Cartografía De Un Alma En Penumbra. #1

Capítulo VII —Parte I

La casa llevaba días en silencio.

No un silencio tranquilo.
Un silencio de puertas cerradas con más fuerza de lo necesario.
De pasos medidos.
De platos que se apoyaban en la mesa sin mirarse.

Todd empezó a notar algo distinto en Nox.

No era tristeza.
No era rabia abierta.

Era organización.

Demasiado orden en alguien que siempre había vivido en desorden.

Una tarde, él llegó con una bolsa de pan dulce.

No era algo habitual.

Lo dejó sobre la mesa como si fuera un gesto pequeño, insignificante.

—Compré de los que te gustan —dijo.

Nox estaba sentada en el suelo del salón, revisando papeles.

No levantó la vista de inmediato.

—No me gustan esos.

—Antes sí.

Ella lo miró.

—Antes muchas cosas eran distintas.

Todd se quedó de pie un segundo más de lo necesario. Luego se sentó frente a ella, en el sillón viejo que crujía al mínimo movimiento.

—Podemos intentar que no todo sea así —dijo.

No sonaba duro.
No sonaba autoritario.

Sonaba cansado.

Nox recogió los papeles y los apiló con cuidado.

—¿Intentar qué?

—No pelear por todo.

—No peleamos por todo.

Todd soltó una risa breve.

—No. Solo por lo que importa.

Silencio.

La luz de la tarde entraba por la ventana, cortando la sala en dos mitades.

Todd se inclinó hacia adelante.

—Mira… —dijo, y luego dudó. No estaba acostumbrado a empezar frases así—. No sé cómo hablar contigo sin que parezca que te estoy atacando.

Nox sostuvo su mirada.

No había burla.

No había desafío.

Solo espera.

—He hecho cosas mal —continuó él—. Pero no quiero que terminemos como enemigos.

La palabra quedó flotando.

Enemigos.

Nox apoyó la espalda contra la pared.

—No somos enemigos.

—A veces lo parece.

Silencio más largo.

Todd tomó el pan y lo abrió.

—Cuando eras niña —dijo— me pedías que te enseñara a manejar el coche.

Nox frunció el ceño levemente.

—Tenía diez años.

—Y yo te decía que esperaras.

—Siempre me decías que esperara.

Todd asintió.

—Porque no sabía cómo hacer las cosas bien.

La frase salió torpe.

Desnuda.

Nox bajó la vista.

—No estás haciendo esto por mí —dijo ella.

—¿Y por quién entonces?

—Por ti.

Todd no respondió de inmediato.

Porque en parte era verdad.

Había visto algo en ella los últimos días.

Algo que no entendía.

Algo que no controlaba.

Y por primera vez en mucho tiempo, eso lo inquietaba.

—Quiero que podamos hablar —dijo finalmente.

Nox lo observó como si evaluara la oferta.

—Hablar no cambia nada.

—Puede evitar que empeore.

La frase fue más precisa de lo que Todd imaginaba.

Nox sostuvo el silencio.

Luego preguntó:

—¿Y si ya empeoró?

Todd sintió un pequeño vacío en el estómago.

Pero no retrocedió.

—Entonces lo arreglamos.

Nox se puso de pie.

Caminó hasta la cocina.

Abrió el grifo.

El agua cayó con un sonido constante.

—No todo se arregla —dijo sin mirarlo.

Todd la observó de espaldas.

Vio sus hombros tensos.

La forma en que mantenía el cuello rígido.

—Dame una oportunidad —pidió.

No estaba acostumbrado a pedir.

Nox cerró el grifo.

—No sé si quiero darte una.- dijo fría.

Esa noche, cenaron juntos.

Sin gritos.

Sin reproches.

No fue cálido.

Pero fue menos frío.

Y para Todd, eso fue suficiente para pensar que todavía había margen.

No sabía que lo que veía como distancia era concentración.

Que lo que interpretaba como mejora era cálculo.

Que el silencio de Nox no era calma.

Era preparación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.