El corazón de Ellie late con fuerzas mientras coloca cuidadosamente el último archivo de vuelta en la caja, asegurándose de que todo esté exactamente como lo encontró. No puede permitir que Dante se entere de que Ellie ha descubierto su secreto, todavía no.
Ellie inhala profundamente, tratando de calmar sus pensamientos acelerados, el plan es arriesgado, pero es la única forma de salir de esa pesadilla. Debe ser inteligente y estratégica, no puede permitirse que su ira o decepción nuble su juicio.
Mientras está allí, en la oscuridad, un ruido repentino la hace petrificar; el inconfundible sonido de pasos que se acercan desde el otro lado de la puerta. Ellie contiene la respiración al escuchar el pasillo deslizarse atrás con un fuerte "Clac".
La puerta se abre de golpe, y allí estaba; alto, imponente, con el rostro como una máscara imposible a la luz intensa que entraba detrás. Ellie lo mira durante un largo momento, y sus ojos grises, tormentosos, son impenetrables.
—¿Aprendiste la lección? —su voz es fría y desdeñosa, como si ya estuviera aburrido de toda está situación.
La obliga a mantener la mirada con la suya, intentado mantener una expresión neutra, a pesar de que su mente está llena de posibilidades.
—Sí. —responde suavemente, bajando la mirada en señal de sumisión. —Ahora entiendo. —
Dante entra a la habitación, cerrando la puerta detrás de sí con un clic deliberado que suena como una advertencia.
—Bien. —
Camina a su lado, dirigiéndose hacia uno de los contenedores apilados contra la pared más alejada.
—Porque no voy a tolerar más arrebatos ni demostraciones de emoción. —
Ellie lo observa con cautela mientras el pasa la mano por una de las cajas casi distraídamente.
—Eres mi esposa —continua sin mirarla. —Eso significa que tienes ciertas... obligaciones que cumplir. —su tono es casual, pero se percibe una amenaza subyacente.
Entonces, se gira para mirarla y por un instante, algo parpadea en sus ojos: algo oscuro y voraz que le eriza la piel. Pero entonces, vuelve a desaparecer, remplazado por esa misma frialdad e inferencia.
—Ven aquí —ordenó abruptamente.
El estómago de Ellie se contrae de miedo y repulsión ante lo que el podría querer de ella... pero no tiene otra opción que obedecer si este plan va a funcionar.
Con pasos pesados, se acerca a él hasta que está a escasos centímetros de distancia, y el se cierne sobre ella como un ángel oscuro de venganza dispuesto a cobrar su precio.
De repente, extiende la mano y agarra su barbilla con fuerza entre sus dedos, obligándola a levantar la cara para que pueda mirarla desde arriba con esos penetrantes ojos grises.
—Eres mía —dice simplemente, una afirmación de hecho más que una declaración de amor o posesión. —Y espero obediencia. —
Su pulgar rozó suavemente su labio inferior, casi sin darse cuenta, antes de soltar su barbilla y dar un paso hacia atrás.
—Ahora, lávate —ordenó con brusquedad, como si nada hubiera pasado entre ellos en ese momento, sin rastro de ternura o deseo en su voz, o expresión. —Esta noche tenemos invitados para la cena. —
Con esa declaración enigmática flotando en el aire entre ellos, como una nube amenazante en el horizonte... Dante Mavros se da la vuelta y sale del sótano sin decir una palabra más ni mirar atrás, mientras Ellie permanece allí, paralizada por la sorpresa y la condición.