Había pasado un año desde su ingreso.
El calendario en la estación de enfermería marcaba la fecha con tinta roja. Para el personal era un dato administrativo. Para Nox no significaba nada concreto. Los días se habían vuelto iguales: despertar, conteo, medicación, comedor, terapia, observación, silencio, voces.
Su cabello estaba más corto. Sus movimientos eran más lentos. Hablaba menos con otras personas. A veces pasaba horas sentada en el mismo punto del patio interior, mirando la malla metálica que cubría el cielo.
Las voces no se habían ido.
Su padre aparecía casi siempre al amanecer, de pie junto a la puerta de su habitación.
—Sigues aquí —decía.
Ella ya no respondía.
El novio se sentaba en la esquina de la cama por las noches.
—Podías dejarme ir.
Ella cerraba los ojos y giraba el rostro hacia la pared.
Las enfermeras anotaban en los informes: “Aislamiento progresivo”, “Disminución del contacto visual”, “Respuestas escasas”, “Persisten alucinaciones”.
En terapia grupal, Nox apenas hablaba.
—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó el terapeuta una mañana.
—Cansada.
—¿De qué?
—De que no se callen.
—¿Qué dicen ahora?
—Lo mismo de siempre.
—¿Puedes ignorarlos?
Ella negó con la cabeza.
—No.
El terapeuta tomó nota.
—Recuerda que las voces no tienen poder sobre tus acciones.
Nox levantó la mirada lentamente.
—Eso no es cierto.
Las semanas siguientes mostraron un cambio.
Ya no discutía con las figuras. No intentaba explicarles nada. Tampoco se justificaba.
Comenzó a reaccionar con enojo.
Una madrugada se levantó de golpe.
—¡CÁLLATE! —gritó hacia la esquina de la habitación.
Golpeó la pared con el puño.
El guardia abrió la mirilla.
—¿Qué ocurre?
—No se calla —respondió ella con la respiración agitada.
—No hay nadie.
—¡SÍ HAY!
Su padre estaba frente a ella.
—Siempre haces lo mismo.
—¡YA BASTA! —gritó Nox.
Se llevó las manos a la cabeza.
—¡Déjenme en paz! ¡Déjenme en paz!
El novio apareció detrás de la figura del padre.
—No puedes escapar.
Nox comenzó a llorar.
No era un llanto silencioso. Era descontrolado, con respiración entrecortada.
Los guardias entraron.
—Tranquila, Nox.
Ella se apartó.
—¡SÁQUENLOS!
—No hay nadie aquí.
—¡SÁQUENLOS!
Intentó apartarse de las manos que la sostenían. Finalmente la sedaron.
El equipo médico redactó el informe del año:
“Persistencia de síntomas psicóticos. Escasa mejoría clínica. Episodios frecuentes de angustia intensa asociados a contenido alucinatorio relacionado con víctimas. Riesgo moderado de autolesión. Mantener vigilancia.”
Se ajustó la medicación.
Se reforzó la supervisión nocturna.
Pero durante el día, el área común tenía ventanas altas, reforzadas con vidrio grueso y apertura limitada para ventilación.
Era una tarde nublada.
Nox estaba en la sala común con otros pacientes. La televisión encendida sin volumen. Un enfermero revisaba papeles en el escritorio.
Ella estaba de pie junto a una de las ventanas altas. Miraba hacia el patio.
En el reflejo del vidrio vio a su padre detrás de ella.
—No puedes deshacerlo —dijo la voz.
—Ya lo sé.
El novio apareció a su lado.
—Podías dejarme ir.
Nox apretó los dientes.
—¡YA LO SÉ!
El enfermero levantó la vista.
—Nox, siéntate.
Ella no se movió.
—Siempre repiten lo mismo —murmuró.
Se llevó las manos a la cabeza.
—¡CÁLLENSE! ¡CÁLLENSE!
Algunos pacientes comenzaron a alterarse.
—Nox, aléjate de la ventana —ordenó el enfermero, levantándose.
Ella golpeó el vidrio con la palma.
—¡DÉJENME EN PAZ!
Las figuras parecían acercarse más.
—No puedes escapar —dijo la voz.
—¡SÍ PUEDO!
En un movimiento brusco, empujó una de las hojas de ventilación que estaba entreabierta para circulación de aire. El mecanismo cedió más de lo habitual por el impulso.
El enfermero avanzó.
—¡Nox, no!
Ella se subió al borde inferior, usando la estructura metálica como apoyo.
—¡YA BASTA! —gritó entre lágrimas—. ¡DÉJENME EN PAZ!
Un segundo después, se lanzó.
El golpe contra el suelo del patio fue seco.
Los pacientes comenzaron a gritar.
El enfermero corrió hacia la salida de emergencia.
—¡Código rojo! —gritó—. ¡Código rojo en patio!
El personal médico llegó en menos de un minuto.
No había pulso.
Intentaron reanimación durante varios minutos. Maniobras, instrucciones rápidas, presión torácica.
—No responde.
—Continúa.
Después de más intentos, el médico jefe negó con la cabeza.
—Hora de muerte: 16:27.
Cubrieron el cuerpo.
En la sala común, los pacientes fueron llevados a sus habitaciones.
Un informe interno se redactó esa misma noche: “Paciente femenina, 19 años, se arroja desde ventana del área común. Fallecimiento inmediato por trauma severo.”
La noticia no tardó en salir del hospital.
La habitación de Nox quedó vacía.
La cama fija. El colchón delgado. La ventana alta.
El informe final del caso cerró con una línea simple:
“Paciente fallecida durante internamiento psiquiátrico judicial. Caso concluido.”
No hubo más gritos en esa habitación.
No hubo más discusiones contra las paredes.
Las voces, si alguna vez estuvieron allí, dejaron de escucharse.
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Editado: 17.05.2026