Casada por obligación

Capítulo 7: El secreto de Adrián

La mañana llegó demasiado rápido.

Tania bajó al comedor y encontró a Adrián sentado en el mismo lugar de siempre.

—Buenos días.

—Buenos días.

Tania se sentó frente a él.

—¿Siempre desayunas tan temprano?

—Desde hace años.

—Eso explica por qué nunca te veo dormido.

Adrián sonrió ligeramente.

—¿Estás diciendo que me vigilas?

—¡No! Solo digo que eres demasiado puntual.

Valeria entró al comedor justo en ese momento.

—Buenos días, recién casados.

Tania se sonrojó.

—Valeria…

—¿Qué? Es verdad.

Adrián negó con la cabeza.

—No empieces.

Valeria tomó asiento.

—Hoy tengo una noticia.

Tania levantó la mirada.

—¿Cuál?

—Esta noche habrá una cena familiar.

Adrián dejó la taza sobre la mesa.

—¿Quiénes estarán?

—Mamá, algunos familiares y unos amigos de la familia.

Tania notó inmediatamente el cambio en la expresión de Adrián.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

Tania recordó la quinta regla.

No mentirnos.

—Adrián.

Él suspiró.

—Habrá alguien a quien preferiría que no conocieras.

—¿Quién?

Adrián permaneció callado.

Valeria respondió por él.

—Julieta.

Tania frunció el ceño.

—¿Quién es Julieta?

Valeria miró a su hermano.

—Su exnovia.

Tania intentó mantener una expresión tranquila.

—Ah.

Adrián la observó.

—No significa nada.

—No te pregunté.

—Pero quería aclararlo.

Tania tomó un sorbo de su bebida.

—Está bien.

Adrián continuó mirándola.

—¿Estás molesta?

—No.

—¿Celosa?

Tania casi se atragantó.

—¡Claro que no!

Valeria comenzó a reír.

—Esto se está poniendo interesante.

—Valeria —advirtió Adrián.

—Está bien, está bien.

La tarde pasó rápidamente.

Cuando llegó la noche, Tania se preparó para la cena.

Eligió un vestido sencillo y se colocó el collar que Adrián le había dado.

Al bajar las escaleras, Adrián la esperaba.

Se quedó mirándola unos segundos.

—Te ves muy bien.

Tania sonrió.

—Gracias.

Adrián señaló el collar.

—Lo llevas.

—Sí.

—Me alegra.

Antes de que pudieran decir algo más, llegaron los invitados.

Entre ellos estaba una joven de cabello oscuro y elegante vestido.

Julieta.

Al ver a Adrián, sonrió.

—Adrián.

Él se quedó completamente serio.

—Julieta.

Ella se acercó.

—Ha pasado mucho tiempo.

—Sí.

Julieta miró a Tania.

—¿Y ella es…?

Adrián respondió sin dudar.

—Mi esposa.

Tania sintió algo extraño al escuchar aquella palabra.

Mi esposa.

Julieta sonrió, aunque su expresión cambió durante un instante.

—Mucho gusto.

—Igualmente.

Durante la cena, Julieta buscó varias oportunidades para hablar con Adrián.

Tania intentó ignorarlo.

Pero entonces Julieta dijo algo que consiguió llamar su atención.

—¿Nunca le contaste?

Adrián levantó la mirada.

—No.

Tania frunció el ceño.

—¿Contarme qué?

Julieta sonrió.

—Nada importante.

Adrián se puso serio.

—Julieta, basta.

Tania lo observó.

Algo estaba sucediendo.

Algo que todos parecían conocer excepto ella.

Más tarde, cuando la cena terminó, Tania encontró a Adrián en el jardín.

—Necesito preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Qué secreto sabe Julieta?

Adrián guardó silencio.

—Adrián.

Él finalmente la miró.

—Antes de nuestro matrimonio ocurrió algo.

—¿Qué cosa?

—Algo que podría cambiar lo que piensas de mí.

Tania sintió un nudo en el estómago.

—Entonces dímelo.

Adrián dio un paso hacia ella.

—Todavía no puedo.

Tania retrocedió.

—Entonces rompiste nuestra quinta regla.

Adrián bajó la mirada.

—Lo sé.

Tania se marchó sin decir nada.

Adrián permaneció en el jardín.

Sabía que no podría ocultar la verdad para siempre.

Y lo que Tania todavía no sabía era que aquel secreto estaba relacionado directamente con la razón por la que él había aceptado casarse con ella.




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