Casada a mi corta edad

Capítulo 18

Cameron

A mala hora se atraviesan en el camino personas de las que ni siquiera recordaba su rostro, amargando la noche que iba tan amena, así como lo que he logrado avanzar con mi esposa.

Melanie cruza los brazos, mantiene la cabeza altiva, estudiando a quien quiere minimizarla más ella no se deja algo que me engatusa y causa estragos que son propios de ella.

En medio del disturbio de la situación, solo puedo tener ojos para Melanie.

—Yo te he visto en algún lado —piensa la persona frente a nosotros —. ¡Claro! Eres Melanie Walker, ¡A quién vimos en la revista aquella vez en el spa!

Hago memoria para caer en cuenta que es con quién salía en los tiempos que mis ojos tuvieron el honor de ver a Melanie por primera vez.

Karina...no, Karla...es Kathy, ese es su nombre, me había olvidado de eso.

—¿Quién eres? —insiste Melanie con expresión neutral.

A quién ya identifiqué, endereza la espalda. Odio estos momentos, es obvio que el mundo entero y más quienes son del medio artístico, empresarial, lo que son el foco de los medios están al tanto de mi relación con Melanie.

Solo son actos para molestar.

—Kathy Watson —pasea una mano sobre mi antebrazo desnudo, aparto su toque —, fui novia de Cameron.

¿Novia?

Le doy mi mirada más fría haciéndola retroceder.

—Nunca fuiste mi novia —aclaro en ambas partes.

Si yo no fuera tan observador, creería que Melanie está relajada ante la situación, no lo está, por el contrario, está molesta, el ceño fruncido con la ceja levantada lo dice todo.

—Es normal que ya hoy en día no pongamos título, total, nadie tiene que saber que pasa a puertas cerradas —insinúa, dando pasos al frente.

Hace de cuenta que Melanie no está presente, cosa que me toca los cojones.

—Te voy a pedir...—advierto.

—Lo que tú quieras —interrumpe Kathy.

Va a tocarme de nuevo, Melanie se mete entre ambos, Kathy en sus altos tacones se tambalea, Melanie eleva más su ceja.

—Es suficiente —sisea —. Respeta que no estoy pintada en la pared.

No quiero que Melanie pase por esto, le pongo las manos en los hombros, se sacude sutilmente, dándome un golpecito en los dedos.

Mierda, quiero que la tierra se abra y se trague a la aparecida.

—¿Tú quién eres para hacer eso? —pregunta la morena enfrente nuestro —. Yo soy...

Melanie pierde la poca paciencia que le queda, el resoplido es otro de sus señales de enojo.

—Yo soy su esposa —la corta, expandiendo un silencio —. Y no te pido, sino que te exijo respeto, tenlo también por ti.

La susodicha en frente explaya los ojos.

—Ya escuchaste a mi esposa, hasta nunca —sujeto la mano de Melanie aun cuando se resiste, tiro sutilmente echando los dos a andar de vuelta a nuestro vehículo y dejando atrás a quién llegó solo para molestar.

Melanie es la que camina más rápido, siento su respiración acelerada.

—No imaginé nunca que te casaras con quién dijiste indirectamente que era más fea que yo —sueltan tras nosotros, Melanie detiene los pasos. La vuelvo a ver con toda la ira posible y con ganas de retorcerle el cuello por víbora —. No me miren así, eso fue lo que dijo, "Tu eres más hermosa" me acuerdo como ahora, ¿O no fue así, Cameron?

Melanie clava las uñas apretándome la mano con todas sus fuerzas, le mantiene la ceja alzada a Watson.

Haré que esa mujer se arrepienta de esto.

—Ve a tu casa, querida —sugiere Melanie —. Deja de intentar causar problemas en mi matrimonio, lo pasado, pasado, ¿Captas?

Murmuro algo por lo bajo, ahora es ella quien tira de mí. Una vez desaparecemos de la vista de todos bajo el gran árbol, Melanie me suelta, insisto en caminar de la mano y me gano otro golpe.

—Yo no sabía que esto iba a pasar, pequeña.

Baja las cejas, solo deja que sus facciones sean serenas.

—Ni que fueras adivino —ironiza —. Quiero irme a la casa.

Abre la puerta del deportivo entrado, la cierra casi machacándome los dedos, tras un suspiro, le sigo entrando al piloto donde enciendo el motor tomando la ruta trazada.

El silencio es insoportable, extiendo los dedos para poner algo de música, a Melanie le encanta.

—Apaga eso que me duele la cabeza —masculla antes de que siquiera toque la pantalla.

—Pequeña —tanteo.

—Luego —zanja.

El camino a casa se hace eterno, tétrico e incómodo, tan insoportable que termino enojado yo también. Apenas se alzan LAS rejas, doy un giro de noventa grados y meto el auto sin mirar al lugar que le corresponde.

Melanie no espera que apague el motor cuando ya está fuera, la sigo tan pronto como ubico todo.

Drogo la recibe más caluroso, ella le besa la cabeza dándole un abrazo que Drogo a medias corresponde ya que se precipita hacia mí y sus noventa kilos logran moverme un poco.

Pequeño traidor.

El perro nos sigue escalón por escalón.

—Melanie —intercepto delante de ella, resopla sin intentar nada —. Habla.

Sus ojos azules me enfrentan planos, en el fondo de las pupilas yace el enojo.

—¿Qué quieres que te diga? —se recuesta en la pared.

Entro los dedos entre mi cabello. Qué maldita situación, yo no sé lidiar con esto.

—Lo que sea —increpo —. Estás enojada y es visible.

Drogo nos mira a los dos, sentado sobre sus patas en el espacio que sobra de separación.

—Es una situación incómoda, Cameron, ¿Me voy a encontrar con cuántas novias tuviste cada vez que salga a la calle y van a estar restregándome lo de ustedes? —más que una pregunta es una observación. Melanie suelta el aire que retenía y el color rojo le cubre la piel.

Tengo que ser honesto.

—No fueron mis novias —vuelvo a repetir —. Si aparecen no le des importancia como ahora, ignóralas tal cual lo hiciste con Watson.

Se rasca la sien, colocándose las manos en la cintura.

—Encima recuerdas su apellido, ¿No? —sacude la cabeza —. Creo que esto va a ser imposible —nos señala.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.