Casada con el hombre que odio

La ex

¿Estuvieron a punto de casarse?

Adrián cerró la puerta de su oficina.

—No fue así.

—Eso dijo ella.

—Camila está intentando provocarte.

—¿Y lo consiguió?

—Sí.

Lo miré sorprendida.

—Al menos eres sincero.

Adrián se acercó.

—Nunca me casé con ella.

—Pero querías hacerlo.

—Hace años.

—¿Y qué pasó?

—Terminamos.

—¿Por qué?

Adrián guardó silencio.

—¿También es un secreto?

—No.

—Entonces dime.

Suspiró.

—Porque descubrí que no la amaba.

Me quedé callada.

No sabía por qué esa respuesta me había tranquilizado.

—¿Y ella todavía te quiere?

—No lo sé.

—Parecía bastante interesada.

—Valentina...

—Solo estoy preguntando.

Adrián sonrió.

—¿Estás celosa?

—¡No!

Su sonrisa se hizo más grande.

—Claro.

—No estoy celosa.

—Entonces deja de mirarme así.

—¿Así cómo?

—Como si quisieras matar a Camila.

Aparté la mirada.

—No me cae bien.

—Eso sí te lo creo.

Regresamos a casa por la tarde.

Durante el camino, ninguno habló.

Cuando llegamos, encontré una caja sobre la mesa de la entrada.

—¿Qué es eso?

Adrián se acercó.

La abrió.

Dentro había fotografías.

Todas de Gabriel.

—¿Quién dejó esto aquí?

Adrián tomó una de las fotografías.

En la parte posterior había una fecha.

21 de agosto.

Se quedó completamente quieto.

—¿Qué pasa?

—Esta fue la noche del accidente.

Miré la fotografía.

Gabriel aparecía junto a un automóvil.

Había alguien más detrás.

Una mujer.

No se le veía el rostro.

—¿Quién es ella?

Adrián no respondió.

Le dio la vuelta a la fotografía.

Había una frase escrita a mano.

“Ella sabe la verdad.”

Sentí un escalofrío.

—Adrián...

Él apretó la fotografía entre sus dedos.

—Tenemos que encontrarla.

—¿Quién?

Me miró.

—La mujer de la fotografía.

—¿Y cómo vamos a encontrar a alguien cuyo rostro ni siquiera podemos ver?

Adrián observó nuevamente la imagen.

—Yo conozco esa ropa.

—¿Qué?

—Era de alguien que estaba en nuestra casa la noche del accidente.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿Quién?

Adrián levantó la mirada.

—Mi madre.

Nos quedamos en silencio.

Entonces escuchamos que alguien tocaba la puerta.

Tres golpes.

Adrián tomó mi mano.

—Quédate detrás de mí.

La puerta comenzó a abrirse.

Y una voz conocida dijo:

—No busquen a esa mujer.

Era Victoria.

—Porque si la encuentran...

Hizo una pausa.

descubrirán quién mató a Gabriel.




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