Cartografía De Un Alma En Penumbra. #1

Capítulo VIII —Parte I

El estacionamiento estaba casi vacío.

Un foco parpadeaba sobre la entrada del local cerrado. El letrero oxidado se movía con el viento, golpeando la pared con un sonido metálico intermitente.

Nox llegó primero.

Siempre primero.

El auto estaba donde lo había dejado. Quieto. Discreto. Sin llamar la atención.

Se bajó.

Miró alrededor.

Nadie.

El aire olía a polvo y a gasolina vieja.

Sacó el teléfono.

Un mensaje nuevo.

“Ya voy.”

No respondió.

Guardó el celular en el bolsillo.

Se quedó de pie junto al coche, mirando el punto por donde sabía que él aparecería.

Y apareció.

Ian caminaba despacio, con las manos en los bolsillos. No sonreía. No parecía relajado.

Se detuvo a varios pasos de distancia.

—¿Qué es tan importante? —preguntó.

La luz del foco parpadeó otra vez.

Nox sostuvo su mirada.

—Solo quería que hablaras conmigo sin ella.

Ian suspiró.

—Esto ya lo hicimos.

—No así.

Silencio.

El viento levantó un poco de polvo entre ellos.

—No quiero discutir —dijo él.

—Entonces no discutas.

Ella dio un paso más cerca.

Ian no retrocedió.

Pero su cuerpo estaba tenso.

—Devuélveme lo que sea que tengas —dijo.

Nox lo miró unos segundos más.

Luego bajó la vista hacia sus propias manos.

El foco dejó de parpadear.

Quedó encendido, fijo.

El momento siguiente no fue escandaloso.

No hubo gritos.

No hubo forcejeo largo.

Solo una proximidad mal calculada.

Un movimiento demasiado cercano.

Un gesto que Ian no alcanzó a anticipar.

El sonido de algo cayendo.

Luego silencio.

Cuando el foco volvió a parpadear, el estacionamiento estaba vacío.

El coche ya no estaba.

La carretera hacia la playa era larga.

Oscura.

Con tramos donde las luces desaparecían por completo.

Nox conducía sin música.

Sin radio.

Sin hablar.

Las manos firmes en el volante.

La casa no estaba en la zona turística.

Estaba más allá.

Después del último conjunto de restaurantes.

Después del faro viejo.

Después de la señal oxidada que indicaba camino de tierra.

La arena comenzó a levantarse bajo las llantas.

El coche avanzó lentamente hasta detenerse frente a la estructura gris.

La casa parecía más pequeña de lo que Nox recordaba.

Las persianas rotas.

La pintura descascarada.

La puerta lateral apenas sostenida por una bisagra firme.

Nox apagó el motor.

El sonido del mar era constante.

Lejano.

Pero presente.

Bajó del auto.

Abrió la puerta trasera.

No habló.

No necesitaba hacerlo.

La noche estaba completamente cerrada.

Las estrellas apenas visibles entre las nubes.

La puerta de la casa chirrió al abrirse.

El interior olía a humedad y madera vieja.

Nox dejó algo sobre la mesa.

Luego cerró la puerta.

El viento la golpeó desde afuera.

La cerró con seguro.

El silencio dentro fue total.




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