Casada sin memoria

Cuando desperté casada

La cabeza me late como si alguien estuviera golpeando desde dentro. Abro los ojos lentamente y lo primero que noto es que este lugar no es mi habitación.

La cama es demasiado grande, demasiado suave. Las sábanas huelen a algo caro, desconocido. Me incorporo con cuidado y miro a mi alrededor: paredes elegantes, muebles oscuros y brillantes, una habitación que parece sacada de una película de lujo. Mi corazón empieza a latir más rápido.

—¿Dónde estoy...? —murmuro con la voz ronca.

Entonces lo veo.

Sobre la mesita de noche hay un vaso con agua, una pequeña pastilla y una carta doblada con cuidado. La tomo con manos temblorosas, intentando recordar algo, cualquier cosa de la noche anterior. La fiesta, las luces, las risas... y después, nada claro.

Empiezo a leer.

"Querida Deliah..."

Mi respiración se corta a medida que avanzo. Cada palabra me confunde más que la anterior. Dice que se divirtió conmigo, que bebimos demasiado, que lamenta mi confusión. Trago saliva cuando menciona la pastilla para la resaca y el anillo.

Bajo la mirada.

Hay un anillo lujoso en mi dedo.

Mi corazón casi se detiene.

—¿Casados...? —susurro, incrédula.

Sigo leyendo hasta el final, hasta ese nombre que no me suena de nada: Alan Jones. Y la posdata. No es de este país. Estadounidense.

La carta termina, pero mis preguntas apenas empiezan.

Aprieto el papel entre mis dedos y miro el número escrito al final. No sé si llamarlo, no sé si huir, no sé si quiero recordar... pero algo dentro de mí me dice que esta historia acaba de comenzar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.