Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo VII- Parte I

La tarde estaba tranquila en la casa.

El sol comenzaba a bajar lentamente y una luz dorada entraba por las ventanas de la sala. Sobre la mesa del comedor había tres vasos de jugo y un plato con galletas que Freya había sacado del gabinete.

Zelinna estaba de pie junto a la ventana.

Miraba el jardín.

Sus manos estaban entrelazadas frente a su cuerpo.

Respiró profundo.

Desde la cocina se escuchaban las voces de sus hijas.

—¡No te comas todas! —dijo Viena.

—¡Solo agarré dos! —respondió Freya.

—Eso dijiste hace cinco minutos.

—Porque hace cinco minutos agarré dos.

Viena apareció en la puerta del comedor.

—Mamá.

Zelinna giró la cabeza.

—Sí.

—Freya se está comiendo las galletas.

Freya apareció detrás de ella.

—¡Mentira!

Zelinna caminó hacia la mesa.

—Está bien.

Se sentó.

—Siéntense conmigo un momento.

Las niñas se miraron entre ellas.

Algo en el tono de su madre era distinto.

No era una conversación normal.

Freya se sentó primero.

Viena se acomodó frente a Zelinna.

El silencio se instaló por unos segundos.

Zelinna miró a ambas.

Sus hijas.

Las dos personas más importantes de su vida.

Respiró profundamente.

—Necesitamos hablar.

Freya tomó una galleta.

—¿De qué?

Zelinna apoyó las manos sobre la mesa.

—De su papá.

Viena se quedó quieta.

Freya frunció ligeramente el ceño.

—¿Papá?

—Sí.

Freya inclinó la cabeza.

—¿Cuándo va a volver?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Zelinna bajó la mirada por un momento.

Luego volvió a levantarla.

—Su papá… no va a volver a vivir aquí.

Freya parpadeó.

—¿Por qué?

Viena ya estaba mirando fijamente a su madre.

—¿Qué pasó?

Zelinna tomó aire lentamente.

—Su papá y yo vamos a divorciarnos.

El silencio llenó el comedor.

Freya dejó la galleta sobre la mesa.

—¿Divorciarse?

Zelinna asintió.

—Sí.

Freya miró a su hermana.

—¿Qué significa eso?

Viena respondió antes que su madre.

—Significa que ya no van a estar casados.

Freya volvió la mirada hacia Zelinna.

—¿Para siempre?

Zelinna sostuvo su mirada.

—Sí.

Freya frunció el ceño.

—¿Pero por qué?

Zelinna sabía que ese momento llegaría.

Sabía que no podía esconderlo.

Miró a ambas.

—Porque su papá… tomó una decisión que lastimó a nuestra familia.

Freya se inclinó un poco hacia adelante.

—¿Qué decisión?

Zelinna habló con calma.

—Su papá está viendo a otra mujer.

El silencio volvió.

Freya parecía confundida.

—¿Ver?

Viena entendió inmediatamente.

Su rostro cambió.

—¿Otra mujer?

Zelinna asintió lentamente.

Viena apretó los labios.

—¿Te engañó?

Zelinna no respondió de inmediato.

Luego dijo:

—Sí.

Freya miró entre ambas.

—No entiendo.

Viena se inclinó hacia su hermana.

—Significa que papá tiene una novia.

Freya abrió los ojos.

—¿Pero papá ya tiene esposa?

Viena no respondió.

Freya volvió a mirar a Zelinna.

—¿Eso está mal?

Zelinna sostuvo su mirada.

—Sí.

El silencio se volvió pesado.

Freya bajó la mirada hacia la mesa.

—¿Es por eso que se fue?

—Sí.

—¿Quién es ella?

Zelinna respiró lentamente.

—Una mujer de su trabajo.

—¿Cómo se llama?

Zelinna respondió con calma.

—Fiona.

Viena se recargó en la silla.

Su expresión era dura.

—La del vestido verde.

Zelinna la miró.

—¿La viste?

—Sí.

—Estaba contigo en el evento.

Zelinna asintió.

Viena cruzó los brazos.

—Lo sabía.

Zelinna frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué sabías?

—Que algo estaba mal.

Freya miró a su hermana.

—¿Cómo?

—Papá ya no estaba aquí.

Viena habló con voz firme.

—Siempre estaba cansado.

—Siempre llegaba tarde.

Zelinna guardó silencio.

Viena continuó.

—Y cuando apareció esa mujer…

Viena negó con la cabeza.

—Papá se puso raro.

Freya miró a su madre.

—¿Entonces papá nos dejó?

Zelinna extendió la mano y tomó la de su hija.

—No.

—¿Entonces por qué no está aquí?

—Porque yo le pedí que se fuera.

Freya la miró sorprendida.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Por qué?

Zelinna respondió con serenidad.

—Porque nadie puede lastimar a esta familia y quedarse como si nada.

Viena observaba a su madre.

—¿Estás enojada?

Zelinna la miró.

—Sí.

—Mucho.

Freya bajó la mirada.

—¿Papá nos quiere?

La pregunta atravesó el aire.

Zelinna no dudó.

—Sí.

—Entonces ¿por qué hizo eso?

Zelinna pensó unos segundos.

Luego respondió:

—Porque a veces las personas toman malas decisiones.

El silencio volvió.

Freya parecía pensativa.

—¿Vamos a volver a verlo?

Zelinna asintió.

—Sí.

—Él siempre será su papá.

Viena miró a su madre.

—¿Y tú?

Zelinna sostuvo su mirada.

—Yo siempre seré su mamá.

Freya preguntó en voz baja:

—¿La familia se rompió?

Zelinna se levantó de la silla.

Caminó alrededor de la mesa.

Se agachó junto a Freya y la abrazó.

—No.

Su voz fue suave.

—La familia sigue aquí.

Viena también se levantó.

—Solo cambió.

Zelinna extendió el brazo.

Viena se acercó.

Las tres quedaron abrazadas en medio del comedor.

Después de unos segundos Freya habló.

—No me gusta Fiona.

Viena soltó una pequeña risa amarga.

—A mí tampoco.

Zelinna apoyó la cabeza sobre la de sus hijas.

—No tienen que pensar en ella.

—Solo en nosotros.

El sol terminaba de caer afuera.




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