Casada a mi corta edad

Capítulo 1

1 de marzo 2017, New York

Cameron

Tengo todo lo que cualquier persona desea, dinero, propiedades, poder, mujeres a mis pies, que con tan solo les dé una cálida sonrisa o les dé un guiño, ellas mismas se me ofrecen, pero aún así no estoy completo, aparte de ser huérfano, cosa que nunca olvidaré, ese desastroso día en el que apenas siendo un adolescente de dieciséis años mis padres fallecieron, llevándose con ellos parte de mí, parte de mi alma, corazón, sentimientos, parte de la humanidad que me caracterizaba.

Es algo que siempre me ha mantenido incompleto, desde entonces llevo años con un vacío interminable. Pensé que nunca nadie iba a poder ayudarme a sobrellevar lo que se perpetua día con día, estoy solo en el mundo, sin embargo, me equivoqué como todo ser humano, mi vida dio un cambio radical, tanto en mi como en mis sentimientos hace tres años.

Las ganas de vivir se duplicaron, ya tengo porque continuar, aunque ante los ojos de los demás es algo turbio, me siento vivo con ello.

Mi padre en vida siempre dijo que para que un hombre estuviera completo, se requiere de una mujer por la cual cayera, que con solo pensarla tus sentidos se disparen por si solos, sin importar cuantos años tengas, se suda de nerviosismo, suspiras con añoranzas y sueñas incluso despierto.

La carpeta depositada en mi escritorio detiene mis pensamientos en lo que el secretario de recursos humanos me explica un par de actividades por la cual necesitan que firme el documento.

Estoy distraído, pero no soy pendejo.

—Gracias, puedes retirarte, cuando lo lea y si considero apropiado, lo firmare —ordeno, dejo aclarado.

El joven muchacho asiente consecutivamente, motivo por el cual frunzo el ceño. Se tropieza con las sillas de atrás, tumba un par de cosas y tengo que respirar por su gran derroche de torpeza.

—Lo lamento, señor, disculpe, de verdad —titubea, levantando todo lo que tiró y acomodándolo lo mejor que puede.

Quiero estar solo, ya casi es hora de terminar el turno, son casi las seis de la tarde y como se mueve, pareciendo el muñeco que cuelga del techo de mi auto, con el cual mi perro Drogo se divierte y mordisquea cada vez que lo subo al auto, todas las semanas debo comprar uno nuevo.

—Retírate, ya lo organizaré —demando, cansado.

—Lo siento, lo siento....

Doy un golpe en la mesa, espantándolo, en los que bajo las cejas lo fusilo, acabo de darle una puta orden.

—Que te retires, dije —remarco cada silaba a ver si me entiende.

Sigue asintiendo como el perro juguete de Drogo, repito el golpe en la mesa y es entonces que se decide a correr por su vida o más bien por su empleo.

Solo, aflojo el nudo de la corbata, retiro la chaqueta dejándola a un lado, abro tres botones de mi camisa y templo la oficina desde mi asiento con el control de última tecnología.

Estoy ido, fuera otro momento y estaría por ahí, dando vueltas en la ciudad o en el pent-house, el mismo que en unos días abandonaré, ya están empacando lo que voy a llevarme y mi nana tiene mucho trabajo en acondicionar la mansión.

En lo que enciendo el ordenador, recibo una llamada de ella. La pienso y se asoma.

—Nana —respondo.

Se oyen utensilios de cocina al otro lado.

—Estoy preparando tu cena favorita, ¿Por qué no estás en la casa ya? —se escucha tan maternal, mi madre se fue, pero dejo a una gran mujer como figura materna conmigo, una hermosa persona a la cual lastimé mucho e mis años de descarriado.

—Llegaré un poco tarde, cenen ustedes y descansa que debes estar muy agotada —contesto. Digito la contraseña de mi ordenador antes de volver a escucharla.

—Cameron Danielson McCarthy —estoy en problemas —. Los horarios de comidas no se saltan, jovencito —empieza —, enviare a alguien a que te lleve la cena, tienes que dejar de forzar tanto ese cerebro, trabajas día y noche, sin contar con que ahora me mandas a retocar la mansión de tus padres y no me has dicho cuál es el motivo si pareces a gusto aquí en el pent-house.

Fuera otra persona y ya la hubiera mandado a la misma mierda, pero nana es la mujer que me crio junto con mamá y lo que es a ella y a Jack no puedo simplemente hablarles en tono elevado porque me romperían todos los dientes.

—Manda para Jack también, gracias, nana, dale de comer a Drogo y no lo dejes de muy tragón para que no tenga que salir a media noche otra vez a buscar una veterinaria —estipulo —. Luego te vas a descansar, buenas noches, nana.

Cuelgo la llamada escuchando de fondo mi nombre completo.

La pantalla se abre e ingreso a Facebook escribiendo su nombre, mi Facebook está divido en página registrada, soy una especie de celebridad y tengo cien millones de seguidos en esta cuenta, pero mi cuenta personal es otra, bien no tengo que escribir su nombre porque es a la única persona que busco, tiene restringido los datos de su cuenta personal, por lo que voy directo a su página, casi llega a los diez millones, su última fotografía la he visto más de mil veces y fue publicada hace tres días.

Se ve preciosa, cabello castaño, ojos azules, esas cejas en una perfecta definición, son pobladas y levemente definidas, tiene labios carnosos y su cuerpo no parece el de una joven de diecisiete años.

Mi pequeña.

Paso los dedos sobre la pantalla como si pudiera tocarla, ahí siento la paz nuevamente, la armonía que no tuve en todo el día, se ve sonriendo, subida en una colina, atrás del mar resaltando su piel blanca, así como el azul de sus ojos. Ella me trae loco, desde que la vi en aquella revista no hago otra cosa más que pensarla, soñarla e imaginarla, ¿Cómo sería si escuchara su voz hablándome y no a escondidas? Pronto lo sabré.

Muy pronto será mía en menos de lo que piensa, —no la voy a secuestrar y nada por el estilo —, de lo que sueño despierto, en menos de que en mi cuenta bancaria, haya miles y más miles de millones, en menos de lo que pestañea un ciego.




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