiente para que Lana susurrara algo al oído de Ian.

Ian volteó.

Esta vez no fue sorpresa.

Fue cansancio.

Se detuvo.

Lana también.

Nox avanzó hasta quedar frente a ellos.

El aire parecía más pesado.

Más espeso.

—Hola —dijo Nox.

No había sonrisa.

Lana no soltó el brazo de Ian.

—Hola —respondió él.

Su voz no era suave.

—Qué casualidad —agregó Nox.

Lana habló primero.

—Nos hemos visto antes, ¿verdad?

Nox la miró.

Directo.

—Sí.

En la tienda.

Lana asintió.

—Ah.

Silencio.

Ian pasó una mano por su cabello.

—Nox, esto ya no está bien.

Ella inclinó la cabeza.

—¿Qué cosa?

—Esto.

Hizo un gesto amplio con la mano.

La calle.

La repetición.

La escena.

—No estoy haciendo nada.

Lana intervino.

—Nos estás siguiendo.

No fue una acusación gritaba.

Fue un hecho.

Plano.

Sin emoción.

Nox dio un paso hacia ella.

No agresivo.

Pero demasiado cerca.

—¿Te lo dijo él?

Lana sostuvo su mirada.

—No hace falta.

El tráfico volvió a sonar detrás.

Un camión pasó, vibrando el asfalto.

Ian dio un paso adelante, interponiéndose levemente.

—Basta.

La palabra fue seca.

Corta.

Nox miró ese gesto.

Ese movimiento mínimo.

Y algo cambió.

No gritó.

No lloró.

Solo observó cómo él se colocaba entre ambas.

Como si ella fuera el riesgo.

—No vine a pelear —dijo Nox.

—Entonces deja de aparecer —respondió Ian.

Silencio.

Un perro ladró a lo lejos.

Lana soltó el brazo de Ian.

Pero no se alejó.

—Vamos —dijo ella suavemente.

Ian dudó medio segundo.

Miró a Nox.

—Por favor.

No era súplica.

Era advertencia.

Se dieron la vuelta.

Caminaron.

Juntos.

Sin mirar atrás.

Nox no los siguió.

No esta vez.

Se quedó de pie en la acera hasta que doblaron la esquina.

No terminó ahí.

Dos días después, Nox volvió a verlos.

Esta vez no fue en la calle.

Fue en un restaurante pequeño con mesas junto a la ventana.

Ella pasaba por allí.

O eso se dijo.

Y los vio.

Sentados frente a frente.

Lana hablaba.

Ian la escuchaba.

Había una vela en la mesa.

No era romántico.

Pero tampoco casual.

Nox se detuvo frente al cristal.

Nadie dentro la miraba todavía.

Podía irse.

Podía dar media vuelta.

No lo hizo.

Entró.

La campanilla sonó.

Ian levantó la vista.

Lana también.

El mesero miró a Nox.

—¿Mesa para uno?

—Sí.

Se sentó a tres mesas de distancia.

De perfil.

Lo suficiente cerca para oír fragmentos.

Risas.

Palabras sueltas.

“Proyecto.”

“Película.”

“Fin de semana.”

Nox pidió agua.

No la tocó.

Ian dejó de hablar.

Lana también.

El silencio en su mesa creció.

Finalmente, Ian se levantó.

Se acercó.

Se detuvo frente a ella.

—¿Qué estás haciendo?

—Cenar.

—Esto ya no es normal.

Nox levantó la vista.

—¿Normal?

Lana se había puesto de pie también.

No se acercó.

Pero observaba.

—Te pedí espacio —dijo Ian.

—No te pedí nada yo.

Silencio.

Ian bajó la voz.

—Esto tiene que parar.

Nox sostuvo su mirada.

Y por primera vez no fingió sorpresa.

—No.

Una sola palabra.

Sin volumen.

Sin grito.

Solo firme.

Lana dio un paso adelante.

—Nos estás asustando.

Nox la miró lentamente.

—No te estoy hablando a ti.

El restaurante se volvió más silencioso.

Algunas miradas comenzaron a girar.

Ian respiró hondo.

—Si sigues así, voy a tener que hacer algo.

No explicó qué.

No hacía falta.

Nox se levantó.

Tomó su bolso.

—Hazlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.