No pude dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba nuevamente las palabras de Adrián.
«Yo tampoco elegí este matrimonio.»
¿Qué significaba eso?
Me levanté de la cama y miré por la ventana.
La casa estaba completamente en silencio.
Quizás todavía podía decir que no.
Quizás podíamos encontrar otra solución.
Pero entonces recordé las palabras de mi padre.
Podemos perderlo todo.
Suspiré.
No quería hacerlo.
Pero tampoco podía quedarme de brazos cruzados mientras mi familia perdía su hogar.
A la mañana siguiente bajé a desayunar.
Mi padre estaba sentado en la mesa.
—¿Ya tomaste una decisión? —preguntó.
Me senté frente a él.
—Sí.
Mi padre dejó la taza sobre la mesa.
—¿Y?
Respiré profundamente.
—Voy a aceptar.
Vi cómo sus hombros se relajaban.
—Gracias.
—No me des las gracias todavía.
Lo miré seriamente.
—Lo hago por nuestra familia. No porque quiera casarme con él.
—Lo sé.
—Y quiero terminar la universidad.
—Por supuesto.
—Y seguir tomando mis propias decisiones.
Mi padre asintió.
—Te lo prometo.
No sabía si sentirme tranquila o arrepentida.
Por la tarde, Adrián volvió a la casa.
Esta vez no llevaba el traje de ayer.
Vestía una camisa blanca con las mangas ligeramente dobladas y unos pantalones oscuros.
Se veía demasiado tranquilo para alguien que estaba a punto de casarse con una mujer que apenas conocía.
—¿Aceptaste? —preguntó.
—Sí.
Adrián asintió.
—Bien.
Fruncí el ceño.
—¿Eso es todo?
—¿Querías que celebrara?
—No.
—Entonces estamos de acuerdo.
Me crucé de brazos.
—Tengo condiciones.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Te escucho.
—No voy a dejar la universidad.
—De acuerdo.
—No voy a dejar que decidas por mí.
—De acuerdo.
—Y no voy a fingir que esto es una historia de amor.
Adrián me miró fijamente.
—Nunca te pedí que lo hicieras.
—Perfecto.
Tomé el contrato.
—Entonces firmaré.
Antes de hacerlo, levanté la mirada.
—Pero quiero preguntarte algo.
—¿Qué?
—¿Por qué yo?
Su expresión cambió.
Solo un poco.
Pero lo suficiente para notarlo.
—Ya te dije que no fui yo quien eligió este matrimonio.
—Entonces, ¿quién?
Adrián guardó silencio.
—Adrián.
—No puedo decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque todavía no confío en ti.
Sentí que la rabia me subía al rostro.
—¿Y esperas que yo confíe en ti?
—No.
Se inclinó ligeramente sobre la mesa.
—Solo necesito que cumplas tu parte del acuerdo.
Lo miré durante unos segundos.
Finalmente firmé.
Adrián tomó la pluma y firmó después de mí.
El contrato estaba hecho.
Mi vida acababa de cambiar con dos firmas.
—Una última cosa —dijo.
—¿Qué?
—La boda será en dos semanas.
Abrí los ojos.
—¿Dos semanas?
—Sí.
—Eso es demasiado pronto.
—Mi familia ya está preparando todo.
—¿Tu familia?
Adrián asintió.
—Y mañana tendrás que conocerlos.
Mi corazón se aceleró.
—¿Mañana?
—Sí.
Se levantó y guardó el contrato.
—Bienvenida a los Montenegro, Valentina.
Lo vi alejarse.
Y por alguna razón, esas palabras no sonaron como una bienvenida.
Sonaron como una advertencia.
💗 Si te está gustando la historia, sígueme para no perderte los próximos capítulos.
Déjame tu opinión en los comentarios 👀
¿Crees que Valentina tomó la decisión correcta al aceptar casarse con Adrián?
Nos vemos en el próximo capítulo. 🖤✨
#2286 en Novela romántica
#633 en Otros
romance y drama, matrimonio por contrato, enemigos a amantes
Editado: 13.08.2026