Casada a mi corta edad

Capítulo 19

Melanie

Es cierto que no llevo la vida de antes más cuando uno de mis mejores amigos nunca más me volvió a escribir o responder algún mensaje a pesar de que yo le he dejado varios soy como invisible para él y duele, aunque mis sentimientos van cambiando a pesar de lo que me propuse no sucedería.

He perdido y en mucho. Ya no puedo ver a Nick como antes, como el chico que me gustaba y era absolutamente normal que eso pasara, habíamos crecido casi juntos.

Termino de realizar la tarea para así finalizar la jornada de clases de esta semana. Drogo está juntando con un juguete en el mismo espacio que yo así que, aburrida salgo de la biblioteca viendo la casa.

Es bonito, algunos cuadros perdidos debido a la iluminación y las cortinas, así se requieran espesas privan a la casa verse tan hermosa por dentro como por fuera.

—Christine —entro a la sala que ella siempre usa.

A pesar de que Cameron suele decirle que no trabaje más que supervisar los quehaceres de la casa, esta mujer no sabe estar sin hacer nada, siempre se está moviendo.

—A tu orden, querida.

—Por milésima vez, Chris, deja de tratarme de ese modo —me quejo.

Eleva los brazos en señal de paz, asegura que lo intentará, sé que fallará, es su costumbre.

—Dime que se te ofrece —pide.

—¿No hay más cortinas en esta casa? Hay algunos muebles que están de cambios de diseño, por ejemplo, este color no le va a este —tomo como muestra la estancia de la sala de té.

—Si hay, ven y te muestro —camino tras suyo con Drogo pisándome los talones y gruñéndole a cada empleado.

Hay un cuarto que es donde se guardan todas las sábanas, todo lo que tenga que ver con telas.

Me muestra la sección de cortinas, algunas son desde cuándo la señora Clarette vivía, evito tocar las más especiales, las que voy a usar las echo en un canasto gigante.

—¿Hay máquina de cocer aquí?

—Eso no.

Pienso.

Saco el móvil buscando el contacto de Cameron escribiéndole.

¿Estás?

Dijo que podía hacer lo que quiera, estoy aburrida, ya no tengo nada más que hacer por hoy.

Para ti siempre, pequeña, ¿Qué necesitas?

Es un tóxico que resultan tan...no lo digas. Más me gusta como es conmigo.

Necesito una máquina de coser y los mejores hilos que puedas encontrar, de todos los colores.

Arrastro el canasto que Drogo empuja con el hocico, después se sube en uno de los sofás donde me siento.

La cabeza del canino descansa en mi regazo buscando mimos. Amo a este perro, ya no veo el día sin él, gruñón y todo, es mi bebé.

¿Necesitas algo más?

Leo, quizá algo de tela para acompañar a las cortinas con algún decorado.

Me ayudarían unas telas chinas en de la gama beige neutral.

Cameron, 12:39 PM

Ya hice el pedido, pequeña, llegará en una hora. Buen provecho.

Melanie: 12:41 PM

Gracias, Cam. Feliz almuerzo para ti también.

Cameron, 12:42 PM

Te amo.

Bloqueo el móvil yendo a comer con los empleados. Son tímidos conmigo, me ven como su jefa, no obstante, trato de que se relajen, no soy ninguna tirana.

Todo lo que pedí llega, los escoltas revisan las cajas y paquetes.

Reviso las habitaciones de abajo y escojo una de las más grandes en donde montar mi pequeño taller sintiéndome como una niña a quien le entregan juguetes nuevos.

Las telas que llegaron son preciosas, que decir de la variedad de colores que tienen los hilos, así como la máquina, ¡Es la máquina! Cameron no escatimó en gastos para cumplir mi petición, es la mejor maquina que hay en todo el continente americano. La presión, tiene varios ensartadores inmaculados, desde el más grande hasta el más fino.

Drogo viene de su comida haciendo que los empleados le abran paso, le pongo un monitor con muñequitos y un gigante cojín donde deja el gran cuerpo que se carga haciéndome compañía en las siguientes horas que paso remodelando y diseñando con emoción el cambio de imagen. Lo haré por partes, la sala es lo primordial, hay que mover algunos muebles.

Con la ayuda de algunos empleados, logro cambiar las primeras cortinas y para no ser una profesional, quedaron hermosas, que hermosas, preciosas. Las hice yo y las remodelé yo.

Alguien me baja desde atrás, por el revoloteo de Drogo sé que es Cameron desde hace un minuto, ya fue y lo saludó, ahora corretea por la estancia, añadiendo el inconfundible olor de su perfume, es difícil, casi imposible que no lo note.

Dejo que me baje, sin embargo, mis pies no tocan el piso porque se las apaña para darme la vuelta y entonces, besarme sin que respire como un necesitado.

Correspondo. Besar a Cameron es como si comiera el postre más delicioso, esos de los que no te cansas y pese a haberlo comido antes, te sigue sabiendo igual o más exquisito.

—Buenas tardes, Cam —le agarro el rostro.

Siempre quedo sorprendida por el impacto tan intenso que tienen sus ojos solo cuando están sobre mí.

—Buenas tardes, pequeña —está robándome otro beso mucho antes que pueda completar la oración —. ¿Qué vas a hacer hoy por la noche?

Quedo sobre mis pies. Le lanzo una interrogante, insiste mediante ademanes. Froto mis palmas.

—Nada, estoy de vacaciones por la semana santa —contesto.

Somos interrumpido por el personal que nos trae algo de masticar, no estamos casi nunca del todo solos, Drogo es un cachorro que muy pocas veces está en su habitación, casi todo el tiempo nos está acompañando o a mi, o a Cameron.

—¿Por qué no salimos? —pregunta Cameron de manera casual.

—¿Por qué no? —respondo animada.

El plan es genial por donde lo vea, sin contar con que a mí me gusta divertirme.

—Terminamos esto y subimos a alistarnos —concluye.

Lo noto más animado, como si tramara algo, por más que lo interrogue sé que no va a soltar una sola palabra.




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