La pesada puerta de madera cruje al abrirse, y Dante entra con su mirada penetrante que inmediatamente se fina en la suya, a pesar de la poca luz que hay en la habitación. La observa con una mirada evaluadora que la hace sentir como un animal de granja siendo inspeccionado en una subasta, desde el elegante vestido que ajusta cada curva de su cuerpo hasta los delicados tacones que le aprietan ligeramente los dedos.
—Te ves bien arreglada —comenta con frialdad mientras se dirige hacia donde está ella, paralizada bajo su mirada, cerca de uno de los contenedores apilados de forma desordenada contra la pared. —Supongo que debería agradecer a quienquiera que se vaya encargado de asegurarse de que mi esposa no me avergüence delante de nuestros invitados—
De repente, extiende la mano y desliza un dedo largo a lo largo de la línea de su mandíbula, casi sin darse cuenta, mientras sus ojos la miran con una intensidad que dificulta respirar con normalidad.
—Espero poder contar con usted para que no vuelva a provocar más escenas como la de antes. —continua con suavidad, aunque su agarre en la barbilla de Ellie se aprieta ligeramente, no lo suficiente como para dejar una marca, pero si lo suficiente como para recordarle exactamente... ¿Quién detendrá todo el poder aquí?
—No me gustaría que la velada de nuestros invitados se arruinara por toda de tus pequeñas rabietas. —su pulgar roza suavemente su labio inferior, casi sin intención, antes de soltarla por completo y dar un paso hacia atrás.
Se da la vuelta entonces, sin decir ni una palabra más, ni siquiera echando una mierda atrás, dejándola allí, aturdida, sintiendo aún el rastro de su tacto en su piel, como una presencia fantasmal e indeseada, incluso ahora que ya no la toca físicamente.
—¡Ven! —ordena con brusquedad, girandose y comenzando a caminar de nuevo hacia la puerta, esperando de inmediato que alguien obedezca, ya que esa persona está demasiada intimidad por el miedo, el amor, o una combinación retorcida de ambos, como para atravesarse a desafíos directamente alguna vez más...
Ellie no tenía más opción que seguirle pasivamente por esos oscuros pasillos que conducen a lo que sea que la depare esa noche, mientras mantenga una conversación cortés sobre vino caro, aunque en el fondo ambos sentimos un profundo resentimiento que apenas logran controlar. Se espera una apariencia de cortesía, aunque sea superficial entre marido y mujer...
Mientras Dante la guía escaleras arriba, hacia donde están los invitados ya estan reunidos, esperando pacientemente (o quizás no tanto) la llegada de la anfitriona... todas esas ideas sobre planes de escape y aliados en secretos crucen por su mente como polillas hacia la llama, sabiendo perfectamente que solo terminan siendo quemadas vivas si se acercan demasiado...
Pero aún así... ahí sigue esa pequeña chispa en lo más profundo, que se niega a perder toda esperanza a pesar de todo, porque, ¿que otra opción le quedaba realmente?