Tania bajó al comedor esperando encontrar a Adrián, pero su silla estaba vacía.
—¿Dónde está? —preguntó.
Valeria levantó la mirada de su teléfono.
—Se fue temprano a la empresa.
Tania asintió.
—Ah.
Intentó no darle importancia, pero la fotografía del día anterior seguía rondando por su cabeza.
Después del desayuno, decidió salir a caminar.
Cuando regresó a la mansión, encontró a Adrián en la sala.
Parecía cansado.
—Hola.
—Hola.
Tania dejó su bolso sobre un sillón.
—¿Tuviste un día difícil?
—Un poco.
—¿Problemas en la empresa?
—Nada que no pueda resolver.
Tania se quedó observándolo.
—¿Por qué no me dijiste que conocías a Julieta desde hace tantos años?
Adrián levantó la mirada.
—Porque no era importante.
—Para mí sí.
—¿Por qué?
Tania guardó silencio.
No quería admitir que aquella fotografía le había provocado cierta inseguridad.
—Porque estamos casados.
Adrián se levantó.
—Tania, ya te expliqué que entre Julieta y yo no existe nada.
—Pero sigues ocultándome cosas.
—No estoy ocultándote nada que afecte nuestro matrimonio.
—¡Eso no lo decides tú!
Adrián se quedó callado.
Tania respiró profundamente.
—Tenemos una regla.
—Lo sé.
—Entonces respétala.
—Estoy intentando protegerte.
—No necesito que me protejas de la verdad.
Adrián la miró fijamente.
—No sabes lo que estás diciendo.
—¡Entonces explícame!
El silencio llenó la habitación.
Adrián parecía estar luchando consigo mismo.
Finalmente habló.
—Antes de conocerte, confié en las personas equivocadas.
Tania bajó un poco la voz.
—¿Julieta?
—Entre otras personas.
—¿Y qué ocurrió?
Adrián negó con la cabeza.
—No puedo contártelo todavía.
Tania sintió frustración.
—Otra vez.
Adrián se acercó.
—No quiero que te involucres en algo que no te corresponde.
—Ya estoy involucrada.
Él se detuvo.
—¿Por qué?
Tania lo miró directamente.
—Porque soy tu esposa.
Adrián no respondió.
Tania tomó su bolso.
—Necesito salir.
—Tania…
—No quiero discutir.
Se marchó.
Adrián permaneció solo en la sala.
Valeria había escuchado parte de la conversación desde el pasillo.
Se acercó lentamente.
—La estás lastimando.
Adrián cerró los ojos.
—Lo sé.
—Entonces dile la verdad.
—Todavía no puedo.
Valeria suspiró.
—¿Y cuándo podrás?
Adrián miró hacia la puerta por donde Tania acababa de salir.
—Cuando esté seguro de que ella no correrá peligro por mi culpa.
Mientras tanto, Tania caminaba por el jardín.
Se sentó en una banca y miró el collar que llevaba puesto.
Estaba molesta.
Pero no solamente con Adrián.
También consigo misma.
Porque, aunque apenas llevaban unos días casados, ya le importaba demasiado lo que él pensara.
Y eso no estaba escrito en ningún contrato.
Esa noche, Adrián dejó algo frente a la puerta de Tania.
Era un pequeño sobre.
Dentro había una fotografía.
Tania la tomó.
En ella aparecían Adrián y su abuela.
En la parte posterior había una frase escrita a mano:
"Algún día tendrás que aprender a confiar."
Tania reconoció inmediatamente la letra.
Era de la abuela de Adrián.
Miró hacia el pasillo.
Quizá había algo más detrás de todo aquello.
Y quizá Adrián no estaba intentando engañarla.
Quizá estaba intentando protegerla.
Pero todavía no sabía de qué.
Editado: 29.08.2026