Casada por obligación

Capítulo 6: Habitaciones separadas

Tania terminó de arreglarse y bajó al primer piso.

Adrián ya la estaba esperando junto a la entrada.

—¿Lista?

—Sí.

Valeria apareció detrás de él.

—¡Por fin! Pensé que nunca iban a bajar.

Tania sonrió.

—Tú fuiste quien dijo que no aceptabas un no.

—Exactamente.

Los tres salieron de la mansión.

Durante el camino, Valeria no dejó de hablar.

—Tania, tienes que contarme todo.

—¿Todo qué?

—Cómo fue conocer a mi hermano.

Tania miró a Adrián.

—Fue… diferente.

Valeria soltó una risa.

—Eso suena a que todavía no sabes qué pensar de él.

—Exactamente

.

Adrián negó con la cabeza.

—Las dos pueden dejar de hablar de mí como si no estuviera aquí.

—No —respondieron Tania y Valeria al mismo tiempo.

Los tres comenzaron a reír.

Por primera vez desde la boda, Tania se sintió cómoda.

La tarde transcurrió entre tiendas y pequeñas discusiones sobre qué cosas necesitaban para la casa.

Cuando regresaron, Tania llevó algunas bolsas hasta su habitación.

Al entrar, encontró una caja sobre la cama.

—¿Y esto?

La abrió.

Dentro había varias fotografías antiguas.

Tania tomó una.

Era una fotografía de Adrián cuando era niño junto a su abuela.

Sonrió.

—Así que tú eras así…

—¿Qué haces?

Tania se sobresaltó.

Adrián estaba en la puerta.

—Encontré las fotografías.

Él entró y tomó una de sus manos.

—No deberías revisar mis cosas.

—No las estaba revisando. La caja estaba aquí.

Adrián observó la fotografía.

—Mi abuela era muy importante para mí.

—Se nota.

Tania le devolvió la fotografía.

—¿Por qué me diste su collar?

Adrián se quedó pensativo.

—Porque ella siempre decía que una persona debe llevar algo que le recuerde que merece ser feliz.

Tania sonrió.

—Era una buena mujer.

—Lo era.

Hubo un momento de silencio.

Tania miró hacia la puerta.

—Bueno… será mejor que descanses.

Adrián asintió.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Él salió.

Tania cerró la puerta y se quedó pensando.

Había algo diferente en Adrián.

No era solamente el hombre serio que había conocido el día del contrato.

Había una parte de él que parecía mucho más sensible de lo que mostraba.

Al otro lado del pasillo, Adrián entró en su habitación.

Se sentó en la cama y miró una fotografía de su abuela.

Entonces recordó sus últimas palabras antes de morir:

"Algún día encontrarás a alguien que te haga querer quedarte."

Adrián cerró los ojos.

—No puede ser ella…

Mientras tanto, Tania estaba mirando el collar que él le había regalado.

No sabía por qué, pero aquel objeto comenzaba a significar algo especial para ella.

Los dos tenían habitaciones separadas.

Tenían reglas.

Tenían un contrato.

Pero ninguno podía negar que algo estaba comenzando a cambiar.

Y ninguno estaba preparado para admitirlo.




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