Tania apenas podía creer que faltaban solamente cuatro días para su boda.
Su habitación estaba llena de vestidos, invitaciones y cajas que Emilia había llevado para ayudarla con los preparativos.
—No puedo creer que realmente vayas a casarte —dijo Emilia mientras revisaba una de las invitaciones.
—Yo tampoco.
—¿Y cómo es Adrián cuando están solos?
Tania se quedó pensando.
—Es raro.
—¿Raro cómo?
—No habla demasiado. Parece que siempre está pensando en algo.
Emilia sonrió.
—¿Y es amable contigo?
—A veces.
—¿Y guapo?
Tania la miró seriamente.
—Eso no importa.
—No pregunté si importa.
Tania se sonrojó ligeramente.
—Sí. Es guapo.
Emilia soltó una carcajada.
—¡Lo sabía!
—¡Cállate!
En ese momento, alguien llamó a la puerta.
Era Adrián.
—Tania, tenemos que hablar.
Emilia levantó ambas cejas.
—Me voy.
—No tienes que—
Pero Emilia ya había salido.
Tania suspiró.
—¿Qué ocurre?
Adrián entró y dejó una pequeña caja sobre la mesa.
—Esto es para ti.
Tania abrió la caja.
Dentro había un delicado collar.
—Es bonito.
—Perteneció a mi abuela.
Tania lo miró sorprendida.
—¿Por qué me lo das?
—Porque mi familia espera que lo uses el día de la boda.
Tania acarició el collar con cuidado.
—Pensé que para ti esta boda no significaba nada.
Adrián permaneció en silencio.
—No significa lo que ellos creen —respondió finalmente.
Tania levantó la mirada.
—Entonces, ¿qué significa?
Adrián no respondió.
Ella se acercó un poco.
—Adrián.
—No puedo explicártelo todavía.
Tania dejó el collar sobre la mesa.
—Siempre haces eso.
—¿Qué?
—Hablas como si hubiera algo que yo debería saber, pero nunca me dices la verdad.
Adrián bajó la mirada.
—Hay cosas que todavía no puedo contarte.
—Entonces no me prometas cosas.
Él la observó.
—¿Qué quieres decir?
—Ayer dijiste que no permitirías que nadie me hiciera daño. Pero ni siquiera sé por qué aceptaste casarte conmigo.
Adrián se acercó lentamente.
—Acepté porque era necesario.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que puedo darte ahora.
Tania sintió una mezcla de frustración y tristeza.
—Entonces todas nuestras promesas serán vacías.
Adrián se quedó mirándola.
—No todas.
Tania levantó la cabeza.
—¿Cuál no?
Adrián señaló el collar.
—La promesa de que estarás segura conmigo.
Después salió de la habitación.
Tania permaneció en silencio.
Tomó nuevamente el collar entre sus manos.
Por primera vez, comenzó a preguntarse si Adrián realmente quería aquel matrimonio.
Y, sobre todo, qué secreto estaba escondiendo.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Bruno Salvatierra observaba una fotografía de ambos.
—Así que finalmente van a casarse…
Renata estaba sentada frente a él.
—¿Qué vas a hacer?
Bruno sonrió.
—Todavía nada.
Guardó la fotografía en un sobre.
—Primero quiero que sean felices.
Renata lo miró confundida.
—¿Felices?
—Sí.
Bruno levantó la mirada.
—Porque cuando alguien tiene algo que perder, destruirlo resulta mucho más fácil.
Y mientras Tania se preparaba para su boda, una sombra del pasado comenzaba a acercarse silenciosamente a ellos.
Editado: 24.08.2026