Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo VII- Parte III

El edificio del juzgado se alzaba imponente.

De concreto gris, con grandes columnas al frente y puertas de vidrio que reflejaban el movimiento constante de personas entrando y saliendo.

Zelinna se detuvo unos segundos antes de cruzar la entrada.

Llevaba un traje sastre oscuro.

El cabello recogido.

En la mano, un portafolio con documentos.

A su lado, la licenciada Kenny Belc revisaba una carpeta mientras caminaban.

—Los documentos ya están listos —dijo Kenny—. Solo falta la firma de ambas partes para formalizar el proceso.

Zelinna asintió.

—¿Él ya llegó?

—Sí.

Zelinna no respondió.

Entraron al edificio.

El interior era frío.

Pisos de mármol, paredes blancas, pasillos largos.

El sonido de pasos y voces bajas se mezclaba en el ambiente.

Caminaron hasta una sala de espera.

Kenny se detuvo.

—Aquí es.

Zelinna levantó la mirada.

Al fondo de la sala, sentado en una de las bancas…

estaba Dereck.

Llevaba un traje oscuro.

Las manos entrelazadas.

La mirada fija en el suelo.

Junto a él había un hombre mayor con un portafolio: su abogado.

Cuando Dereck levantó la vista y vio a Zelinna, se quedó completamente inmóvil.

El tiempo pareció detenerse por un instante.

Zelinna sostuvo su mirada.

No había enojo visible.

No había lágrimas.

Solo firmeza.

Kenny habló en voz baja.

—¿Está lista?

Zelinna respondió sin apartar la mirada.

—Sí.

Caminaron hacia la mesa central.

El abogado de Dereck se levantó.

—Buenos días.

Kenny respondió.

—Buenos días.

Se estrecharon las manos con formalidad.

Dereck también se levantó.

—Zelinna.

Su voz fue baja.

Zelinna no respondió de inmediato.

Luego dijo:

—Dereck.

El silencio volvió a instalarse.

El abogado de Dereck aclaró la garganta.

—Procedamos.

Se sentaron.

Sobre la mesa había varios documentos organizados.

El juez aún no estaba presente.

Kenny abrió su carpeta.

—Aquí está la solicitud de divorcio.

Deslizó el documento hacia el centro.

El abogado de Dereck lo tomó.

—Ya lo revisamos.

Kenny asintió.

—Entonces podemos avanzar.

Zelinna mantuvo la mirada en los papeles.

Dereck la observaba de reojo.

Después de unos segundos habló.

—¿Cómo están las niñas?

Zelinna levantó la mirada.

—Bien.

—¿Preguntan por mí?

—Sí.

El silencio volvió.

Dereck asintió lentamente.

—Quiero verlas.

Kenny intervino.

—Eso se definirá en el acuerdo de custodia.

Dereck frunció ligeramente el ceño.

—Estoy hablando con mi esposa.

Kenny lo miró con calma.

—En este momento estamos en un proceso legal.

Zelinna habló sin mirar a Kenny.

—Podrás verlas.

Dereck la miró.

—Gracias.

El ambiente era tenso.

En ese momento la puerta se abrió.

Un funcionario entró.

—Pueden pasar.

Se levantaron.

Caminaron hacia una sala más pequeña.

En el centro había una mesa larga.

Al fondo, el lugar del juez.

Se sentaron en lados opuestos.

Zelinna junto a Kenny.

Dereck junto a su abogado.

Minutos después, el juez entró.

Todos se pusieron de pie.

—Buenos días.

—Buenos días —respondieron.

El juez tomó asiento.

—Pueden sentarse.

Revisó los documentos frente a él.

—Procedemos con la solicitud de divorcio entre Zelinna Gatti y Dereck Salvatierra

Levantó la mirada.

—¿Ambas partes están de acuerdo en continuar?

Kenny habló primero.

—Sí, su señoría.

El abogado de Dereck asintió.

—Sí.

El juez miró a ambos directamente.

—¿Es esta una decisión voluntaria?

Zelinna respondió con claridad.

—Sí.

El juez miró a Dereck.

—¿De su parte?

Dereck dudó un segundo.

Luego respondió:

—Sí.

El juez asintió.

—Bien.

Tomó el primer documento.

—Aquí se establece la disolución del vínculo matrimonial.

Lo deslizó hacia ellos.

—Lean y firmen.

El papel llegó primero a Zelinna.

Lo tomó.

Sus manos no temblaban.

Leyó cada línea con calma.

El silencio en la sala era absoluto.

Luego tomó la pluma.

Firmó.

Su nombre quedó marcado con claridad.

Deslizó el documento hacia Dereck.

Él lo tomó.

Miró la firma de Zelinna por unos segundos.

Luego firmó.

El juez tomó el documento.

—Continuamos.

El siguiente papel fue colocado sobre la mesa.

—Acuerdos preliminares.

Kenny revisó rápidamente.

—Todo en orden.

El abogado de Dereck asintió.

Zelinna firmó nuevamente.

Dereck hizo lo mismo.

El sonido de la pluma sobre el papel resonaba en la sala.

Cada firma marcaba un paso más.

Un cierre.

Un final.

En un momento, el juez levantó la mirada.

—¿Desean agregar algo antes de concluir esta fase?

El silencio se extendió.

Dereck miró a Zelinna.

—Sí.

Kenny giró ligeramente la cabeza.

Zelinna lo observó.

—Habla.

Dereck respiró profundo.

—No quería que esto terminara así.

Zelinna sostuvo su mirada.

—Pero terminó.

El silencio volvió.

Dereck bajó la mirada.

—Lo sé.

El juez intervino.

—Si no hay más comentarios, continuamos.

Nadie habló.

El juez firmó el documento final.

—Se da por iniciada formalmente la disolución matrimonial.

Golpeó ligeramente el escritorio con el sello.

El sonido fue seco.

Definitivo.

Zelinna no se movió.

Dereck tampoco.

El juez cerró la carpeta.

—Pueden retirarse.

Se levantaron.

Kenny recogió los documentos.

El abogado de Dereck hizo lo mismo.




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