Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo VI- Parte II

La música suave del salón llenaba el ambiente mientras los invitados caminaban entre las mesas con copas de vino y pequeñas bandejas de comida.

Las luces doradas del techo reflejaban destellos sobre los manteles blancos.

Freya estaba fascinada con la mesa de postres.

—¡Mamá, mira esto!

Señaló una bandeja llena de pequeños pasteles de chocolate.

—¿Puedo tomar uno?

—Sí —respondió Zelinna.

Freya tomó uno con cuidado.

Viena observaba otra mesa donde había bebidas sin alcohol.

—Voy por jugo.

—Está bien —dijo Zelinna.

Dereck estaba de pie junto a ellas, mirando alrededor del salón.

Su mirada recorría constantemente el lugar.

Zelinna lo notó.

—¿Buscas a alguien?

Dereck reaccionó rápidamente.

—No.

—Te veo mirando mucho hacia allá.

Señaló hacia la zona del fondo del salón.

—Solo estoy viendo quién vino.

Zelinna tomó una copa de agua.

—Es un evento grande.

—Sí.

Freya regresó con el pastel en la mano.

—Está delicioso.

—Come despacio —dijo Zelinna.

Viena volvió con un vaso de jugo.

—¿Podemos sentarnos un rato?

—Claro —respondió Zelinna.

Caminaron hacia una de las mesas vacías cerca de la pista central.

Se sentaron.

La música cambió a una melodía más animada.

Algunas parejas comenzaron a bailar.

Freya observaba con interés.

—Mamá, ¿bailarás?

Zelinna rió suavemente.

—No lo creo.

Viena miró a su padre.

—Papá sí debería.

Dereck sonrió ligeramente.

—No soy buen bailarín.

Freya lo miró con expresión divertida.

—Eso dices siempre.

Un grupo de personas se acercó a saludar a Dereck.

—Buenas noches.

—Hola, Dereck.

—¿Cómo estás?

Dereck se levantó para saludarlos.

Zelinna permaneció sentada con las niñas mientras conversaban.

Después de unos minutos Dereck dijo:

—Voy por algo de beber.

—Está bien —respondió Zelinna.

Se alejó entre las mesas.

Freya terminó su pastel.

—Quiero otro.

—Uno más —dijo Zelinna.

Freya se levantó y corrió hacia la mesa de postres.

Viena tomó un pequeño bocadillo de la mesa.

—Voy a ver si hay refresco.

—Está bien.

Zelinna se quedó sola en la mesa.

Tomó su bolso y buscó su teléfono.

Tenía varios mensajes de trabajo que decidió ignorar por el momento.

Cuando levantó la mirada, notó que Dereck no estaba en la barra de bebidas.

Miró hacia otro lado del salón.

Tampoco.

Frunció ligeramente el ceño.

Miró nuevamente el lugar donde los camareros servían bebidas.

Dereck no estaba ahí.

Zelinna se levantó.

Caminó lentamente entre las mesas.

Pensó que tal vez se había quedado hablando con alguien.

Pasó cerca de un grupo de hombres que discutían sobre negocios.

Luego cerca de una mesa donde varias mujeres conversaban.

Pero no vio a Dereck.

El salón tenía una pequeña terraza al fondo con puertas de vidrio abiertas.

Zelinna caminó hacia allí.

El aire de la noche era más fresco.

Había algunas personas conversando cerca de las barandillas.

Pero Dereck tampoco estaba ahí.

Zelinna comenzó a regresar al interior.

En ese momento vio un pasillo lateral que llevaba hacia los salones privados del hotel.

Al final del pasillo había una puerta entreabierta.

Y desde allí escuchó una voz.

—No deberíamos hablar aquí.

Zelinna reconoció la voz inmediatamente.

Era Dereck.

Se detuvo.

Otra voz respondió.

—Estamos solos.

Era una voz femenina.

Zelinna caminó unos pasos más cerca.

—Fiona… —dijo Dereck en tono bajo.

El corazón de Zelinna comenzó a latir con fuerza.

Se acercó lentamente hasta la puerta.

El espacio al otro lado era una pequeña sala privada con sillones y una mesa baja.

Dereck estaba de pie cerca de la ventana.

Fiona estaba frente a él.

La copa de vino que llevaba antes ya no estaba en su mano.

—Te dije que hoy vendría con mi familia —dijo Dereck.

—Lo sé.

Fiona cruzó los brazos.

—Pero no esperaba que me ignoraras toda la noche.

—No te estoy ignorando.

—Entonces ¿qué haces?

Dereck pasó una mano por su cabello.

—Esto es complicado.

Fiona se acercó un paso más.

—Llevamos meses así.

Zelinna sintió que el aire se volvía pesado.

Se quedó completamente inmóvil junto a la puerta.

—No podemos seguir escondiéndonos —continuó Fiona.

Dereck bajó la voz.

—Aquí no.

—¿Por qué?

—Porque Zelinna está aquí.

Fiona suspiró.

—Tu esposa siempre está.

Dereck no respondió.

Fiona lo miró fijamente.

—Dijiste que ibas a hablar con ella.

El silencio llenó la sala.

Zelinna sintió un golpe seco en el pecho.

—No es tan sencillo —dijo Dereck finalmente.

—¿Por qué no?

—Tenemos hijas.

Fiona negó con la cabeza.

—Eso lo sabías desde el principio.

Dereck miró hacia el suelo.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué empezaste esto?

Dereck levantó la mirada hacia ella.

—Porque me enamoré de ti.

Las palabras atravesaron el silencio como un golpe.

Zelinna sintió que el suelo parecía moverse bajo sus pies.

Dentro de la sala, Fiona dio un paso más cerca.

—Entonces deja de esconderte.

Dereck guardó silencio.

Fiona lo miró unos segundos.

Luego levantó la mano y tocó su mejilla.

—No puedes seguir viviendo así.

Dereck cerró los ojos un momento.

Y luego la besó.

Zelinna no se movió.

No respiró.

No hizo ningún sonido.

Solo miró.

El beso duró varios segundos.

Cuando se separaron, Fiona apoyó la frente contra la de él.




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