Las palabras de Isabella seguían dando vueltas en su cabeza.
¿Qué podía tener que hablar con Adrián que fuera tan importante?
A la mañana siguiente, decidió no preguntarle.
Bajó al comedor y encontró a Adrián tomando café mientras revisaba unos documentos.
—Buenos días.
Adrián levantó la mirada.
—Buenos días.
Tania se sentó frente a él.
Durante unos segundos ninguno habló.
—¿Dormiste bien? —preguntó Adrián.
—Más o menos.
—¿Por qué?
Tania tomó una taza de café.
—Tu casa es demasiado silenciosa.
Adrián sonrió.
—Te acostumbrarás.
—No estoy segura.
Él dejó los documentos sobre la mesa.
—Tenemos que establecer algunas reglas.
Tania lo miró.
—¿Reglas?
—Para que esto funcione.
—De acuerdo.
Adrián tomó una hoja de papel y comenzó a escribir.
—Primera regla: no interferiremos en los asuntos personales del otro.
Tania asintió.
—Me parece bien.
—Segunda: cada uno tendrá su propia habitación.
—También.
—Tercera: frente a nuestras familias debemos comportarnos como un matrimonio normal.
Tania levantó una ceja.
—¿Y qué significa exactamente "normal"?
—Ser amables. Acompañarnos a eventos. No discutir delante de ellos.
—Eso puedo hacerlo.
Adrián continuó.
—Cuarta: ninguno traerá problemas a esta casa.
Tania cruzó los brazos.
—¿Eso va dirigido a mí?
—A los dos.
—Bien.
Adrián dejó el bolígrafo.
—¿Alguna regla que quieras agregar?
Tania pensó unos segundos.
—Sí.
Tomó la hoja y escribió.
Quinta: no mentirnos.
Adrián se quedó mirando las palabras.
—¿Por qué esa regla?
—Porque no quiero vivir un año entero preguntándome qué estás ocultando.
Adrián sostuvo su mirada.
—De acuerdo.
Tania le entregó la hoja.
—Entonces tenemos un trato.
—Tenemos un trato.
Adrián tomó el papel.
Pero justo cuando iba a guardarlo, Tania preguntó:
—¿Qué habló tu madre contigo anoche?
La expresión de Adrián cambió.
—Nada importante.
Tania lo miró fijamente.
—Regla número cinco.
Adrián se quedó en silencio.
Finalmente suspiró.
—Mi madre quería saber si realmente estoy dispuesto a mantener este matrimonio.
—¿Y qué le dijiste?
—Que sí.
Tania se sorprendió
—¿Por qué?
Adrián se levantó.
—Porque di mi palabra.
Antes de que Tania pudiera responder, Valeria entró al comedor.
—¡Buenos días!
—Buenos días —respondió Tania.
Valeria miró a ambos.
—¿Interrumpo algo?
—No —dijo Adrián.
Valeria sonrió.
—Perfecto. Porque mamá quiere que vayan esta tarde a comprar algunas cosas para la casa.
Tania miró a Adrián.
—¿Los dos?
—Eso parece.
Valeria sonrió todavía más.
—Y no acepto un no.
Adrián suspiró.
—Está bien.
Tania intentó ocultar una sonrisa.
—Será divertido.
Adrián la miró.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Entonces prepárate.
—¿Para qué?
—Para conocer a mi familia de verdad.
Tania dejó de sonreír.
Por alguna razón, aquella frase le dio la sensación de que la tarde no sería tan tranquila como Valeria esperaba.
Y mientras ellos se preparaban para salir, alguien observaba desde un automóvil estacionado al otro lado de la calle.
Bruno tenía los ojos puestos en la mansión.
—Ahora sí empieza todo —murmuró.
Su teléfono sonó.
—¿Ya tienes la información? —preguntó.
Escuchó la respuesta y sonrió.
—Perfecto.
Miró nuevamente hacia la casa.
—Quiero saber absolutamente todo sobre Tania Velasco.
Editado: 29.08.2026