Casada a mi corta edad

Capítulo 24

Cameron

Despierto por sentir un cosquilleo en mi cuello. Al abrir los ojos inmediatamente sonrío, los recuerdos de anoche golpean mi memoria, aunque no es tan necesario pues dormí como un pequeño bebé. La tuve y la tengo en mis brazos, ahora sí puedo decir con total derecho que es mi mujer. Mía.

La satisfacción que me embarga es una que no puedo describir con palabras, nada de lo que vivimos lo puedo expresar, sin quedarme sin aliento.

Sí, sé que soy muy posesivo, eso no lo niego, nunca ninguna mujer se clavó en mí corazón como Melanie. Y cuando digo ninguna, es nadie, por más camino o pasado que haya tenido con quien sea.

Hasta decirlo ofende, Melanie no tiene comparación, hay algo, no sé el que, pero eso me dice que ella nunca va a hacerme daño. Es mi lugar seguro en el mundo, es mi fortaleza y siendo más alto y con más experiencia, siento que estoy a salvo si solo ella está conmigo.

Tal vez para el mundo soy frío, y lo es, porque fuera de una estancia donde no esté mí mujer, no hay nada ni nadie que me pueda dar la calma que yo necesito.

Quedar huérfano, sin que nadie se preocupara más que por mi fortuna, los vicios, la influencia de cierta persona que no tiene caso mencionar, ni de quien vale la pena hablar, me hizo crear ese caparazón donde solo importaba yo. Llego Melanie y yo sin pensarlo daría mi vida por la suya.

Por eso estoy tan preocupado, no hay indicios, no se ha visto a nadie rondar por aquí, ni en ningún lado de nuestros allegados, que son nada más que Jack, Cristine, Richard y Amalia, junto a las amigas de Melanie.

Dirijo nuevamente mi mirada a mí mujer, el cabello alborotado y regado en la almohada, su mano en mi pecho, sus piernas entrelazadas con las mías sus ojos cerrados y la boca levemente abierta, por encima de la sabana que se acomoda sobre su figura, se resalta el arco entre su cadera y la cintura.

Podría pasarme mil años observándola y jamás me cansaría, no puedo decir cuál es mi parte favorita de su cuerpo, porque yo amo cada porción de pie, cada lunar para mi es especial, así como el que tiene sobre uno de sus glúteos, en lo bajo del abdomen, no importa.

También te amo. Su voz un tanto adormilada llega a mi mente y sonrío feliz, el pecho se me hincha de tanta felicidad ella me ama, como yo a ella. Le demostraremos al mundo que el amor no tiene edad, que el amor no solo es esperar que llegue por sí solo, el amor se busca, el amor se lucha, se conquista, se corteja, se protege. El amor es más que decir te amo, es demostrar día a día que esas simples y cortas cinco letras tienen significado.

Que el matrimonio no solo es decir estamos casado. El matrimonio es apoyo mutuo entre los involucrados, el matrimonio es felicidad, tristeza, enfermedad, salud. Es lo que estoy dispuesto a lograr en nosotros y demostrar día tras día que yo doy mi vida por Melanie, que es mí luz y es esa luz que también me puede llevar a la oscuridad.

La fricción de su cuerpo junto al mío siempre tendrá todos los efectos catatónicos que existe. El roce de su pecho sobre mis pectorales despierta una parte del cuerpo que se muere por volver a estar dentro de ella, sin embargo, deseo sorprenderla y es por ellos que lentamente voy desasiendo nuestro enredo de telas y pieles hasta salir de la cama.

—Cameron —protesta adormilada, pero inmediatamente vuelve a su siesta. Mi sonrisa se ensancha debo de parecer idiota sonriendo, pero ¿qué puedo hacer si no es esto? Piensa en mí hasta dormida y es algo que me llena de felicidad.

Coloco mi pantalón de pijama, pantuflas y bajo a pasos rápido las escaleras de la casa, estoy feliz, hoy no tengo ganas de matar a nadie. Eso es estupendo.

Al entrar a la cocina, encuentro a Jack revisando en su computador.

—Jack —saludo palmeándole el hombro.

Es bueno verlo, tenía unos días sin verlo, se ocupa de todo.

Aparta la mirada de la pantalla. La chica que le servía el café se queda mirándome, con un ademan le digo que se retire, apenas si se percata de lo que hace.

—Buen día, Cameron.

—Buen día, viejo.

Con él no se me dan los formalismos, ni ser duro, siento tanto respeto por Jack que si el habla, yo callo.

—¿Lo trajeron intacto? —inquiero moviéndome por la cocina.

Esta la maneja el personal bajo la supervisión de Christine, por lo que voy a adivinar donde esta cada cosa en mi propia casa.

—Si, dame unos minutos —veo que habla por una radio y un minuto después aparece uno de los chicos por la puerta con ello.

—Buen día, señor Danielson, señor Jack.

No lo miro, solo le quito el cuadro, Jack le da un asentimiento y este se retira.

—Estupendo.

—Es una buena elección —apremia Jack —. Quería decirte que dudo la policía pueda avanzar en lo del atentado que les hicieron en el caribe, no hay nada y eso me tiene muy preocupado.

—¿Para qué mierda están entonces? —bramo.

—Cálmate, así no vas a lograr nada, Cameron, necesitas pensar con la cabeza fría —aconseja Jack.

Hemos repasado mis posibles enemigos, revisado cámaras, interrogado a personas, no hay indicios porque a esa hora muchos dormían o veían una película.

—Yo no puedo perder a Melanie, Jack, si solo le sucede una cosa, voy a acabar con el mundo. —es una seguridad, un decreto lo que he dicho.

Se va ella y me voy yo para siempre.

—No va a pasar, te doy mi palabra.

Retomo lo que hacía, pensativo, tengo un mal presentimiento, cada vez que siento algo similar, pasa algo malo. Yo lo sentí cuando me quedé huérfano.

—Ve a casa, Jack, necesitas respirar, puedes ir con tu familia, me saludas a tu esposa, hijas e hijo —concedo, se me olvida que tiene casa y una familia —, Jake va muy bien en el trabajo, estoy satisfecho.

—Te dije que no te defraudaría jamás, es mi hijo —tercia, Jack a pesar de su trabajo los educo muy bien —. Muchas gracias, me encargaré de dejar el escuadrón bien armado, no te saltes las normas, por el amor de Dios.




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