Melanie
La paciencia la tengo escasa y con Cameron en horas he descubierto que solo necesita hacer nada para acabar con ella, como ahora que envés de darme respuesta, se pasea por la habitación como si nada.
Ya la noche ha caído, el leve movimiento de las cortinas deja ver la oscuridad del exterior.
Esta casa es enorme y para recorrerla se toman horas. Una única persona viviendo aquí, ha de estar loco.
—Es nuestra habitación —repite relajado, incluso se quita la chaqueta junto al reloj de mano, también los zapatos —. Suelo dormir del lado derecho, pero si no te gusta, puedo cedértelo.
Se le fundió un tornillo del cerebro o de plano quiere discutir otra vez, no tengo energías, ánimos, nada.
—Dame mi celular, ya veré yo donde duermo si es que puedo congeniar el sueño —extiendo la mano hacia su dirección.
—Vas a dormir aquí —sentencia pellizcándose el puente de la nariz.
—No vas a obligarme a acostarme contigo cuando es lo menos que deseo en la vida —aclaro para que no se vaya a tomar por sorpresa cualquier acción violenta.
Anonadado bufonea por aire, los ojos entrecerrados y la mandíbula tensa, junto a los puños apretados, lo hacen crecer más.
—¿Crees que yo haría eso? —inquiere ofendido —. Tienes una idea muy errónea de mí, ¡Yo jamás forzaría a nadie para que se acueste conmigo! —eleva la voz como si el tema le afectara.
Paso saliva.
Okay, respira, Melanie, respira. No voy a culparme por una reacción natural de mi parte, aquí no conozco a nadie.
—Quiero que entiendas algo —con sus dedos me levanta la barbilla, inclinándose para poder verme mejor, rodeo su muñeca, lista para alejarlo —. No pasará nada que tú no desees, me ganaré tu corazón, Melanie, más nunca vuelvas a siquiera insinuar que soy capaz de abusar de alguien.
Me libera del agarre recogiendo los zapatos, se pierde con la apariencia totalmente diferente de la que ha proyectado a lo largo del día.
Sin darle importancia, dejo caer el trasero sobre el colchón. Estoy tan agotada.
El peso en mis hombros disminuye solo un poco, sin saber porque, tengo la certeza de que nunca va a forzarme, sin embargo, yo no confío en él.
Sale colocándose una playera.
No lo busco, él sí.
—Sería un hipócrita al decirte que, si sé lo que te pasa, no lo sé, ya aprenderás a amarme. Si te sirve de consuelo, a pesar de que por fin estás conmigo, me hubiera gustado que esto fuera diferente.
Es mi oportunidad para llevarle la contraria. Ya tengo pocas energías, el peso de la tristeza arropa mi corazón.
—Bien pudiste hacerlo y no hacer las cosas como un jodido psicópata —reviro, cruzando las piernas, lo reto, me divierte ver como se enoja y pierde el control.
Por mí que se estrelle contra la pared.
—No soy un psicópata —refunfuña, apretando los puños —. No tenía otra opción.
Finjo que no le interesa lo que tiene para decir. Paso los dedos sobre el colchón.
—Tus acciones dicen lo contrario —me acomodo el cabello tras las orejas —. Siempre hay otras alternativas que no sean dictatoriales.
Cameron lanza la toalla con la que se secaba las manos al mueble más cercano.
—Dime una sola cosa, Melanie —levanta el dedo como señal —. ¿Te habrías fijado en mí?
Lo sopeso durante unos minutos que me tardo en analizarlo.
Cameron es muy guapo, extremadamente atractivo, de buen porte, de facciones hermosas. Me gustan los chicos más mayores que yo, que sepan lo que quieren. Pero...Cameron arruinó todo.
—No podríamos saberlo porque no lo intentaste —opto por responder —. En fin, necesito privacidad, un espacio, ¿Me voy o te vas?
Cameron ahoga un gruñido exasperado mordiéndose los nudillos.
—Ni lo uno, ni lo otro.
Da la espalda, respirando con rapidez, los músculos tensos hacen saber que tan molesto está.
Dejo caer el peso de todo mi cuerpo contra el colchón, agotada, me siento sin fuerzas, turbada, vacía.
Tocan a la puerta donde Cameron se mueve a abrir, se hace a un lado para permitir el paso, primero entra una señora que ha de tener un poco más de edad que mi nana, algunos cincuenta, de rasgos amables y aura más pasiva que el psicópata acosador.
—Nana —Cameron se posiciona detrás de ella, tomándola por los hombros —. Ella es Melanie mi esposa, Melanie, ella es Christine, el ama de llaves y la mujer que me crio junto a mi madre, después se hizo cargo de mi desde el momento en que faltaron.
Christine disimula muy bien la consternación, viniendo a donde estoy.
—Es gusto, señora Melanie —parpadeo —. Haré todo lo que esté a mi alcance para que se sienta bien.
Aparenta que no cree nada de lo que está pasando.
Me resulta loco que me traten de señora, ella podría ser mi madre o no sé qué más.
Sostengo el saludo que me ofrece, sonrío, pero esto termina en una mueca.
—Solo Melanie, por favor —pido —. Gracias, señora Christine.
Sus manos ya maduras, ahuecan una de mis mejillas con absoluta ternura.
—Te pido lo mismo, Melanie —asiento, me entra un sentimiento de querer llorar otra vez, extraño mi casa, mi nana, ella me la recuerda —. Eres una joven preciosa.
—Gracias —musito.
Se incorpora, no tuve la educación de levantarme, me siento estoica.
—Pasen —ordena recompuesta, observando de reojo a Cameron, no le doy importancia —. Ella son parte del servicio.
Dice un par de nombres, hay tres de las cuales una me mira mal y ya yo dejé en claro que este matrimonio no lo quiero, más no seré el hazme reír de nadie. Levanto la ceja inquisitiva, luego dirijo la misma expresión hacia su jefe.
—Si gustas podemos ordenar tus cosas —propone Christine.
—No, gracias, ya lo haré yo —una mierda pretendo hacer, se quedarán así.
Tengo la esperanza de acabar con su determinación cuanto antes, así es como terminará mandándome a China.
—Preparen como entrada algo ligero —Cameron empieza a dar órdenes que escucho lejos —. Luego un filete medio hecho, encárgate de la salsa especial, nana, preparen el comedor de este balcón...
#509 en Novela romántica
#11 en Joven Adulto
matrimonio arreglado, melanie cameron allison asthon, magnate new york matrimonio
Editado: 03.07.2026