Melanie
Algo definitivamente esta pasando, Cameron se la ha pasado desde que salimos del hotel mirando por el retrovisor junto con los escoltas, el traje lo tiene fuera de sitio, el cabello alborotado sin que pueda estar dos segundos sin desplazarse los dedos por este.
También estoy incomoda, cómo si alguien no estuviera observando.
Los zapatos me molestan ya, saco los pies de estos, sintiendo el cuero de la alfombra de los pies bajo las plantas.
—¿Me vas a decir que esta pasando? —le pregunto, recostándome sobre su pecho.
Este hombre huele tan bien que no puedo evitar inhalarlo cuando estoy cerca.
—Es por el atentado, tengo miedo de que algo te arrebate de mi lado —suelta un profundo suspiro agobiado,
Se me hace que es algo más, sin embargo, noto a Cameron tan tenso que no quiero enfrascarnos en una discusión que lo ponga peor, tiene mucho estrés.
—Estoy aquí, mírame y respira —le peino el cabello hasta que concentra sus ojos en los míos.
Desplaza la mano hasta mi nuca, afianza un agarre ahí, el pulgar pasa por debajo de mi oreja, esa caricia que dibuja tiene un efecto muy diferente al que imagine.
—Yo doy mi vida por ti, Melanie, nunca voy a dejar que te lastimen —afirma, con toda la convicción posible, hasta lograr que me sienta el triple de segura que siempre estoy con él.
—Lo sé —admito.
Nunca me vi siendo tan amada en los ojos de otro hombre que no sea mi padre, ni tan protegida. He sido testigo de los esfuerzos que realiza para tenerme feliz. Moldea su agenda a la mía sin ninguna queja, Cameron siempre esta cuando lo necesito.
Une sus labios con los míos que los recibo, gustosa, siento un cosquilleo descender por mi vientre bajo hasta concentrarse en una parte que me pone muy traviesa y deseosa.
La casa al fin nos da la bienvenida después de lo que parece un camino eterno por toda la tensión acumulada, Cameron baja primero, extiende la mano para que la sostenga, le muestro mis pies al pasarlo al frente con toda la disposición de caminar sobre el asfalto frio.
No logro lo que estaba pensando porque me levanta entre sus fuertes brazos y yo suelto un grito de sorpresa y alegría.
—Te puedes enfermar con este rocío —se justifica.
—O no será que amas tenerme entre tus brazos —reviro.
—Me descubriste —confirma.
Todos están durmiendo para cuando entramos, recorriendo en largo pasillo de la parte superior, en serio, esta casa es enorme, diez habitaciones, es un lujo, me imagino que los padres de Cameron la construyeron con el sueño de tener una gran familia. Murieron tan jóvenes que, de no haber sucedido esa desgracia, lo habrían logrado.
Miro a Cameron, concentrado en avanzar, luego las paredes y nos analizo a los dos visualizando un futuro, de la nada a mi mente llega la imagen de un mini Cameron o una mini yo, correteando por la casa.
—Cam —le llamo.
—¿Sí? —responde.
—¿Alguna vez imaginaste como seria tener una familia? Es decir, hijos, esposa.
No se de donde surge esa pregunta, solo tengo curiosidad.
—Desde que me enamore de ti, quiero unos seis hijos —confiesa muy seguro.
Yo abro los ojos como platos.
—¿Seis? ¿Te volviste loco? No nos va a alcanzar el tiempo ni para respirar —sacudo la cabeza, riendo.
El no lo hace y eso si que me deja más atónita.
—Contrataríamos las niñeras que fueran necesarias, quien dijo que los vamos a tener uno atrás de otro.
Le doy un pico en los labios, antes de que atraviese la puerta conmigo.
—Estas muy chistosito —le zarandeo la nariz —. Yo quiero un par de mellizos.
Lo digo de manera muy espontanea. Me gustaría un nene una nena así, ya tengo a quien ponerle parecido y serían los bebes más lindos del mundo.
—Fácil —me deja lentamente sobre la cama mientras habla y masajea las puntas de mis pies, no se porque sus caricias me resultan tan placenteras —. Tres embarazos de mellizos, no seria difícil, siempre te deseo y quedarían al instante.
Es que no puedo evitar imaginarme embarazada con sus comentarios, tendría una barriga gigante y comería por veinte.
Luego también caigo en cuenta de que estoy asumiendo que imagino todo mi futuro junto a Cameron.
—¿Me bajas el cierre del vestido? Por favor —señalo mi espalda.
Se saca la chaqueta que deja sobre el buro y luego me pongo de pie, dándole la espalda. La respiración de Cameron la siento en la oreja y la nuca cuando me echa el cabello hacia un solo hombro, entreabro los labios e instintivamente muevo el cuello hacia un lado dejándolo al descubierto donde presiona sus labios húmedos. Realizo un pequeño ruido de afirmación.
Se entretiene con mi cuello, besándolo una y otra vez, pequeñas mordidas que instan a pegar mi cuerpo al suyo, esto se siente genial.
El toque de sus dedos pasa por toda mi espina dorsal a medida que desplaza la tela del vestido fuera de mi cuerpo ahora con el lóbulo de mi oreja entre la tibieza de su boca.
—Mel, ponme un alto, por favor, sino lo haces esto va a llegar a la intimidad.
No sé cómo hacerlo, porque yo quiero esto y tampoco tengo idea de cómo expresarle mis peticiones. Giro sobre nuestros ejes, el vestido está abierto tras mi espalda y yo frente a Cameron, respirando por la boca, siento que tengo los parpados pesados en lo que lo miro sin decir una palabra.
Pasa lo que es una eternidad, mis zafiros sobres las esmeraldas dilatas.
Todo pensamiento es interrumpido cuando la boca hambrienta de Cameron me devora con ímpetu, a la vez que yo aferro las manos en sus hombros siguiéndole el ritmo devolviéndoselo con la misma intensidad.
Me toma por las caderas acercándome más eliminando todo pase de oxígeno entre nuestros cuerpos, provocando que de mi garganta brote un gemido, al sentir en lo bajo de mi vientre su erección.
—Siente —susurra con voz muy ronca.
Mi única respuesta es gemir sobre sus labios, porque no se como es que logra tenerme así sino me está tocando todavía tan íntimamente.
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Editado: 03.07.2026