Cameron
La vi. Yo estaba ahí en el cementerio y como un acosador invadí su privacidad, escuchando parte de lo que hablaba con su madre, me retiré cuando se volvió más íntimo.
La sufre, Melanie y yo tenemos eso y más en común, a mí también me hubiera gustado tener a mis padres conmigo, tal vez no hubiera hecho tantas estupideces. Ella tiene la fortuna de tener al menos a uno de los dos a su lado.
Hasta que llegue el día.
—Se arriesgó mucho, señor—rezonga un guardaespaldas, recibiendo mi saco al llegar al departamento —. La chica es fiera y descubrió a uno de los escoltas.
Lo es, mandé al hombre para que me abriera camino y que en este caso yo, siguiera pasando desapercibido.
Pasé justo a su lado en lo que discutía con el escolta. La desconfianza surcaba las expresiones de sus rasgos.
Mantuve la distancia adecuada, camuflado, donde no sintiera mis pasos, menos mi aroma.
Sigo turbado con el niño que siempre la está buscando. Le pinche las llantas a su coche para que tuviera en que ocuparse, no he dañado nada que cause un accidente, pero sí que lo mantengan ocupado y lejos de lo que me pertenece.
Contesto la llamada de la nana, como siempre, averigua si ya almorcé, si el servicio se está comportando bien conmigo, todo.
Drogo baja del sofá en cuanto me ve, rodeando mis piernas, atento a cualquier cosa.
Me agacho a sobarle las orejas.
Drogo es un cachorro que se impacienta a estar en un solo lugar, pero también es travieso y suele jugar con lo que no debe.
Cuelgo la llamada, sonriendo como estúpido, una sonrisa auténtica.
—Hoy vi a tu mami otra vez —le comento a Drogo que me sigue al interior de la habitación, en el camino me voy quitando la ropa —. Te vas a portal bien con ella, ¿Verdad?
Para las orejas escuchando, aquellos ojos enormes de color azul me miran, no sé cómo interpretar eso.
—Eres un buen chico, Drogo, por supuesto que te vas a portal bien. —aseguro.
Buen chico, ni él ni yo lo somos.
Preparo todo con ansiedad porque llegue el fin de semana, todavía faltan dos días, sin embargo, aprovecho para afeitar la leve barba incipiente, volviendo a reír frente al espejo.
Tengo el olor de la vainilla en mi olfato, el viento en la dirección que estaba lo traía a mi nariz, memoricé sus gestos, memoricé más a detalle la altura que ha adquirido con los años, así como los mohines tiernos realizados mientras está triste, me parecen de lo más adorable si bien es cierto, pero no me gusta divisar la tristeza en sus grandes ojos azules, profundos, quisiera tener un poder para borrarla de ella.
Quiero hacer feliz a mi pequeña, que no me sufra.
La desesperación me produce impaciencia, iba a acortar la distancia entre los dos y decirle de una buena vez quién soy para ella, lo que significo en su vida.
Soy un hombre de palabra, por eso me acoplé en lo que había quedado con Richard, esperar hasta la fecha indicada, mientras el pasa más tiempo con su hija.
Llegamos a ese acuerdo, no obstante, él se está volviendo insistente con lo mismo, cuando soy renuente, suelo ignorar sus llamadas, no, yo no puedo dar marcha atrás.
Trabajo un poco, siempre tengo algo que hacer, la noche es cálida en Miami, otros tiempos y tuviera alguna mujer en el departamento. Digamos que me estoy guardando para Melanie, hace un récord largo ya, demasiado para mí.
Tres meses que no toco a nadie, manteniendo la abstinencia.
Tengo claro que esto no va a ser como me gustaría, es la vida real, ella no estará conmigo así por así, le estaré cambiando la vida lo que trae consecuencias.
Sí, estoy limpio, evito buscar mujeres, más eso no significa que la voy a forzar y mucho menos, estará conmigo cuando ella así lo quiera, el día que mi pequeña lo decida, ese día será.
Soy todo, menos un hombre normal, en el momento que jugué de esa manera, dejé de serlo aún más, pero un abusivo, jamás.
Que pase el tiempo que tenga que pasar, sin prisa, ella no tiene esa obligación por más que la ley lo estipule y menos tiene la culpa de mi inactividad.
Sería más desgraciado si la hiciera sentir culpable.
Uno de los escoltas entra en la estancia.
—¿Qué pasa? —respondo en lo que ceno frente al balcón.
—Richard Walker está aquí, señor —avisa el escolta.
Tenso los músculos del cuerpo ante la información. Suelto los tenedores preparándome para enfrentar el problema, bien podría rechazar la visita de mi suegro o que digan alguna tontería como que no estoy, pero no soy ningún cobarde.
—Hazlo pasar —ordeno.
Era lógico que vendría aquí.
Drogo se pone a la defensiva con la llega del desconocido para él, muestra los dientes gruñendo con salvajismo, debo ordenarle que se siente y vuelva a comer. Queda muy a la par de mis piernas, analizando a Richard Walker igual que yo.
No es ni la sombra del hombre que suele ser, ojeroso, se nota más cansado, agobiado.
—Buenas noches, suegro, ¿Qué lo trae por acá? Por favor, tome asiento —saludo cordialmente.
Ignora el ofrecimiento sacándose un fajo de papeles del interior de la chaqueta que lanza sobre el cristal de la mesa en donde reposa la cena.
—¡Tómalos! —señala con urgencia —. ¡Qué los tomes te digo!
Levanto las cejas ante el tono, a Drogo no le agrada, termino poniéndole la correa no vaya a lanzársele encima.
Tomo los documentos, leyendo por encima. Comprendiendo el contenido, me vuelvo hacia su persona, examine.
—¿Qué se supone que significa esto? —inquiero más bien como una queja.
Acorta la distancia a pesar de las advertencias de Drogo hacia su persona, tiene los ojos rojos como si hubiera estado llorando durante horas.
—Lo que lees, ahí tienes todo lo que poseo, empresas, propiedades, todo —enumera.
Levanto los documentos en el aire como si fuera algo que no sirve para mí y lo veo así, porque esto no me sirve.
—¿Qué se supone que voy a hacer yo con esto?
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Editado: 21.06.2026