Casada a mi corta edad

Capítulo 28

Melanie

Contrario a lo que me dispuse, no logré dormir, lo esperé más pasadas de las horas contadas, casi al alba, vuelve, siento sus movimientos y el colchón el peso de su cuerpo.

Cada vez que cierro los ojos, los recuerdos vienen a mi mente, he dudado del miedo, sin embargo, a pesar de eso, no he querido quitarme la sábana de encima.

Espero no volver al estado en el que estaba cuando sucedió lo de mamá, me costó mucho volver a dormir, no ver cada detalle en los rincones.

Se toma el tiempo, lo tengo grabado en la piel y en el corazón como para asegurar que no está bien, que está inquieto y sus respiraciones profundas es un claro ejemplo.

Se desplaza más cerca de mi, seguido, con las yemas de los dedos y el tacto suave que siempre tiene conmigo, delinea con cuidado probablemente el golpe que tengo en la cara, antes de besarme la mejilla tan suavemente, con tanto sentimiento, como si pidiera perdón, ¿De qué?

—Te prometo, que esto no va a volver a suceder —imita la misma posición de como estoy, muy pegado a mi —. Nadie va a separarte de mi lado.

Tiene un tinte de voz preocupante, estaba enojado cuando salió de aquí y los escombros de lo que fue un reloj de pared, es la prueba. He aprendido a detallar a Cameron de manera minuciosa, saber cuándo si o no, sin embargo, ahora parece tener una metamorfosis.

No hago ruido, sigo como si estuviera durmiendo y no lo escuchara tan mal, tan cambiado, solo dejo que me abrace de tal modo que aparenta refugiarse en mí, cuando en realidad lo hago yo.

Encuentro la paz, esa seguridad como si nadie pudiera hacerme daño, porque Cameron me arropa, es mi capa y mi escudo antibalas.

No importa que, ni los problemas, aquí, ahora, este es mi lugar seguro y donde puedo cerrar tranquilamente los ojos sin que algún maleante quiera pasarse de listo.

Entre sus brazos puedo dormir y mi asusta,porque trabajé mucho para soltar cualquier cosa que me haga ser dependiente de una persona. No sé cómo sentirme, pero ahora no quiero pensar en lo que me propuse, solo estar aquí y nunca salir.

***

No sé a qué hora despierto, caí rendida tan pronto el calor de su cuerpo se perpetuo por el mío, alguien me lame la cara, arrugó la frente estirando los huesos, otra lamida, abro un ojo, para terminar de abrirlos los dos.

Drogo, mi bebé canino, tiene la cara sobre la mía, los perros saben y sienten, los perros huelen todo, hasta la muerte, por eso tiene sus profundos ojos negros compugidos viendo mi cara, la cual yo sino quiero ver.

Drogo no sabe ladrar sin que un espacio retumbe, le rasco las orejas.

—Tranquilo —pego mi cabeza a la suya —. Estoy bien, ven aquí.

Poco a poco se echa, hasta que le recuesto la cabeza sobre mi, donde no me lastime.

—¿Dónde está tu papá?

Drogo está incómodo, lo que me pone nerviosa, ellos lo huelen todo, siempre mis abuelos decían eso. Después de lo que me pasó ayer, esa frase me inquieta.

—Estoy aquí —entra al área de la cama.

Trae una bandeja en las manos, siempre evita mirarme a la cara, pero si me besa la frente, indicándole a Drogo que se levante, pone la charola delante de mí.

—¿Qué hora es? —carraspeo.

Solo respiro, no deja que haga nada, acomoda las almohadas, me sienta, me acomoda aquí, allá, va y viene.

Estoy bien, puedo hacer mis cosas.

—Las una —contesta.

—Perdí clases, debiste despertarme —me va a terminar exasperando, que puedo ponerme la servilleta.

—Lo solucioné, nada más importante que estés bien, mi vida entera eres tú, Melanie, no reproches, solo...solo, descansa y siéntete bien, mi amor —implora.

Pocas veces me llama mi amor, quizá sea algo común entre otras parejas, solo lo usa en pocas ocasiones y logra bajar mis barreras.

—Estoy aquí —retifico con ímpetu.

Sonríe de medio lado, no me provoca risa, en verdad, porque no es nada bueno lo que estoy mirando.

—Claro que sí, siempre vas a estar aquí.

Se lleva mis dedos a los labios, besándolos todos.

Juro que me desalma, me descoloca y vuelve a encargarme. Va a terminar por volverme loca, solo dos días, en los cuales no sabes que va a hacer, cuál será su siguiente movimiento, si empezará a gritar.

La ausencia de sus padres, afecto en demasía a Cameron. No sé si alguna vez recibió trato de algún profesional, por cómo se comporta, deduzco que no.

—Yo puedo —aclaro, queriendo que me dé la cuchara.

—De ninguna manera, déjame cuidarte, deja que te mime.

No vale pelearle eso, hará lo que considera mejor.

Todo lo de la bandeja es muy suave para que no me lastime ese lado, pone un plato de comida para Drogo a nuestros pies.

—Come tú también —señalo la abundante bandeja.

—No tengo hambre, todo es para ti —picotea la fruta fresca llevando el tenedor a mis labios.

Cameron come, y mucho, es la primera vez donde no lo hace, al menos que:

—¿Comiste abajo? —inquiero, mete cada cucharada de comida a mi boca, será para que no hable.

Le manoteo.

—Si —dice.

Achino los ojos, ¿Me está mintiendo?

—¿Seguro? —insisto.

Cierra los párpados respirando varias veces. Está contando mentalmente, se calma así mismo, lucha para que sus instintos no le ganen y termine gritando.

—Estoy bien, ¿De acuerdo? —vuelve a preparar los cubiertos —. Ahora come, hay que bañarte y ponerte los medicamentos.

Sus demandas no dan pie a alegatos, termino de comer, agradezco los alimentos en mi estómago, puedo sentirme un poco mejor.

Bajo de la cama cuando se va a dejar la bandeja, aprovecho para ir al baño, cepillar mis dientes, me horrorizó, mi cara se está poniendo morada y el ojo en la esquina yace algo cerrado.

Quizá nadie pueda entenderme en el sentido de verme horrible y sentir que lo estoy, nunca en mi vida me habían pegado, jamás. Suena algo tonto, pero amo mi rostro y ahora, no lo quiero ver.

Deberían pudrirse en el infierno, todos los maltratadores.




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