Cartografía De Un Alma En Penumbra: Nox Tucker. #1

Capítulo XI —Parte I

La patrulla avanzó por el camino de tierra hasta conectar con la carretera principal.

Las luces dejaron de girar cuando tomaron el asfalto.

El sonido cambió.

Ya no era grava.

Ahora era un zumbido constante bajo las ruedas.

Nox iba en el asiento trasero.

Las manos aseguradas frente a ella.

La ventana reflejaba su rostro cada vez que pasaban bajo una lámpara de la carretera.

El mar quedó atrás.

La casa quedó atrás.

Solo oscuridad y luces intermitentes.

El oficial que conducía no hablaba.

El copiloto revisaba algo en una tableta.

El interior del vehículo olía a plástico y metal.

Nadie dijo su nombre.

Nadie hizo preguntas durante el trayecto.

Después de varios minutos, comenzaron a aparecer edificios.

Tiendas cerradas.

Semáforos en amarillo intermitente.

Calles casi vacías.

La ciudad parecía dormida.

La patrulla giró hacia un edificio rectangular de concreto gris.

Un letrero iluminado en azul: Estación de Policía Municipal — Puerto del Norte.

Las luces del estacionamiento estaban encendidas.

Un segundo vehículo ya estaba allí.

La patrulla se detuvo.

El motor se apagó.

El oficial del lado del conductor salió primero.

Luego el del copiloto.

Abrieron la puerta trasera.

El aire era más frío que en la costa.

—Baje —dijo uno de ellos.

Nox salió sin resistencia.

El suelo era firme.

Concreto liso.

El edificio tenía ventanas altas con rejas.

La entrada principal estaba iluminada con fluorescentes blancos.

La condujeron hacia adentro.

Las puertas automáticas se abrieron con un sonido breve.

El interior era amplio.

Frío.

El piso brillante reflejaba la luz blanca del techo.

Un mostrador de recepción al fondo.

Un reloj digital marcando las 23:48.

Un oficial detrás del escritorio levantó la vista.

—¿Es la de la llamada interrumpida? —preguntó.

—Sí —respondió el que la escoltaba.

Le retiraron las esposas solo para colocarlas detrás.

Movimiento preciso.

Ensayado.

Sin brusquedad innecesaria.

La guiaron por un pasillo lateral.

Las paredes estaban pintadas de un beige desgastado.

Las puertas tenían pequeñas ventanas rectangulares.

Desde algunas se escuchaban voces lejanas.

Un murmullo constante.

El sonido de una máquina de café en alguna oficina.

Llegaron a un área con una mesa metálica.

—Procedimiento de ingreso —dijo una mujer con uniforme oscuro y cabello recogido en una trenza apretada.

Una placa en su pecho: Oficial Granados.

Le indicaron que colocara sus manos sobre la mesa.

Revisaron bolsillos.

Retiraron objetos personales.

Nada más que lo que llevaba puesto.

Una bolsa transparente fue colocada sobre la mesa.

Dentro, lo poco que tenía.

—Nombre completo —preguntó Granados sin levantar la vista del formulario.

Nox la miró.

—Nox… —se detuvo un segundo—. Nox Elaine Tucker.

Granados anotó.

—Fecha de nacimiento.

Respondió.

—Dirección.

Hubo un segundo de silencio.

—No permanente —respondió.

Granados levantó la vista por primera vez.

La sostuvo unos segundos.

Luego continuó escribiendo.

Otro oficial, más alto, con cabello entrecano, entró al área.

Placa: Sargento Stan.

Observó a Nox sin decir nada.

Revisó el formulario.

—Será trasladada a una sala de espera antes del interrogatorio —dijo con voz firme.

No era hostil.

Solo directa.

Le colocaron nuevamente las esposas, ahora al frente.

La guiaron hacia otra sección del edificio.

Un cuarto pequeño.

Banca de metal atornillada al piso.

Paredes sin ventanas.

Una cámara en la esquina superior.

La puerta se cerró detrás de ella con un sonido seco.

El clic del seguro resonó más de lo necesario.

Nox se sentó.

La banca estaba fría.

El fluorescente zumbaba levemente.

Miró sus manos.

Las marcas rojizas de las esposas eran visibles bajo la luz blanca.

El reloj en el pasillo marcaba los minutos.

Se escuchaban pasos ocasionales.

Un teléfono sonando en la distancia.

Puertas abriéndose y cerrándose.

El tiempo comenzó a avanzar lento.

Muy lento.

Un oficial pasó frente a la pequeña ventana de la puerta.

Miró dentro.

Siguió de largo.

El sonido de una impresora comenzó a trabajar en algún lugar cercano.

Papeles saliendo.

Conversaciones breves.

Nox permanecía inmóvil.

La sala no tenía espejo.

No tenía reloj visible.

Solo la luz constante y el sonido del edificio funcionando.

Después de lo que pareció una hora, la puerta volvió a abrirse.

Sargento Stan.

—Es momento.

Le indicó que se levantara.

La escoltó por el pasillo.

Esta vez hacia una sala más amplia.

Una mesa rectangular.

Dos sillas frente a frente.

Una tercera en la esquina.

Una cámara visible sobre la pared.

Un vaso de plástico con agua en el centro de la mesa.

La sentaron en una de las sillas.

Le retiraron las esposas.

No dijeron nada más.

La puerta quedó cerrada.

Pero no asegurada con ruido fuerte.

Solo un clic suave.

Nox miró alrededor.

La mesa tenía rayones antiguos.

Las paredes estaban limpias.

El aire acondicionado hacía un sonido constante.

En la esquina, la tercera silla estaba vacía.

Pasaron minutos.

La puerta volvió a abrirse.

Entró el Sargento Stan.

Y detrás de él, una mujer con traje gris oscuro.

Cabello corto.

Portafolio en la mano.

—Soy la licenciada Sabrina Lee —dijo al sentarse—. Estoy aquí para asesorarla.

Colocó el portafolio sobre la mesa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.