Melanie
Acido sube por mi esófago, turbación total ronda en mi cerebro, en lo que le doy la espalda al sujeto estupefacto delante de mi debido a la agresividad con la que he reaccionado.
—Melanie, espera —me detiene sujetando mi brazo entre una gran mano suya.
Coacciono sacudiéndome en el proceso, no quiero que me toque, no quiero nada de ellos, ni que me hablen, no merecen que les dirija la palabra.
—¡Suéltame! ¡No te he dado permiso de tocarme, animal! —estoy fuera de sí, respirando por la nariz como toro embravecido.
—¡No te voy a soltar ni ahora, ni nunca! —grita por igual —. ¡Y menos sino me escuchas!
Con la mano libre mi reacción es seguir golpeándolo en lo que lágrimas de frustración se deslizan por mis mejillas.
Cameron vacila con un leve quiebre en su armadura, pero solo parece que solo fue algo de mi imaginación, porque sigue con aquella maldita cara de póker, lo único que hace es tomarme del otro brazo imposibilitando mis movimientos.
Vocifero mil palabrotas con la vista nublada.
—Cameron, suelta a mi hija, por favor, acuérdate lo que te dije —habla Richard.
Endurezco mi corazón ante el tono desanimado, débil con el que se pronuncia, yo no voy a flaquear, él me vendió.
—No ahora —sisea Cameron, perdiendo la paciencia.
Reúno todas mis fuerzas, más se percata del movimiento, entonces llevo el suficiente aire a mis pulmones y grito para dejarlo sordo.
—¡Que me sueltes, psicópata acosador!
Me duelen las cuerdas vocales, me duele la traición tanto que me voy quedando sin fuerzas.
—Oiga, ella le dijo que la soltara —Oliver se interpone entre nosotros, es el único capaz de hacerle frente a este sujeto que se convierte en furia oscureciéndose sus ojos verdes con rabia.
Oliver me aparta, inspeccionando que este bien, cuando me toca, la mano de Cameron vuela hacia la de mi amigo y hermano, apartándola en un pestañeo.
—No toques a mi mujer si quieres conservar la mano —amenaza en un tono frio que cala mis huesos.
La posesión le brilla en los ojos la manera en la que aprieta la mandíbula le da un aspecto salvaje.
—Y usted no le ponga las manos a ninguno de mis niños —interviene Amalia, inmediatamente me refugio otra vez en ella.
Richard está en una esquina llorando desconsoladamente.
De acero, Melanie.
Soy demasiado débil cuando se trata de mi papá, él no vio eso.
—Señora, esto no es de su incumbencia —espeta Cameron, destilando veneno —. Melanie, sube y empaca tus cosas que nos vamos.
—Yo no iré a ninguna parte contigo, a mi nana ni a Oliver le hablas como se te de la gana —esclarezco —. Ni soy tu mujer y tampoco tu empleado para que me des órdenes. Púdrete.
Agrego lo último queriendo decirle más cosas, pero sería malgastar saliva con este espécimen.
Se vuelve hacia a mí con aquellas esmeraldas tan oscuras, este tipo intimida. Doy tres pasos atrás y él cuatro.
—Te venero, Melanie, no sabes cuánto, pero no colmes mi paciencia, pequeña, soy capaz de subirte a mi hombro y sacarte de aquí —sus palabras son una advertencia, mas no me dejo amedrentar, elevo el mentón demostrándole que, en cuestiones de caracteres, si me lo propongo le doy la batalla —. Bien, al parecer no necesitas nada de esta casa, me parece bien, conmigo lo tienes y lo tendrás todo, hasta más. Vámonos.
La prepotencia con la que se expresa, tilda mi sistema de más lava caliente, tanto que lo que retrocedí, lo avanzo hacia el frente y ver a papá sollozar más fuerte, me llena tanto de ira.
—Eso fue lo que pensaron, ¿No? ¡Uno para venderme y él otro para comprarme! —respiro el mismo aliento que Cameron quien ahora posa sus ojos en mis labios, yo espero una maldita repuesta.
—En parte presioné para que se viera así.
Levanto el brazo para abofetearlo de nuevo, retiene la muñeca anulando el espacio entre ambos, peina el cabello que se me salió de la coleta, rozando las yemas de sus dedos en mi piel.
El tacto quema cada poro de mi cuerpo.
—¡¿Y creen que los lujos me importan?! ¡Han jodido mi vida, yo tengo amigos aquí y supongo que tendré que irme y lo que no entiendo cómo me casé si yo nunca firme nada! ¡¿Por qué a mí?! —mis gritos inundan toda la estancia y la nana aparece a mi lado sosteniéndome.
—Cómo eres menor de edad yo tengo o tenía el derecho de firmar por ti y lo hice firmé el acta de matrimonio y demás papeles, ahora Cameron, tiene tú custodia, no sabes cuánto me arrepiento, mi tesoro...
Alejo el brazo de mi padre, centrándome en Cameron.
—No seas egoísta —dejo caer los hombros —, aquí tengo una vida, siempre he vivido aquí, no pensaba ni en casarme, yo quiero seguir aquí, mírame—busco la piedad de quien desborda ternura y algo que no identifico en Cameron —. No me arruines la vida, no me hagas sentir peor, Cameron, soy una mercancía en estos momentos, una que puedes imaginar como averiada o dañada, así no la vas a querer.
Las lágrimas me queman el rostro de tanto llorar, le toco la mejilla suplicándole con el gesto que acceda y se olvide de mí.
Es muy atractivo, de hecho, el hombre más atractivo que conozco en mi vida, sin embargo, esta situación es nefasta.
—No digas eso, pequeña, por más que no lo creas, tu significas todo para mí —quedo en una pieza, el tono le ha disminuido y su voz aterciopelada es un susurro acariciador —. Solo dame la oportunidad de demostrarte lo que podemos ser juntos, que si puedo hacer las cosas bien. Es solo que yo no podía permitirme dejarte escapar.
Sacudo la cabeza, demasiado aturdida, huele un mechón de mi largo cabello castaño, se lo aparto de las manos, sin querer discutir más.
—Lo siento, Cameron, pero yo con un psicópata acosador, no iré a ninguna parte —la expresión que, había suavizado por mí, le cambia a la misma mascara impenetrable anterior. Camino hacia papa, arrodillándome delante de él, tal cual desbastada estoy. —. ¿Por qué? Papá, ¿Por qué? Me intercambiaste, ¿Más importante es tú empresa que tu hija, para intercambiarme, venderme a un desconocido? ¡Esto nunca te lo voy a perdonar! —dicho esto empiezo a correr por las escaleras, escuchando el llanto de mi padre mientras me llama.
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Editado: 03.07.2026