Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo VII- Parte IV

El día estaba nublado.

El cielo gris cubría la ciudad y el aire era más frío que de costumbre. El edificio del juzgado se veía aún más sobrio bajo esa luz opaca.

Zelinna caminaba por el pasillo junto a la licenciada Kenny Belc.

Llevaba el mismo porte firme que había mantenido desde el inicio del proceso, pero esta vez su expresión era más dura.

Más decidida.

Kenny revisaba unos documentos mientras avanzaban.

—Hoy se define la repartición de bienes —dijo—. Es una de las partes más delicadas.

Zelinna asintió.

—Lo sé.

—Tu esposo ya presentó una propuesta.

Zelinna giró ligeramente la cabeza.

—¿Qué tipo de propuesta?

Kenny cerró la carpeta.

—Quiere acceso a una parte de tu patrimonio.

Zelinna se detuvo en seco.

—¿Qué?

Kenny la miró directamente.

—Incluyendo la herencia de tu padre.

El silencio se volvió denso.

Zelinna sintió una presión en el pecho.

—Eso no le corresponde.

—No.

—Entonces ¿por qué lo pidió?

Kenny respondió con calma.

—Porque puede intentarlo.

Zelinna apretó ligeramente la mandíbula.

—No lo va a conseguir.

Kenny asintió.

—No.

Zelinna retomó el paso.

—Ni un peso.

La sala era la misma.

La mesa larga.

El juez al frente.

Los documentos perfectamente ordenados.

Dereck ya estaba ahí.

Junto a su abogado.

Cuando Zelinna entró, levantó la mirada.

Pero ella no se detuvo.

Se sentó en su lugar junto a Kenny.

El ambiente estaba cargado.

El juez entró minutos después.

—Buenos días.

—Buenos días.

—Pueden sentarse.

Revisó el expediente frente a él.

—Procedemos con la división de bienes en el proceso de divorcio entre Zelinna… y Dereck…

Levantó la mirada.

—Se ha presentado una solicitud por parte del señor Dereck respecto a la inclusión de ciertos activos en la repartición.

Zelinna no apartó la mirada del juez.

—Escucharemos la solicitud.

El abogado de Dereck se puso de pie.

—Gracias, su señoría.

Abrió su portafolio.

—Mi cliente solicita que se considere dentro de la sociedad conyugal la totalidad de los bienes adquiridos durante el matrimonio, incluyendo aquellos que han sido utilizados para el sostenimiento familiar.

Kenny se mantuvo en silencio, observando.

El abogado continuó:

—En este caso específico, hacemos referencia a la herencia recibida por la señora Zelinna tras el fallecimiento de su padre.

Zelinna apretó ligeramente las manos sobre la mesa.

El abogado prosiguió:

—Dicha herencia ha tenido impacto directo en el nivel de vida de la familia, por lo que consideramos pertinente su inclusión parcial en la repartición.

El juez tomó nota.

—Entiendo.

Miró hacia Kenny.

—Respuesta.

Kenny se levantó con calma.

—Con su permiso, su señoría.

Abrió su carpeta.

—La herencia mencionada no forma parte de la sociedad conyugal.

El abogado de Dereck intervino.

—Pero fue utilizada—

Kenny levantó ligeramente la mano.

—Permítame terminar.

El silencio volvió.

Kenny continuó:

—Dicha herencia fue establecida bajo un régimen de protección legal específico, determinado por el padre de mi representada antes de su fallecimiento.

El juez levantó la mirada con interés.

—¿Tiene documentación?

Kenny deslizó un documento hacia el frente.

—Aquí se encuentra el testamento y las cláusulas correspondientes.

El juez tomó el documento.

Lo revisó con atención.

El silencio se extendió en la sala.

Después de unos segundos, el juez habló.

—Aquí se especifica claramente que los bienes heredados son de carácter exclusivo y no transferible.

El abogado de Dereck frunció el ceño.

—Sin embargo, su uso—

El juez levantó la mano.

—No es relevante.

El silencio fue inmediato.

El juez continuó:

—La voluntad del testador es clara.

Miró directamente al abogado de Dereck.

—Estos bienes no pueden ser considerados dentro de la sociedad conyugal.

Zelinna no se movió.

Pero su respiración se estabilizó.

El juez dejó el documento sobre la mesa.

—La solicitud queda rechazada.

El sonido de esas palabras fue contundente.

Definitivo.

Dereck bajó la mirada.

Kenny cerró su carpeta con tranquilidad.

El juez continuó.

—Procedemos con el resto de los bienes.

Revisó otro documento.

—La propiedad donde residía la familia.

Miró a ambas partes.

—¿Está a nombre de ambos?

—Sí —respondió Kenny.

—Correcto —añadió el abogado de Dereck.

El juez asintió.

—Se evaluará la asignación considerando la custodia de las menores.

Kenny habló con firmeza.

—Mi representada solicita la permanencia en el domicilio familiar para garantizar estabilidad a sus hijas.

El juez miró a Dereck.

—¿Alguna objeción?

Dereck levantó la mirada.

Por primera vez desde que comenzó la audiencia, habló directamente.

—Es mi casa también.

Zelinna lo miró.

El juez intervino.

—Eso es correcto.

El silencio se instaló.

Dereck continuó:

—He contribuido a esa casa.

—Es parte de mi patrimonio.

Zelinna habló por primera vez.

Su voz fue firme.

—También es el hogar de mis hijas.

Dereck la miró.

—También son mis hijas.

—Pero no eres tú quien vive con ellas.

El silencio volvió a caer.

El juez observó a ambos.

—Se evaluará en función del bienestar de las menores.

Revisó los documentos.

—La custodia provisional ha sido otorgada a la madre.

Kenny asintió.

—Así es.

El juez continuó:

—Por lo tanto…

Hizo una pausa breve.

—La residencia principal se asigna a la señora Zelinna.




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