Cartografía De Un Alma En Penumbra: Nox Tucker. #1

Capítulo X —Parte I

La puerta seguía abierta.

El viento entraba sin permiso.

Movía la cortina.

El mar golpeaba las rocas con la misma constancia de siempre.

Nox estaba arrodillada junto a Ian.

El suelo frío atravesaba la tela de su pantalón.

No se había movido desde hacía varios minutos.

No sabía cuántos.

El tiempo se había vuelto una línea borrosa.

—Ian.

Su voz salió baja.

Casi como si no quisiera despertarlo.

Le tocó el hombro.

Lo sacudió con cuidado.

—Ian.

Nada.

El sonido del mar llenó el espacio entre la palabra y la ausencia de respuesta.

Se inclinó más.

Su cabello cayó hacia adelante.

Le apartó el flequillo del rostro.

—Levántate.

La frase fue firme.

Como si estuviera enojada con él por tardar.

Silencio.

El viento volvió a mover la cortina.

Un golpe seco contra la pared.

Nox respiró hondo.

Intentó incorporarlo un poco.

Sus manos temblaron apenas.

—No hagas esto.

No gritaba.

No lloraba todavía.

Era una negación tranquila.

Se sentó frente a él.

Las piernas cruzadas.

Mirándolo.

Como si estuviera esperando que abriera los ojos y dijera algo sarcástico.

Algo típico.

Pero la sala permanecía igual.

El teléfono roto sobre la mesa.

El jarrón hecho pedazos.

La puerta abierta.

El mar.

—No era así.

La frase salió en un susurro.

Se pasó las manos por el rostro.

Las dejó caer sobre sus rodillas.

—Solo ibas a quedarte.

El viento sopló más fuerte.

La puerta se movió un poco.

El sonido la hizo girar la cabeza.

El mundo seguía.

El cielo seguía claro.

Las rocas seguían en su lugar.

Nada afuera indicaba que algo hubiera cambiado.

Pero dentro—

Dentro el silencio era distinto.

Nox se inclinó hacia adelante.

Apoyó la frente contra el pecho de Ian.

Y entonces sí.

Las lágrimas comenzaron.

No fueron gritos desgarrados.

No fueron alaridos.

Fueron respiraciones cortadas.

Un sonido contenido.

—No me dejes.

La frase se quebró.

Lo abrazó.

Como si el cuerpo pudiera responder.

Como si el calor regresara.

Como si todo pudiera deshacerse si lo sostenía lo suficiente.

El mar volvió a romper con fuerza.

Y por primera vez desde el golpe, la casa se sintió demasiado pequeña para contener lo que había ocurrido.




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