Me quedé mirando la hoja.
No podía apartar los ojos de aquella frase.
“El siguiente accidente será el de tu esposa.”
—¿Quién escribió esto?
Adrián tomó el papel de mis manos.
—No lo sé.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y por qué alguien querría hacerme daño?
Adrián no respondió.
Eso me asustó más que la amenaza.
—Adrián.
—No lo sé.
—Estás mintiendo.
Se acercó a mí.
—Esta vez no.
Su voz sonaba diferente.
Ya no estaba tranquilo.
—Entonces dime qué está pasando.
—No puedo.
—¡Deja de decirme eso!
Me alejé de él.
—Estoy cansada de no saber nada. Primero descubro que nuestro matrimonio estaba planeado desde hace años. Después me entero de que estuviste con tu hermano la noche que murió y ahora alguien amenaza con matarme.
Mi voz comenzó a temblar.
—¿Y todavía quieres que confíe en ti?
Adrián permaneció en silencio.
Después se acercó lentamente.
—No quiero que tengas miedo.
—Ya tengo miedo.
—Lo sé.
—Entonces dime la verdad.
Me miró a los ojos.
—Hay alguien que quiere destruir a mi familia.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿Y por qué yo?
Adrián bajó la mirada.
—Porque eres mi esposa.
Sentí un escalofrío.
—¿Y si nunca me hubiera casado contigo?
—Probablemente estarías a salvo.
Sus palabras me dolieron.
—Entonces cometí un error.
Adrián levantó la mirada.
—No.
—¿No?
—El error fue mío.
Se acercó un poco más.
—Nunca debí involucrarte.
Por primera vez vi algo diferente en sus ojos.
Culpa.
Esa noche Adrián no me permitió dormir sola.
—No voy a dormir en tu habitación —dije.
—No te lo estoy pidiendo.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Quédate en la habitación de invitados.
—¿Y tú?
—Dormiré afuera.
—¿En el sofá?
—Sí.
Lo miré.
—No tienes que hacer eso.
—Sí tengo.
—¿Por qué?
—Porque si alguien entra en esta casa, quiero ser el primero en encontrarlo.
No supe qué responder.
Entré a la habitación de invitados y cerré la puerta.
Pero no conseguía dormir.
Una hora después escuché un ruido.
Me levanté.
Abrí lentamente la puerta.
Adrián estaba sentado en el sofá, despierto.
—¿Tú tampoco duermes?
—No.
—¿Por qué?
—Estoy pensando.
—¿En qué?
Me miró.
—En cómo mantenerte con vida.
No pude evitar una pequeña sonrisa.
—Eso sonó demasiado dramático.
—No estoy bromeando.
La sonrisa desapareció.
—Lo sé.
Volví a mi habitación.
Pero antes de cerrar la puerta, escuché su voz.
—Valentina.
—¿Sí?
—Si mañana te digo que te vayas de esta casa, hazlo.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—Porque puede que ya no sea seguro.
—¿Y tú?
Adrián sostuvo mi mirada.
—Yo me quedaré.
—¿Por qué?
Su respuesta fue inmediata.
—Porque esta vez no voy a perder a alguien más.
Cerré lentamente la puerta.
No sabía exactamente qué había querido decir.
Pero aquella frase se quedó conmigo toda la noche.
Y, por primera vez, sentí que detrás del hombre frío y arrogante que había conocido...
había alguien que todavía sufría por la muerte de Gabriel.
Alguien que tenía miedo.
Y quizás...
alguien que realmente quería protegerme.
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Editado: 26.08.2026