Casada a mi corta edad

Capítulo 25

Melanie

Casi amanece, es todavía de madrugada, por lo tanto, las llamadas así me asustan, no soy capaz de hacer de cuenta que no suena nada, siempre estoy a la expectativa de si sucede algo, lo primero que pendo es si alguien que quiero se accidento, evocando lo de mi madre.

Pero no estaba preparada para que mi querido esposo tenga sus cambios de humor y me hable como si fuera uno de sus empleados.

—No sé quién piensas que soy, Cameron, pero a mí no me hablas así —puntualizo en el mismo tono.

Todo estaba bien, hace solo unas dos horas estábamos felices en los brazos del otro, afianzando ese vínculo que hay entre los dos, no lo entiendo.

—Solo te estoy diciendo que te vayas a dormir —rectifica, dejando el móvil en la mesita de noche, yo estoy sentada en la cama.

Me encantaría poder saber que hay detrás de esa misteriosa llamada que vino a arruinar los días felices que hemos pasado entre besos, abrazos, películas y dulces palabras de amor.

Esta el tono de orden que odio use conmigo, yo no soy su marioneta ni ningún robot que acatara sus órdenes.

Respiro profundo llenándome de paciencia la cual necesito todos los días con este hombre.

Sus constantes cambios de humor desestabilizan a cualquiera.

—Te calmas y me explicas que está pasando, sino quieres no te voy a obligar, pero me gustaría que manejaras tu carácter para conmigo —trato de mediar entre nosotros.

Honestamente no quiero que lo que ha surgido, todo lo que ha pasado, lo compartido no se vea empañado por las sombras que hay entorno a su vida. Quiero ser sensata, porque si esta relación se acaba o se destruye, yo voy a estarlo por un largo tiempo.

—No estoy haciendo nada, este soy yo y si no te gusta, tu problema —suelta pateando el mueble.

Que le den por imbécil, ojalá se haya roto las uñas y así aprende a no ser un patán.

—Vete a la mierda, Cameron, lo intente y lo cagaste todo —escupo igualmente de alzada que él.

Yo no cojo esa, puede ser una especie de dios del olímpico, pero su mal genio lo arruina todo.

—Solo necesito silencio —le baja al tono, pero ya yo estoy cabreada.

Le doy la espalda sin reparar si se lastimo o no, me preocupa, pero si Cameron cree que me voy a arrastrar atrás de él, está muy mal de la cabeza. Retengo a mis instintos, esos que se preocupan por él. Me llevo las sábanas a la barbilla y apago la luz de mi lado.

No vuelvo a dormir durante la próxima media hora en la que finjo hacerlo, pero hasta un niño se daría cuenta de que no lo estoy haciendo. Su respiración es pesada, es lo que llena el silencio.

He notado el mismo comportamiento dos veces ya, en el atentado y ahora, se cierra cada vez que tiene un problema, no sabe manejar sus emociones y termina afectando a los demás.

El peso de su cuerpo hunde el colchón cuando vuelve a la cama, la temperatura fría de su cuerpo se pega al mío caliente, desplaza una mano en m cintura y no me muevo, estoy despierta y él lo sabe, así que no insiste en que le devuelva la caricia, solo me abraza con un ímpetu que me transmite muchas cosas.

No sabe expresarse con palabras, más si con acciones, le teme a algo.

—Perdón —dice después de otro largo silencio.

Lo prolongo, organizando mis ideas, soy también alguien sin filtro que a veces dice lo primero que llega a la mente, sin embargo, esto se trata de mi vida, de mi matrimonio el cual no quiero que se vaya al carajo. Recuerdo lo que dijo el sábado, hay muchas cosas que necesita aprender y de las cuales es un novato.

—Tienes que aprender, Cameron, que no todo se resuelve con una disculpa, que las palabras hieren más que las acciones y que yo, tengo un límite, no soy una marioneta ni un trapo al que le hablas como quieres. —aclaro.

—Nunca he dicho eso, ni lo pensaría —argumenta.

—Tus acciones demuestran lo contrario —rebato —. Yo soy tu esposa y merezco lo que debidamente indica, prudencia principalmente por ti.

Tengo muy claro que se trata de algo más, no es un noviazgo, esto es una relación demasiado seria ya, debemos ambos usar la sensatez si queremos cumplir con lo prometido, el específicamente tiene unas promesas muy claras para conmigo.

—Lo entiendo —admite —, tratare de cambiar eso.

—Te quiero así, tal y como eres, sería muy egoísta y cruel si intentara cambiarte, solo que cada ser humano debe saber manejarse.

Jamás desearía que fuera otra persona, eso representaría que se pierde la esencia del Cameron del cual me enamore y no es lo que yo quiero.

—A mi edad no creo que cambie —bromea, ciertamente lo logra, medio dejo escapar una risita —. En serio, si es por ti lo hago sin dudar. Me esfuerzo en ser un mejor ser humano por ti.

Suspiro, cuando dice estas cosas o hace sorpresa como la de las promesas y compartimiento de anillos, me derrite, soy una total gelatina por lo que siento por él. Me mantiene bien abrazada,

—No seas bobo, eres muy joven —increpo, me tiene muy abrazada —. ¿Sabías que tu edad es una de las cosas que más me gusta de ti?

Desde que entre en la adolescencia, me sentí siempre más atraída por los chicos más grande, no sé porque, la edad muchas veces es solo un número que no define todo, sin embargo, los hombres mayores destilan un aura eclipsante y son como más seguros de sí mismos, en mi concepto.

—Ah si, ¿Mucho?

Se torna seductor, una parte de Cameron que solo quiero ver conmigo, jamás con otra mujer es imposible casi resistirse a sus encantos.

—Demasiado —musito.

—A mí me prende que te guste,

Como si no lo sé, lo tengo bien despierto entre mis nalgas.

Lo húmedo de sus labios se posan tras mi oreja, desciende por mi cuello, hombros, al tiempo de que sus escurridizas manos se pasean entre mis piernas, nalgas, pechos y mi zona intima que esta más que húmeda, la que se intensifica con sus caricias. Me muerdo el labio.

Siempre me busca, encuentra nuestras bocas con un beso ardiente que le correspondo mientras se posiciona sobre mi frotando nuestros sexos.




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