Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo VI- Parte I

La tarde estaba llena de actividad dentro de la casa.

En el segundo piso, la puerta del clóset de Zelinna estaba abierta. Sobre la cama había tres vestidos extendidos con cuidado.

Uno azul oscuro.

Uno negro.

Uno color vino.

Zelinna estaba de pie frente al espejo, sosteniendo el vestido negro frente a su cuerpo.

Viena estaba sentada en la cama con los brazos cruzados.

—Ese —dijo señalando el vestido negro—.

Zelinna miró su reflejo.

—¿Ese?

—Sí.

Freya, que estaba sentada en el suelo jugando con una pulsera, levantó la mirada.

—El rojo también es bonito.

—Es vino —corrigió Viena.

—Bueno… ese.

Zelinna sonrió ligeramente.

—Necesito decidirme.

Viena se levantó y caminó hacia ella.

—El negro se ve más elegante.

—Es un evento de trabajo —dijo Zelinna.

—Entonces ese.

Freya se levantó del suelo.

—¿Papá ya está listo?

—Creo que está en el estudio —respondió Zelinna.

—Voy a ver.

Freya salió corriendo de la habitación.

Viena observó a su madre en el espejo.

—Hace mucho que no vamos a algo así.

Zelinna dejó el vestido sobre la cama.

—Sí.

—¿Te emociona?

Zelinna dudó un momento.

—Un poco.

—¿Es una fiesta de su oficina?

—Sí.

—¿Irán muchas personas?

—Supongo.

Viena se sentó nuevamente.

—¿Va a ser elegante?

—Sí.

—Entonces usa el negro.

Zelinna tomó el vestido negro nuevamente.

—Está bien.

En el estudio de la casa, Dereck estaba ajustándose los puños de la camisa frente a un pequeño espejo.

Llevaba un traje oscuro perfectamente planchado.

Freya apareció en la puerta.

—Papá.

Dereck levantó la mirada.

—Hola.

—Mamá está decidiendo su vestido.

—Siempre le toma tiempo.

Freya entró al estudio.

—Viena dice que el negro.

Dereck sonrió levemente.

—Seguro se ve bien.

Freya caminó alrededor del escritorio.

—¿Habrá comida?

—Sí.

—¿Y música?

—Probablemente.

—¿Y gente elegante?

Dereck soltó una pequeña risa.

—Sí.

—Entonces quiero llevar mis zapatos nuevos.

—Llévalos.

Freya se acercó a él.

—¿Estás nervioso?

Dereck levantó una ceja.

—¿Por qué estaría nervioso?

—Porque es tu trabajo.

Dereck terminó de acomodarse la corbata.

—No.

—¿Seguro?

—Seguro.

En ese momento, Zelinna apareció en la puerta.

Llevaba el vestido negro.

El vestido caía con elegancia hasta debajo de las rodillas y marcaba suavemente su figura.

Dereck la miró.

Por un segundo no dijo nada.

Freya habló primero.

—¡Te dije!

Viena apareció detrás de ella.

—Sabía que elegirías ese.

Zelinna miró a Dereck.

—¿Qué opinas?

Dereck sonrió.

—Te ves muy bien.

—Gracias.

Zelinna acomodó un mechón de su cabello.

—¿Nos vamos?

Dereck tomó su saco.

—Sí.

El evento se realizaba en un hotel elegante del centro de la ciudad.

Cuando el auto de Dereck llegó, el edificio estaba iluminado con grandes luces doradas.

En la entrada había personas con trajes formales entrando y saliendo.

Freya miraba todo desde la ventana.

—Wow.

Viena también observaba.

—Sí está elegante.

Dereck estacionó el coche.

—Es una reunión anual de la empresa.

Zelinna tomó su bolso.

—Entonces habrá mucha gente de tu oficina.

—Sí.

Freya abrió la puerta del auto.

—Quiero ver todo.

—Tranquila —dijo Viena.

Caminaron juntos hacia la entrada.

Un recepcionista abrió las puertas de vidrio.

El interior del hotel brillaba con lámparas grandes y pisos de mármol.

El salón del evento estaba al fondo.

Cuando entraron, la música suave llenaba el ambiente.

Mesas redondas con manteles blancos estaban distribuidas por todo el salón.

Había camareros caminando con bandejas de bebidas.

Varias personas conversaban en pequeños grupos.

Dereck saludó a algunos de ellos.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Un hombre alto se acercó.

—Dereck.

—Carlos.

Se estrecharon la mano.

Carlos miró a Zelinna.

—Debes ser la esposa.

—Sí —respondió ella con una sonrisa— Zelinna.

—Un gusto.

Luego miró a las niñas.

—¿Y estas señoritas?

—Mis hijas —dijo Dereck— Viena y Freya.

—Mucho gusto.

Freya sonrió.

—Mucho gusto.

Carlos rió suavemente.

—Se parecen mucho a su madre.

Dereck asintió.

—Sí.

Después de unos minutos Carlos se alejó para saludar a otras personas.

Zelinna observó el salón.

—Es un evento grande.

—Sí —respondió Dereck.

Viena miró alrededor.

—Hay muchísima gente.

Freya señaló una mesa con postres.

—¿Podemos ir allá?

Zelinna rió.

—Primero saludemos a algunas personas.

Dereck comenzó a caminar entre los grupos.

—Vamos.

Mientras avanzaban, varias personas saludaban a Dereck.

—Buenas noches.

—Hola.

—Dereck.

—Qué gusto verte.

Zelinna caminaba a su lado con una sonrisa cordial.

Viena y Freya observaban todo con curiosidad.

En un momento, mientras cruzaban cerca de una mesa con bebidas, una mujer apareció frente a ellos.

Llevaba un vestido color esmeralda.

Su cabello rubio caía en ondas suaves sobre sus hombros.

Tenía una copa de vino en la mano.

—Dereck.

Dereck se detuvo.

Por un instante, su expresión cambió ligeramente.

—Fiona.

La mujer sonrió.

—No sabía que vendrías con tu familia.

Dereck asintió.

—Sí.

Se giró hacia Zelinna.

—Ella es mi esposa, Zelinna.

Fiona extendió la mano.

—Mucho gusto.

Zelinna estrechó su mano.




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